5 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Un sentido adiós al decano de la crítica taurina

15 de octubre de 2011
15 de octubre de 2011

La misa exequial se cumplió a las once de la mañana de este domingo, en la capilla del  mismo jardín-cementerio, situado al sur de la ciudad, informó Carlos Alberto Ospina Macías, uno de los hijos del más querido de los narradores taurinos de Colombia.

Cumplido el solemne acto religioso se procedió a la cremación de sus despojos en Jardínes Montesacro. La familia se reunirá privadamente para determinar cuándo serán llevadas a Manizales las cenizas, en cumplimiento de su última voluntad. Él pidió con insistencia a sus seres queridos que se le permitiera descansar para siempre en la cripta de la Catedral Basilica, al lado de dos de sus mejores amigos: el torero Pepe Cáceres y el ganadero Ernesto Gutiérrez Arango.

Don Ramón nació en Santa Bárbara, Antioquia. Tenía 83 años. La mayor parte de su vida la dedicó a la fiesta de los toros, tema que dominaba a la perfección. Su deceso enluta no solo a la afición taurina sino a la radio, medio del cual fue una de sus principales figuras.

!Paz en su tumba!     

Como un homenaje póstumo a Ospina, publicamos la columna que nuestro codirector, Orlando Cadavid, escribió para La Patria y EJE 21, sobre su vida:

Contraplano

La última lidia de don Ramón

Por Orlando Cadavid Correa

En todas partes, menos en su casa,  lo llamaban afectuosamente Don Ramón. Desde el día que conoció a Manizales hubo amor a primera vista entre el cronista y la ciudad de las puertas abiertas. En el dilatado y apasionado romance le fabricó en el micrófono frases que llegaron para quedarse: “Manizales, la ciudad que hizo las ferias en América”… “Manizales, la Sevilla taurina de América”… “Escuchan el pasodoble Feria de Manizales, el himno taurino de Colombia”. Bautizado “El Insobornable” desde sus inicios en la radio, por Pablo Emilio Becerra, el presentador por excelencia de la legendaria Voz de Antioquia, este fenómeno de la radio comenzó a formarse a puro pulso, muy joven, cuando eligió la comunicación de masas y desistió de su incipiente condición de novillero que hacía la primaria con unos amigos toreando de pueblo en pueblo, en rústicas plazas que amenazaban ruina.

Este antioqueño nacido hace 83 años en Versalles, corregimiento del municipio de Santa Bárbara, entendió que su sitio en la fiesta que siempre defendió con vehemencia no estaba en la arena del circo, frente al toro, muleta en mano, sino en el palco de transmisión, en el callejón de la plaza, sin montera, coleta, ni traje de luces.

La reseña del Maestro Ospina fue toda una cátedra de sabiduría taurina que disfrutaban por igual los espectadores de audífono, desde los tendidos, y los aficionados que seguían las incidencias de cada corrida a través de la radio, fuera de la Monumental. Como se quedaba con el 90% de la sintonía, pregonaba lleno de ufanía que “la manta estaba tendida”. Su voz era un eco amplificado en los tendidos y en las calles.

Sorprendía con sus predicciones desde el redondel: “Este toro de Dos Gutiérrez va a rodar sin puntilla” (y rodaba)… “Atentos que este ejemplar tan abanto puede dar un salto al callejón” (y saltaba para espanto del respetable)… “El toro de Aguas vivas está a punto de enganchar a Cáceres por el pitón  izquierdo” (y lo enganchaba)… Sabía anticiparse a la decisión del palco presidencial sobre los apéndices con los que se iba a premiar la faena.

Fue tan profesional en su oficio que en la mañana, antes de cada corrida, iba a Toriles (o patio de chiqueros) a analizar con ojo clínico, durante el sorteo,  el encierro que sería lidiado en la tarde por los diestros.

La opinión de Don Ramón era acatada por la mayoría de  sus colegas de oficio, así como por toreros, mozos de espadas, apoderados, ganaderos, empresarios y la afición. Sus memorias taurinas han quedado plasmadas en cuatro libros, el primero de los cuales hizo al alimón con su gran amigo y colega Hernán Restrepo Duque. Los dos mantuvieron una sólida amistad sin eclipses.  

Don Ramón siempre reclamó respaldo para nuestros toreros, pero no por ser colombianos sino por ser buenos toreros… Se pasó la vida desparramando conocimientos taurinos en cada transmisión o en las tertulias en la que los aficionados llegados de todas partes le hacían rueda para solazarse con su rico anecdotario.

