26 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

LA AGENDA EXTRAÑA

14 de noviembre de 2011

…o sea, las salas de redacción parecen estar de acuerdo en lo mismo, lo cual no deja de ser muy llamativo, pues no parece obvio que una tal coincidencia sea resultado de la creatividad periodística. Hago referencia hoy a algunas de las ideas de su carta.

Por un lado está el punto de las agendas que los medios transfieren al público (lo que Maxwell Mc Combs llama la agenda-setting), que se puede aplicar a todo tipo de contenido de los medios, no sólo de la prensa escrita, incluso porque pueden ser asimilados por el público de una manera aún más persuasiva, estética y eficaz. Pongamos un ejemplo: la serie televisiva "A corazón abierto", con una narración audiovisual renovada, retoma la iniciativa de difusión de valores que tuvo hace 30 años como pionero a "Dialogando", pero invirtiendo sus valores, sin que se vean alternativas que puedan balancear la agenda propuesta hoy a los televidentes. Sobre todo para quienes intentan guiar su vida teniendo como referencia las raíces profundas de la cultura, arraigadas por igual en la razón, en principios y valores naturales o en su fe, y que esperan que la sociedad a la que pertenecen sea capaz de reflejarlos en los espacios de comunicación pública, se quedan ayunos y expectantes.

En la práctica, a través de los medios, se produce un cambio cultural indoloro en el cual el sentido trascendente de la vida lleva la peor parte. La gente empieza a pensar de otro modo. ¿No será esto una manera de olvidarse del espíritu o, parafraseando al Evangelio, de “matar el alma” y, por tanto, más complicada que una persecución religiosa que siempre termina fortaleciendo a los perseguidos? La pregunta por la manipulación o humillación de la palabra remite a la pregunta por las motivaciones del poder, en este caso del llamado “cuarto poder”. Foucault afirmaba, desde su profundo relativismo, que "la verdad reposa en el poder", lo cual nos invita a reflexionar sobre la necesidad de equilibrar las verdades de los medios con versiones alternativas, precisamente porque la verdad no reposa en el poder, así el poder sea capaz de imponerle al mundo sus verdades.

Otro tema que entra en juego aquí es el de la democratización de la palabra a través de la red con su inmenso potencial de empoderamiento de los ciudadanos corrientes, como ocurre con la “primavera árabe” y, en Colombia, con las marchas multitudinarias en contra de la guerrilla. Coincido con Carlos Gustavo Pardo en que esta democratización, que puede balancear la manipulación del poder, no ofrece una garantía de verdad, debido a la fragmentación de las versiones subjetivas, guiadas por intereses poco o nada explícitos. En la medida que la red se identifique mejor como un poder real, el poder establecido tratará de politizarla e ideologizarla: la red puede ser una máscara aún más difícil de quitar que la de muchos periodistas; por lo cual tampoco excusa de una aproximación crítica, que se hace cada vez más necesaria, a muchos de sus contenidos.

La lucha por buscar la verdad toma a veces tomar la forma de una lucha de poder, pero no siempre. Al final, la verdad impuesta, por los medios o por otras vías, es siempre una verdad incompleta. La única verdad que realmente convence es la verdad encarnada, la verdad testimoniada con la vida, la verdad no ideologizada ni politizada, la verdad capaz de desproveerse de otros intereses ajenos a ella misma, la que brota de la conciencia recta.