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La mala leche

19 de noviembre de 2011
19 de noviembre de 2011

victor zuluaga

Por Víctor Zuluaga Gómez
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Confieso que he admirado la obra de Héctor Abad Faciolince. Es un hombre estructurado, posee una gran capacidad para escribir y como diríamos, no tiene pelos en la lengua cuando se trata de decir verdades.
Pero también tengo que decir que el artículo aparecido el domingo pasado en El Espectador, cuando habla de Manizales, “Se le fue el tiro por la culata”. En primer lugar porque quedó suspendido en el tiempo cuando habla del grecoquimbayismo, o sea, el arte de decir nada con palabras muy bellas. A ello lo podríamos calificar como la estética de la nada. Pero creo que Héctor Abad no ha entendido que el tiempo pasa, que los colectivos se transforman y que no podemos seguir aferrados a la imagen del pasado como a veces nos ocurre con el concepto de identidad que siempre lo remitimos al tiempo fundacional.
Pero además del tiro fallido de Héctor Abad al encasillar a todos los manizaleños como grecoquimbayas, calificativo además que se aplicó a una élite política y social de su momento, hay una “mala leche” que se desparrama a lo largo y ancho de su artículo, cuando aprovechando unos momentos de tragedia por la ola invernal y por los problemas del acueducto, les deja caer encima además su férula.
Y pensaba yo que en el caso de los medios de comunicación, además de las más elementales normas de respeto por el dolor ajeno, debería existir una especie de “estética de la comunicación”. Ella se puede referir a la manera como a veces se presentan ciertas imágenes, como lo hizo un caricaturista a raíz de la muerte del guerrillero Alfonso Cano: aparece el guerrillero con su fusil al hombro y con su barba, diciendo “Yo sólo me afeito para ocasiones muy especiales”. Esto, para resaltar el hecho de que el guerrillero, en el momento de ser abatido, estaba sin la barba que por lo general usaba.
Hubo un humorista paisa muy famoso por hacer reír a la gente, aprovechando para burlarse de los defectos de las personas: los cuentos siempre se referían a los cojos, los ciegos, los boquinches y los enanos. Se diría que es humor negro, pero yo preferiría decir que es un humor con falta de estética, para no hablar de la caridad humana o cristiana, si se prefiere.
La tragedia que se ha vivido en Manizales no puede ser pretexto para dar rienda suelta a ese “guachecito” que todos tenemos y que a veces se tiende a desparramar, en este caso en la pluma de escritores y caricaturistas. Burlarse del mal ajeno es ruin y desnuda la verdadera calidad humana de quien lo hace.