26 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

LA TRISTE HISTORIA

18 de noviembre de 2011
18 de noviembre de 2011

Gustavo Álvarez Gardeazábal, el escritor tulueño,  lo inmortalizó con unas páginas excelsas que han servido de referente para conocer la estatura moral, intelectual y el decoro personal del integérrimo personaje de grata recordación.

Estuvo también la familia de don José Manuel Toro al mando de esta emisora con personajes como doña Mery Villegas que le dieron lustre y formaron a los más importantes personajes de la radio en la región.

Y cómo no recordar a Don Enrique Ramírez Gaviria, genio de la radio colombiana.

No se puede descartar la figura de Celedonio Martínez Acevedo, mártir de la decencia conceptual, cuando las balas asesinas lo sacaron de circulación en medio de una violencia suicida de la cual escapó por obra y gracia de la suerte el recordado Germán Gómez Ospina.

Los programas de estatura ideológica fueron materia prima de esta emisora que luchó contra las castas pútridas de la cercenación de los derechos de quienes disentían en la política de los años 50 del siglo XX.

 Locutores pulcros y cultos como Orlando Mejia Mesa, entre otros, que presentaban en la vieja edificación de la carrera 13  a figuras de la talla de Los Panchos, María Luisa Landín, Toña La Negra o Alfredo Sadel. Otras épocas, otros tiempos.

Políticos decentes como Juan Zuluaga, se hicieron a las riendas de la emisora líder entonces, para apuntalar sus creencias filosóficas en materia partidista pero que jamás abusaron del poder mediático para sojuzgar a los demás. Allí llegó por la época la delicada pluma de Pacho Arango que con finísima elegancia daba un toque especial a lo que se difundía por la emisora tradicional.

Cómo no recordar el brillante paso de Arcesio Chica ,Alfonso Osorio, Ernesto Acero, Miguel Capacho, Ernesto Osorio, Álvaro Javier Calderón o el creador de la radio comunitaria Henry Pineda quienes dieron lustre e hicieron de La Voz de Armenia un entorno de intelectualidad, buen decir y decoro radial.

Pero los tiempos y con ellos las personas y las cosas cambiaron.

Pasajes caóticos cuando sin saberlo Zuluaga Herrera, quien no entendió en su momento la importancia de un medio de comunicación, la dejó en manos de personas que llegaban con los dineros emergentes y hacían gala de desmesuradas glotonerías para permear una sociedad que se abría lastimosamente a generaciones de quindianos que solo les interesaba el poder a  cualquier costo.

Ahí empezó la debacle de La Voz de Armenia que fue pasando de mano en mano, muchas veces sin propietarios conocidos, y fue cayendo en el lodo despreciable de intereses mezquinos. Perdió su identidad de medio de comunicación decente, defensor  de los intereses sociales de los quindianos  para convertirse en amplificador de sucias intenciones.

Desde lo años ochenta del siglo pasado comenzó el desastre de lo que habían construido con sapiencia los caballeros de la decencia y el señorío.

Desapareció virtualmente del dial, apagones consuetudinarios por largos períodos, fueron haciendo de este símbolo del emprenderismo quindiano sólo un recuerdo.

Fue tan baja la caída de la Voz de Armenía que hoy está en manos  lastimeras de un  brujo salido de la mafia asquerosa de los vividores de las quimeras y las angustias de los pobres.

Se fueron las leyendas de la radio. Dejaron el cascarón en la decadencia de la cual jamás podrá salir porque la radiodifusión hoy es de grande ligas, económicas y morales, como lo decía Álvaro Monroy Guzmán, uno de los creadores de la radio en Colombia, en un reciente trabajo periodístico con Hernán Peláez.

Quien esto escribe haciendo caso omiso de recomendaciones sensatas como las de Jorge Eliécer Orozco, entre otros, quien me aconsejó hasta la saciedad de que no tuviera la torpeza de entrar en entendederas con personajes oscuros de esta emisora, fui a parar en la etapa de la madurez  sin necesidad a esa cloaca.

Como era de esperarse terminé entendiendo en la adultez que esa sabiduría  que me endilgaban algunos no pasaba de ser una ingenuidad más de la que nunca saldremos los ilusos.

Añoro cuando estaba aprendiendo en La Voz de Armenia con Alfonso Osorio, Capacho, Chica, Acero, Calderón, Gamboa, Luis Eduardo Ruiz, Ernesto Osorio, Osorio Alarcón y no me resigno a castigarme  cómo cuando ya no necesitando ni de adulaciones ni de insultos, incluso ni de trabajo,  cometí el más grave error de mis ya largos años de vida profesional de periodista al acudir sin reflexión a que con mi modesto prestigio se fuera perfumar la podredumbre.

Los hombres, como humanos cometemos errores, este mío fue el peor de todos, pero me deja una enseñanza, pude conocer al interior de la cloaca cómo un menesteroso  enloquecía su entorno y lo prosternaba.

Pero yo no estaba solo, víctimas han sido también Javier Arce Junior, Nelson Sabogal, Jaime Tobón, Pepillo Marín, Federico Moritz, Germán Tolosa, y tantas y tantos a quienes  han ultrajado y vejado personalmente e incluso con sus salarios.

Algo va de Braulio Botero, hidalgo, culto, enhiesto  a… ( ? )  

Por fortuna, lección aprendida. Ojalá le sirva a muchos otros.