Así como el sacerdote se siente realizado, en el cénit de su carrera eclesiástica, cuando va a Roma y participa en la audiencia general con el Papa, en la espaciosa Plaza de San Pedro, nuestro Don Ramón se dio el lujo de “oír misa” en catedrales del toreo mundial como Las Ventas, de Madrid, donde presenció el buen suceso de la consagración de César Rincón, y  en La Real Maestranza, de Sevilla, donde vio torear al legendario Paco Ojeda. También disfrutó de su gran pasión en circos tan postineros como los de Nimes, en Francia, y Lisboa, en Portugal.

En su última lidia, en la Clínica Las Vegas, de Medellín, donde estuvo recluido, el Maestro reafirmó su determinación final:  que sus cenizas descansen en la cripta de la Catedral de Manizales, muy cerca de las que sus amigos entrañables Pepe Cáceres y Ernesto Gutiérrez Arango.

La apostilla:
Sus herederos recibirán en enero próximo el Cordón de la Feria que el gobierno manizaleño le confirió a comienzos de este año. Lástima que el reconocimiento al mejor amigo de la ciudad le haya llegado un poco tarde.            

Semblanza de Caracol Radio

A la edad de 83 años, falleció en una clínica en Medellín el prestigioso narrador y comentarista taurino antioqueño Ramón Ospina Marulanda, quien permaneció 54 años en el oficio radial en la cadena Caracol.

Rodeado de sus hijos y su señora esposa, doña Eufemia Macías, con quien estuvo casado durante 61 años, don Ramón murió en una habitación de la Clínica Las Vegas, en el sur de Medellín tras soportar una prolongada enfermedad.

Don Ramón Ospina Marulanda, el Insobornable, como se le conocía en el periodismo taurino, y entre los aficionados a la tauromaquia, había nacido el primero de abril de 1928 en el corregimiento Versalles, del municipio de Santa Bárbara, en el suroeste de Antioquia, y desde muy joven se dedicó al mundo de la publicidad, de la radio y de los toros, como narrador y comentarista, durante 62 años.

Cuando sus padres y familia trasladaron su residencia a Medellín, de inmediato observó la ocasión de fortalecer y proseguir por su afición a los toros, a los que jugaba en su natal Versalles, pese a que jamás había visto una corrida.

Fue la figura de la narración taurina en Antioquia, especialmente a través de la Cadena Radial Caracol en donde permaneció 54 años haciendo programas periodísticos y musicales como el recordado "El relojito Campesino", y en la tauromaquia hacía el espacio "Tendido Siete", en el que fue acompañado por otras figuras del comentario taurino como Guillermo Rodríguez Muñoz y el español Manolo Molés.

Siempre confesaba que sus tres amores en la vida fueron su familia (esposa y ocho hijos), la ciudad de Manizales y la empresa Caracol Radio.

También admitía que siempre quiso ser torero y como novillero actuó en varias plazas, y llegó a torear al lado del desaparecido Pepe Cáceres, cuando este también comenzaba su carrera.

Pero abandonó la idea del toreo profesional cuando ya tenía dos pequeñas hijas, y desde entonces se dedicó al periodismo taurino, el mismo que le dio grandes satisfacciones, y se consagró como el único colombiano en ganar el prestigioso Premio Mundial al Periodismo Taurino Mariano Zumel.

Se dedicó también a la Publicidad, en cuyas actividades fue el fundador del Departamento de Publicidad de Fabricato, fue director de publicidad de la empresa Sonolux, de Publicidad Toro y en PAR Publicidad, como también creador de su propiedad firma ROM Publicidad.

Don Ramón Ospina se despidió del periodismo el 24 de febrero de 2007 en la plaza La Macarena de Medellín, ciudad en la que también fue gran promotor de la fiesta brava, mediante la fundación de clubes de aficionados y en la formación de nuevas generaciones de narradores y comentaristas taurinos, entre ellos su propio hijo el comunicador social y profesor universitario Carlos Alberto Ospina Macías.

Siempre decía que aunque el capote es rojo, era hincha furibundo del Atlético Nacional de Medellín, y con tributo por su inmenso afecto por a Manizales y a su Feria, allí recibió los más importantes homenajes, como también recibió los tributos de la Asociación Peñas Taurinas del país.

“Hace algún tiempo dijo que quería que sus cenizas descansaran en esa ciudad”, recordaron sus hijos.

No existen hoy cuentas de las miles de corridas que transmitió en su vida, y de las giras en el país y el exterior para llevar a los oyentes sus conocimientos sobre la fiesta brava, sobre los protagonistas de este espectáculo, sus crónicas taurinas.

Durante su carrera también coleccionó afiches y carteles de las ferias donde estuvo, especialmente las de Colombia, Venezuela, Ecuador y España.