26 de septiembre de 2021
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Manizales, un escenario crítico

9 de noviembre de 2011

Si había una orden de evacuación de siete días antes, la lluvia de la noche anterior pudo ser apenas el detonante de una inestabilidad que se había manifestado y advertido, por cualquier motivo. En la zona, además de altas pendientes, de suelos inestables y de factores tectónicos que explican el escarpe, convergen circunstancias antrópicas que con el paso del tiempo van vulnerando la ladera, además de la exposición a la amenaza del fatídico evento.

A través del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional (IDEA), de la Oficina Municipal de Prevención y Atención de Desastres (Ompad) y de la Corporación Regional Autónoma de Caldas Corpocaldas, se vienen haciendo grandes esfuerzos desde hace años, que desafortunadamente no encuentran eco suficiente para satisfacer las demandas del territorio. Basta señalar que la inversión en materia de restauración de cuencas solo muestra inversiones en Caldas que son apenas la quinta parte del uno por ciento de los ingresos que por Ley deben destinar los entes territoriales, que el acueducto de la ciudad ha mostrado fallas protuberantes en materia de imprevisión relacionadas con políticas públicas que perciben el vital líquido como una mercancía y no como un patrimonio que debe destinarse a satisfacer necesidades básicas fundamentales.

Es claro que el calentamiento global va generando unas condiciones en las que los fenómenos del clima pasan a condiciones extremas  y que por lo tanto la amenaza de los eventos hidrometeorológicos y de movimientos de suelo se ha incrementado conforme crecen en intensidad y frecuencia las lluvias durante los períodos de la Niña. Pero entonces la acción humana obliga a una adaptación oportuna consistente en reforestar cuencas, respetar humedales y ocupar debidamente el territorio reduciendo los niveles de exposición al peligro creciente o mejorando las condiciones de resistencia de los escenarios vulnerables a partir de un estudio preciso de la amenaza.

Manizales es un escenario crítico dadas las condiciones del medio tropical andino, donde el clima, la topografía y el suelo cobran dimensiones dramáticas que obligan a atender de forma más certera la alta susceptibilidad a los deslizamientos de tierra y flujos de lodo, habida cuenta de las dinámicas crecientes de la amenaza climática. Esto debe ser un aspecto fundamental para abordar los temas del Plan de Ordenamiento Territorial en el nuevo ciclo de doce años que se inicia en el 2012.

Entre las tareas que habrá que abordar en el POT está el de definir con precisión la amenaza sísmica teniendo en consideración la propuesta que hizo la Universidad Nacional, cuando mostró que las predicciones señaladas en el Código Colombiano de Sismo Resistencia para la ciudad eran escasas. También identificar la vulnerabilidad de las líneas vitales y de algunos sectores críticos de la ciudad a eventos climáticos extremos, lo que incluye no solo las vías de salida por los cuatro puntos cardinales sino también los barrios populares que se van desprendiendo desde las laderas, pues para nadie es desconocido que se ha llegado al colmo de ver urbanizaciones montadas sobre movimientos en masa.

Y para quienes crean que el asunto del calentamiento global no va en serio, basta señalar que a raíz de la Niña 2010-2011 más de 30 poblaciones en Colombia requieren reasentamiento como ocurre en Gramalote;  las cifras de damnificados con una Niña moderada alcanzan cifras del orden de los 2.5 millones y tampoco se había visto inundada la Sabana de Bogotá, en una circunstancia similar a la de Venecia.