27 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Herencias políticas novedosas

20 de noviembre de 2011

En el departamento del Quindío se gastaron torrentes de dinero algunos mediatistas en poner a tono campañas políticas con las necesidades básicas insatisfechas de los potenciales votantes, por ejemplo, en conciertos de cantantes decadentes en forma y contenido, taumaturgos de prosperidades emocionales o jugadores del timming o rating en los canales televisivos a costa del amarillismo.

En ausencia de propuestas concretas y en escala a la pérdida de credibilidad buenos fueron unos desconcertantes conciertos que generaron aplausos de la plebe pero lejanía de las urnas.

Duque Linares con su risita socarrona, sus mediocres chistes y pusilánimes libros de crecimiento, fue la estrella central de un aquelarre en donde las mujeres y los hombres o las ciudadanas y ciudadanos, como diría Teodora Bolívar, se dieron cita en el templo de la cultura para escuchar estupideces.

Esos lamentos veredales de Giovanni Ayala, la pura esencia de la antimúsica, hizo levantar faldas y aligeró sostenes en medio de la rasca por el espirituoso gratuito para la ocasión. Aporte significativo en la campaña para la borrachera y las crudas lamentaciones  pero lejos muy lejos de que en la resaca  pudieran recordar quién o quiénes les había hecho el galante presente. Por eso no respondieron en las urnas porque después de la rasca quién se acuerda de nada.

Y qué decir de J. Balvin, ni gratiniano como nos gusta a todos, pudo llenar el Coliseo del Café días después de que pagando y carísimo Don Omar casi lo hace reventar.

Y por si fuera poco hay un personaje filipino  lleno de marrullas y dueño de  un malentendido periodismo vestido de amarillo que hizo las delicias de los asistentes contándoles pasajes de su legendaria vida llena  de incoherencias, porque aún y después de mucho tiempo, nadie lo ha podido definir, incluso su hablado de melcocha no se parece a ningún otro en todo el territorio ecuménico de esta obra maravillosa llamada tierra y  que le atribuyen a dios.

En fin, un nuevo fenómeno de artilugios en medio de las campañas que le deberá servir a los futuros aspirantes para afinar más el programa de gobierno, sintonizarse con la gente y sus aspiraciones y soliviantarse sólo en lo que debe ser una estrategia que no puede tener como objeto ausente la seriedad y el rigor que ameritan quienes tienen estas responsabilidades públicas.

El populacho y muchos heliotropos también se echaron encima los conciertos y las apresuradas babosadas de los taumaturgos pero el día de la elección se fueron a otra parte donde  no les dieron chapucerías.

Los cerebros de la nueva política deben estar de cama porque el asunto no funcionó.

Dentro de cuatro años a lo mejor ya no sonará la verborrea lastimera y bobalicona de Giovanni, J. Balvin será solo un mal  recuerdo, Duque Linares estará vendiendo potajes en un circo pobre y Manoel todavía no habrá aprendido a hablar, sin embargo puede que otros genios les de por invitar  de nuevo a Uribe a quien le costó carísimo llevar a unos pocos al majestuoso escenario de la plaza principal aunque para aquella época todo el mundo  se acordará que  fue él quien enterró a sus principales aliados en la pasada contienda electoral.

Sigamos viviendo para ver este singular circo de tres pistas.