25 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La repetición de un acto sin tiempo.

9 de noviembre de 2011
9 de noviembre de 2011

victor zuluaga

Pero estos jóvenes quieren llegar a la Universidad y hacer la revolución en ocho días o a más tardar en un mes. Tienen afán, se desesperan. Un letrero en la Tecnológica dice textualmente: “La necesidad nos obliga a tomar las armas”. Ese fue el ejemplo de un cura guerrillero llamado Camilo torres que un día se cansó de su apostolado, de predicar la paz y la justicia y colgó el hábito, se armó con un fusil, entró al monte y allí acabó su proyecto de vida. Nunca leyó a Gandhi, quien tuvo en tiempo y la paciencia, pero su lucha fractificó.
Y el afán es contagioso. Veamos lo que ocurre en el campo económico: las personas quieren montar un negocio y hacerse ricos de la noche a la mañana, a como dé lugar. Y esos negocios con los cuales se puede hacer ese milagro, por lo general son ilegales. No hay una cultura de la empresa, de la perseverancia, del respeto por el otro.
Y hablando de respeto por el otro, es lo que se no se observa en quienes quieren imponer un modelo político o económico por la fuerza, llámese de derecha o de izquierda. Los fracasos han sido evidentes y han costado miles de muertos. Hitler, Stalin, Tito, Gadafi y cientos de líderes que transformados en profetas de sus pueblos por obra y gracia de las desmedidas ansias de poder, se han atornillado en el poder y han impuesto unos modelos políticos que han perdurado mientras la mano de hierro se sienta encima de todos aquellos ciudadanos que no comparten esos puntos de vista.
En un régimen democrático está permitida la opinión diferente a la oficial. Eso trataron de hacer los jóvenes universitarios que se negaron a aceptar el proyecto de Ley para la Educación, que el Ministerio presentó al Congreso. Es legítimo. Pero no puede ser ni lógico ni adecuado que un puñado de fundamentalistas arremetan contra los edificios públicos, el transporte, trayendo como consecuencia el cierre de la Universidad, la terminación de cualquier diálogo y la angustia para muchos padres de familia que tienen a sus hijos en la Universidad, con grandes sacrificios.
Este tipo de acciones son repudiables, y muestran la verdadera catadura de sus impulsores: irrespeto a la opinión diferente y utilización de la violencia para sustituir el diálogo por las armas, ante la incapacidad de hacer valer sus propuestas con argumentos valederos.
Bien decía Teresa Castillo, al analizar el fracaso soviético: “No es posible la supervivencia de ninguna sociedad si no hay capacidad para el encuentro, para el respeto y la valoración de las diferencias. El peor error que puede cometerse en una polémica, radica precisamente en estigmatizar como perversos, problemas ideológicos e inmorales a los que sostienen criterios contrarios.