28 de julio de 2021
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Festival del correveidile

19 de noviembre de 2011

Lo sucedido en el tubo en San Francisco fue un accidente fatal ocurrido a los empleados de una empresa contratista que realizaba trabajos para la Chec; por más señas fue en Chinchiná, no en Manizales. El incendio del barrio El Aguacate es un hecho lamentable que sucede con cierta frecuencia en cualquier lugar donde existan improvisadas viviendas construidas con madera. Otro incendio destruyó dos bodegas de la Industria Licorera y allí se consumieron toneladas de alcohol, pero si la aseguradora responde no es mucho lo que hay que lamentar. El problema del agua fue una emergencia, una dificultad, un problema mayor, una calamidad, pero de tragedia no tuvo nada. Tragedia la del barrio Cervantes, funesto episodio que gracias a programas de prevención desde hace mucho tiempo no se presentaba en Manizales.
Por una confusión al momento de informarse, el presidente Santos dijo a todo el país que las muertes de Cervantes pudieron evitarse porque el barrio debió ser evacuado. Si la cosa es así, pienso que el 80% de la ciudad tiene que desalojarse de inmediato para evitar otra tragedia, porque con esta forma de llover en cualquier momento se viene otro derrumbe. Parece que los manizaleños no tuviéramos memoria: busco en Internet y encuentro un informe presentado por la Alcaldía de Manizales y la Universidad Nacional, relacionado con la ola invernal de 1993. Solo en mayo hubo 20 deslizamientos, para seguir con una racha trágica entre septiembre y diciembre, mes que se recuerda especialmente por el deslizamiento del barrio La Carolita.
Durante la crisis del agua es entendible que la gente se enfurezca y que mientras hacen la fila para llenar sus baldes se dediquen a renegar de los supuestos responsables, pero con cabeza fría debemos reconocer que durante muchos años hemos tenido un excelente servicio de acueducto y alcantarillado. Un problema coyuntural causó el inmenso traumatismo, y ojalá aparezcan los responsables y paguen por ello, pero eso no puede borrar de un plumazo el trabajo de anteriores gerentes y de tantos manizaleños que laboran con responsabilidad y entrega en Aguas de Manizales. Reflexionemos y tratemos de recordar cuántas veces nos hemos quedado sin el servicio de agua en la última década.
Por culpa de nosotros mismos nos convertimos en la comidilla de todo el mundo y en el centro de burlas, puyas y señalamientos. Lo que empezó con el cruce por los medios electrónicos de algunos montajes fotográficos, caricaturas y chistes, terminó en un grotesco espectáculo de sevicia y maledicencia. Que fulano me dijo, que si supiste, que cómo te parece, que se rumora… Pero nadie tiene pruebas concretas, nadie hace denuncias puntuales, no existen movimientos de protesta serios y comprometidos; tiramos la piedra y escondemos la mano. Las redes sociales se convirtieron en herramienta para desfogar ansiedades, para que los resentidos vomiten todo su veneno, para personalizar odios y rencores.
Estamos ante un linchamiento moral contra el alcalde y el gerente de la empresa del acueducto, sin pruebas y sin darles derecho a defenderse. Ahora quieren endilgarles también la responsabilidad por lo sucedido en el barrio Cervantes, cuando los organismos de control apenas investigan los hechos; llama la atención además que todo el mundo resultó experto en ingeniería hidráulica, en geología, en manejo de taludes y demás ciencias afines. Esperemos siquiera a tener los veredictos definitivos para entrar a juzgar, porque de seguir a este paso vamos a terminar comportándonos como miembros de la Inquisición o del Ku Kux Klan.
Me duele ver al alcalde y al gerente de Aguas de Manizales convertidos en blanco de habladurías procedentes de todas partes. Si las investigaciones demuestran que tienen responsabilidad en los hechos, ambos deberán responder por sus actos y seré el primero en juzgar su proceder. Es más, dije en una columna anterior que debieron arreglar el problema de la planta de Niza con mayor celeridad, pero ahora reconozco que ignoro sus argumentos para obrar como lo hicieron y por lo tanto no tengo elementos de juicio para dar un veredicto.
Al gerente del acueducto no lo conozco, mientras que del alcalde soy amigo desde que tengo uso de razón. Nuestros padres fueron los mejores camaradas y durante mi existencia he compartido con Juan momentos inolvidables, por lo que ahora no voy a salir a negarlo como el apóstol aquel. Nunca he tenido con él tratos comerciales o contractuales y puedo decir que en los últimos 10 años nos hemos visto en muy pocas ocasiones, pero los buenos amigos no necesitan juntarse para conservar su relación. Seguramente Juan Manuel enfrentará procesos y pesquisas en el futuro próximo, y de resultar responsable reprocharé su comportamiento, pero nunca le daré la espalda. Porque los amigos son hermanos escogidos por uno y a un hermano se le apoya en las buenas y en las malas. La Patria, Manizales.