23 de octubre de 2021
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La muerte del sargento Libio Martínez se llevó las ilusiones de su hijo de un reencuentro

27 de noviembre de 2011
27 de noviembre de 2011

La mujer contó que el pequeño de 13 años conoció a su padre, a través de las pruebas de supervivencia y que "está destrozado". "Todos los días Johan seguía cumpliendo los consejos de su padre, quien a través de los videos desde la selva le daba instrucciones. Hoy se fue al cielo y no lo pudo conocer y él todos los días rezaba".

En vista de que una comisión del municipio de Ospina en Nariño trabaja para que el Sargento Libio Martínez sea enterrado en su tierra natal, Johan Steven pidió que el cuerpo de su padre sea enviado la capital del Nariño, para poder despedirlo.

El día que Fidel rompió con las FARC

Armando Neira
EL PAÍS, MADRID

El drama del pequeño Johan Steven Martínez, de 13 años, refleja en toda su dimensión la dureza de las FARC. Su madre tenía seis meses de embarazo cuando su padre, el cabo del Ejército, José Libio Martínez, fue secuestrado por esta guerrilla en la madrugada de 21 de diciembre de 1997 tras un ataque demoledor: en solo 15 minutos asesinaron a 22 soldados, se llevaron cautivos a 18 y dejaron medio centenar de heridos.

El pequeño Johan Steven creció y él mismo se convirtió en un símbolo de la lucha para lograr la liberación de su padre. Realizó varias caminatas, dio conferencias, organizó charlas y ofreció múltiples entrevistas con distintos periodistas pero un solo destinatario: “Señores de las FARC, liberen, por favor, a mi papá”. Su argumento era sobrecogedor: “Quiero conocerlo”. En esta Navidad se cumplirían 14 años de un secuestro que en la mañana de este sábado terminó de manera trágica.

Su caso hizo recordar al del otro niño también de un hogar humilde: Andrés Felipe Pérez. Él, a pesar de sufrir de cáncer terminal, sacó fuerzas para exigirle a las FARC la liberación de su padre, el cabo José Norberto Pérez Ruiz, secuestrado en marzo de 2000. El niño dependía de una máscara de oxígeno y lucía calvo por la quimioterapia. Su imagen conmovió al papa Juan Pablo II, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a varios líderes mundiales e incluso al entonces presidente de Cuba Fidel Castro.

Como en aquel entonces, había una zona despejada en el Caguán para mantener conversaciones de paz, Castro llamó a un miembro amigo del Gobierno colombiano y le pidió llevarle una carta privada a Manuel Marulanda Vélez, comandante en ese momento de las FARC. En la misiva, el líder cubano le pedía liberar al padre del niño como una muestra de humanidad al tiempo que le advertía de los riesgos que implica la práctica del secuestro para un movimiento revolucionario.

Marulanda le contestó que no. Desde ese momento, en la práctica Fidel rompió con las FARG. “Esa gente es muy dura”, contó que le dijo el miembro del gobierno colombiano que sirvió de correo. Andrés Felipe murió: “Lo último que manifestó fue que si lo llamaba su papá lo despertaran porque se iba a dormir. Eso me partió el alma, porque la muerte lo tomó durmiendo esperando la llamada que nunca llegó", contó el capitán Juan Carlos Meneses, de la policía local, que estaba con él cuando falleció, en diciembre de 2001. Desesperado, el cabo de la Policía Pérez Ruiz intentó fugarse pero las FARC, en castigo, lo mató. Como este sábado lo hicieron con el padre de Johan Steven, el cabo del Ejército José Libio Martínez, su secuestrado más antiguo.