27 de febrero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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EL PAÍS DE LAS LÁGRIMAS

23 de noviembre de 2011

Por eso, no tenemos por qué aumentar nuestras lágrimas llorando al guerrillero Alfonso Cano, sino más bien exultar con la muerte de la cabeza del grupo que más asesinatos ha cometido en la historia de la nación.

Las Farc han retrasado 50 años el reloj del progreso del país y han devastado la economía en su alianza criminal con el narcotráfico. Hay una muchedumbre inmensa de huérfanos y viudas fruto de los cientos de miles de muertes causadas por ellos. Una cosa es desear la paz y otra muy distinta hacer el balance de destrucción y muerte de los terroristas que han sepultado la supuesta legitimidad de su lucha en una guerra sin sentido. Basta leer una obra como la Carlos Alfonso Velásquez sobre “La esquiva terminación del conflcito armado en Colombia” para darse cuenta de los errores históricos cometidos por la guerrilla, por los gobiernos, por los políticos y por el ejército en esa inaudita guerra.

El país se ha desangrado y sigue derramando muchas lágrimas, pero es bueno saber por qué ha pasado esto. Hay unos actores que tienen que responder ante la historia de lo que han hecho. A veces parece que las lágrimas están reservadas no a las víctimas sino a los victimarios. La señadora Piedad Córdoba protestó por la muerte de Cano, como si el país tuviera que pedir perdón por aplicar la justicia de la guerra. Bien sabemos que no funcionaron las negociaciones de paz intentadas ni en Caracas, ni en Tlaxcala, ni en el Caguán porque se convirtieron en burdas manipulaciones de los guerrilleros ante los ojos de gobiernos débiles que les concedieron todo a cambio de exigir nada.

Cuando el líder polaco Lech Walesa estuvo en Colombia, le pregunté qué le diría aTirofijo y me contestó: lo primero, que no se puede negociar con el fusil en la mano; lo segundo, que van a tener que dar cuenta a Dios de los miles de vidas que le han arrancado a este país; y lo tercero, que su guerra es contra el mundo, no sólo contra Colombia. Respuesta que sigue siendo actual. Esos bárbaros hablan de una paz sin cese al fuego, al secuestro y al terrorismo. Todavía hay y por ahí unos “politólogos” que todavía creen que a las Farc le interesa la paz y el diálogo, no importa lo bien armados que estén ni el teatro de terror que montan antes de cada negociación, ni que no abandonen el narcotráfico o la siembra de minas. Como si la paz no tuviera unos requisitos fundamentales sin los cuales se convierte en un simple circo mediático.

Colombia tendrá que seguir siendo el país de las lágrimas, pero no puede permitir que la paz se convierta en un señuelo ideológico manejado con criterios cortoplacistas y con ninguna visión histórica. Aquí antes de pensar en negociar la paz, tenemos que ponernos de acuerdo en el proyecto de pais que debemos construir entre todos, al cual debe subordinarse cualquier tipo de diálogo. Ya sabemos que en ese proyecto no se pueden negociar los principios de la convivencia, el primero de ellos el resperto a la vida. Es grave que el cordero se haya comido la flor del planeta del Principito, porque afecta su pequeño mundo, pero eso tiene remedio, mucho más fácil que acabar con el motivo de las lágrimas de un país.