25 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Los temores de las Farc

13 de noviembre de 2011

El Mono Jojoy era un referente para la tropa por su disciplina y estrategia militar; era visto como el más capaz de sostener militarmente una guerra con el Estado. Su muerte fue la que más estremeció a esa guerrilla. A los líderes de corte político se referían con desprecio. Los militares son los más apetecidos por las mujeres más bellas. Por eso, pese a su cara desfigurada, Isaza era admirado por ellas, por su fortaleza en la guerra.

Los hoy integrantes del Estado Mayor Central son una generación hecha para la guerra y no para la paz, nacidos y formados en la selva. Ellos están haciendo carrera para ocupar las vacantes que dejen los del Secretariado y no conocen el hábitat del ciudadano civil. Esa condición hace que desconfíen del Estado y crean que éste no les cumplirá si se desmovilizan. Asimismo, la lentitud para resolverles su situación jurídica a través de la Comisión de Justicia y Paz hace que la mayoría de reinsertados sigan en la cárcel.

Hoy, muchos desmovilizados reciben una suma de dinero que no les permite sobrevivir; además, nadie les da empleo hasta que no les resuelvan su situación jurídica. En 2008 hubo 3.027 y en lo que va de 2011, 800. Esto indica que la política de reinserción es un fracaso pese a que, a mi juicio, es la más eficaz para combatir a las Farc. Los combatientes se mantienen enterados de ello a través de los milicianos, quienes les advierten que eso les espera si se desmovilizan.

Otros combatientes no apoyan un proyecto de paz porque temen que los persigan como a la Unión Patriótica, un brazo político de las Farc al que le asesinaron a más de 3.000 militantes. Por ello no hay que creer que las Farc se interesarán por el diálogo. Basta con ver su posición histórica, caracterizada por la falta de solidez de sus propuestas. Además, mientras no tengan un liderazgo, no creo que puedan llegar a una mesa de negociación. Tendremos que soportar otra década de guerra mientras, del otro lado, las fuerzas militares demuestran su efectividad demoledora.

La lucha armada se va a regionalizar. En Antioquia el bloque Iván Ríos ya agrupa a los frentes 5, 58, 34, 19 y 8. El Aurelio Rodríguez y otros han venido actuando autónomamente, guiados por sus estatutos, porque desde que Cano asumió el liderazgo, se la pasó huyendo y no pudo gobernar. Ahora, imperan los comandantes nacidos en la selva, por ejemplo Isaías Trujillo, que acompañó a Marulanda y se mueve con sus hijos, yernos y nietos, todos guerrilleros.

Seguramente los líderes del grupo guerrillero se ocultarán esperando que el péndulo político se mueva a la izquierda. Mientras tanto seguirán con sus ataques, aprovechando las fronteras y engordando en países vecinos donde están a salvo. Saben que operar desde el interior es correr el riesgo de enfrentar la captura o la muerte.

Así que la muerte de Cano es significativa, pero no por ello las Farc perderán su singular protagonismo. Esta guerrilla es un coctel explosivo por su cercanía con las bacrim. A mi juicio, el Estado debe seguir con sus golpes contundentes, pero acompañar esto de una política sólida de reinserción. E igualmente, manteniendo las puertas abiertas al diálogo.