8 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Manizales, beso tu nombre

15 de noviembre de 2011

La explosión en la subestación eléctrica, el incendio que casi acaba con la licorera del departamento, la sequía durante más de dos semanas y finalmente una terrible avalancha causada por el invierno han hecho que la ciudad se encuentre en la mira de la opinión y los medios de comunicación, dejando al desnudo las equivocaciones de las autoridades en el trabajo preventivo y en la ineficiencia para atender las emergencias.

También mostraron una falta de liderazgo y una carencia de herramientas de acción que ha puesto un tema sobre la mesa y es el de la corrupción.

Indudable.

Algunas autoridades locales han establecido que en estos momentos no es necesario buscar las causas de estos desastres, sino atender a las crisis que se viven actualmente. Y aunque tengan razón y les toque dedicarse a trabajar en lo urgente y no en lo importante para la ciudad, una vez superado esto, tienen que salir a la luz pública los nombres de los responsables.

Caldas fue el departamento modelo por mucho tiempo, para después convertirse en víctima de una serie de mandatarios clientelistas que todavía mantienen algún control sobre la política local.

No es un tema exclusivo de esa región. El país entero está sufriendo las consecuencias de una corrupción generalizada que ha viciado la política y ha detenido el desarrollo del país en cuanto a infraestructura y logística. Bogotá es el mejor, o el peor, ejemplo de esto. Pero no por eso se puede decir de manera ligera que la sociedad capitalina sea indolente, vacía por dentro o resignada como injusta y desmedidamente calificó Héctor Abad a la de Manizales. Error y una falta de respeto.

La voz de los caldenses se ha hecho sentir para criticar la corrupción latente que ha habido en sus gobiernos consecuencia de la maquinaria bipartidista barco-yepista. Es claro que el clientelismo sigue permeando y que el nuevo gobernador no promete mejores horizontes que el de su antecesor, pero el impulso generado frente al joven Alcalde de Manizales es un mensaje de renovación generacional que brinda esperanza sobre el curso político de la ciudad.

Sin duda lo que está saliendo ahora son los frutos de unas pésimas administraciones anteriores. Y los resultados van a seguir brotando por un tiempo, ya que esta cosecha aún no termina. Otro ejemplo claro es el proyecto del aeropuerto en Palestina que, lastimosamente, se empantanó en medio de la corrupción y la clientela, incrementando su costo en diez veces y volviendo incierta su fecha de finalización.

Una gran pérdida para el departamento que necesita un buen aeropuerto para el crecimiento de su industria y el desarrollo del turismo.

Los malos gobiernos y la corrupción que ha habido en el departamento no se pueden esconder.

Pero lo peor en esta situación no son los deterioros en infraestructura de la región, ni el aeropuerto detenido, ni los derrumbes, ni las sequías. Tampoco la negligencia, la excesiva burocracia y la falta de previsión de sus líderes. Lo más grave es generar en la opinión pública una idea de que los habitantes de Manizales se merecen la suerte que están viviendo.

La omisión en estas emergencias por parte del Estado y los gobernantes locales, es un tema imperdonable. Pero el ataque por parte de algunos columnistas a una sociedad que en esto es una víctima, es un asunto inolvidable. El Colombiano.