19 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Pena ajena

22 de octubre de 2011

Hoy, nada diferente podemos observar en el terreno de las propuestas para enfrentar el problema de los desplazados, que no sólo son indígenas, sino afros y campesinos mestizos que van llegando día a día del Chocó y de varios municipios de nuestros departamento. Me refiero al programa realizado conjuntamente entre Caracol y Une, en donde les preguntaban a los candidatos a la alcaldía de Pereira, cómo enfrentarían el problema de los desplazados, en caso de llegar a ocupar dicho cargo. Y oyendo las respuestas, no sé por qué volví a acordarme de nuestra emblemática gobernadora, de buen corazón pero de cerebro reducido. El candidato del Mira respondió con cierto desparpajo y seguridad diciendo que en el caso de los desplazados era necesario tener en cuenta que eran personas ajenas a la ciudad y por lo tanto tendrían una atención de segunda categoría porque le daría prioridad a quienes ya se encuentran en la ciudad, a quienes se pueden calificar como pereiranos. Como quien dice, primero los pereiranos y luego los desplazados.
El candidato del liberalismo y de la “U”, fueron enfáticos en señalar que estarían dispuestos a tomar todas las medidas necesarias para apoyar a estos ciudadanos que cada día estaban llegando a la ciudad procedentes de otras localidades. Incluso a buscar los medios para hacerlos regresar a su ciudad de origen. Hago memoria y creo que el candidato del Polo afirmó que en el pasado, los desplazados había recibido todo el apoyo para conseguir empleo, calificarse e integrarse al colectivo y aportar de manera significativa al progreso de la ciudad.
A nadie se le ocurrió decir que una política de planeación seria tenía que incluir un trabajo mancomunado con la Gobernación de departamento y con el gobierno nacional con el fin de que los desplazamientos puedan disminuir a una cifra manejable. De otra manera, decir que mientras las condiciones económicas de los indígenas en sus resguardos y de los afros en sus territorios, continúen deterioradas como lo están, forzoso será que sigan pensando en llegar por centenares a la ciudad, en busca de un mejor horizonte para su familia. Y pienso que si se suman los subsidios que en determinado momento se les entrega a los desplazados y esas mismas sumas se invierten en programas productivos en el campo, sus condiciones podrían mejorar de una manera ostensible y no buscarían la ciudad como alternativa. Y a eso súmese los subsidios que se entregan y estamos hablando de unas cifras exorbitantes, sin contar con la intermediación que se produce en estos casos, que hace más dramática la situación.
Ese cuento de que pobrecito el indígena que se encuentra en las calles pidiendo limosna, no es sino eso, “cuento”, porque la verdad es que cuando se conocen las condiciones de vida que afrontan en estos momentos en sus resguardos no hay duda que como limosneros tienen unas mejores condiciones de vida que muchos de los que se encuentran en sus resguardos.
No sigamos buscando el muerto río arriba. Ni tampoco creyendo que con más hipermercados la situación económica podría mejorar. Al contrario, toda esa “platica” que se realiza, simplemente “vuela” a otras latitudes y nos quedamos viendo un  “chispero” como decían la abuelas.