28 de febrero de 2021
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«Porqué no somos ni nos sentimos paisas»

7 de noviembre de 2011

Señor Abad Facio Lince:

A raíz de su desapacible columna (06/11/2011) donde desdeña y ridiculiza amargamente la joven tradición cultural de Manizales, me permito remitirle el fragmento relacionado con la filiación territorial del habla caldense. Las líneas pertenecen a la presentación del glosario Voces Fatigadas, palabras ancestrales en riesgo de extinción, (2009) de mi autoría. Allí puede advertir una síntesis de las razones del porqué no somos ni nos sentimos paisas.

Con toda consideración,

Álvaro Marín Ocampo

Escritor y publicista

(…)

¿Paisas?

Desde el punto de vista lexicográfico, etimológico y fonético, las voces del glosario tienen espíritu y acento señalada y particularmente caldenses; pertenecen al catálogo natural de nuestro argot dialectal criollo; son musicales porque no tienen el deje paisa e incluso, la grafía de muchos vocablos es diferente a la de nuestros vecinos federados del parque Berrío. Porque debemos partir de la base de que la colonización del viejo Caldas no fue exclusivamente antioqueña, sino además caucana, santandereana, cundiboyanse, valluna y de otras latitudes extranjeras, que elaboraron en “una retorta de pueblos y etnias” un conglomerado humano con nuevas costumbres típicas, autóctonas, características y diferenciales.

Tanto así, que el escritor e historiador quindiano Jaime Lopera Gutiérrez sostiene que ‘hasta nuestro propio lenguaje es subsidiario, que a veces se presenta como una mezcla con bogotanismos de ayer y acentos tolimenses muy marcados.’

Histórica, rigurosa y culturalmente somos la fusión territorial de tres regiones disímiles y antagónicas del país: Antioquia, Cauca y Tolima. Dicho en otras palabras no somos antioqueños, aun cuando tengamos algunas afinidades. Nuestra forma de expresión, para citar sólo un factor preponderante, tiene un acento serrano más apaciguado, un tono más bajo y cordial, menos áspero, porque aquí se amansó la tosquedad labriega del antioqueño, que le da una modulación fuerte a la voz y rastrilla con dureza la eses y arrastra las vocales con monosílabos interminables.

Según el inmenso artífice de la monumental novela Risaralda, Bernardo Arias Trujillo, el habla caldense tiene las influencias de sordina que caracteriza el dejo tolimense y las suavidades y ternuras de la expresión caucana. Sostiene que gracias a esta mixtura de hermanos, el caldense es un producto racial admirable que absorbió como una esponja  todas las virtudes y casi ninguno de los defectos de las tres comarcas que contribuyeron para su creación. En términos frívolos diríamos que se trata de una mixtura formidable.           

Para refrendar el aserto anterior, nada mejor que recurrir a la sabiduría poética de Luís Carlos González, el bate pereirano, invocando los Caminos de Caldas transformado en bambuco emblemático de nuestra tierra, esta comarca mágica con verdes y azules de todos los colores:

Por los caminos caldenses llegaron las esperanzas
de caucanos y vallunos, de tolimenses y paisas,
que grabaron en Colombia, a golpes de tiple y hacha,
una mariposa verde que les sirviera de mapa.

(…)