25 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Las Farc cerca, la paz lejos

23 de octubre de 2011

Los resultados parecen demostrar que el Estado no puede ganar la guerra ni la guerrilla quiere hacer la paz. La paz, entonces, parece lejana. Ahora, las Farc han demostrado posicionamientos en varias regiones, especialmente en el Cauca y Arauca. Aunque se pretenda subestimarla, la guerrilla está recuperando territorios; los secuestros y la extorsión han aumentado. Las Farc siguen generando daño gracias a la estrategia de movilizarse en unidades pequeñas para evitar bombardeos, y de usar francotiradores y minas sin restricciones.

Por años esta guerrilla se dotó de recursos económicos y estrategias políticas y militares que hoy en día son su armadura. No se puede olvidar que las Farc pasaron de tener cerca de mil hombres en sus inicios, a doce mil en la década pasada. Su éxito relativo se evidenció en su expansión territorial: mientras en el año 1985 tenían presencia en cerca de 170 municipios, hacia la primera mitad de la década anterior alcanzaron aproximadamente 600. Ahora se han replegado a las cordilleras cercanas a algunos municipios, donde siguen operando sus milicianos.

Se nutren de los recursos de la extracción del petróleo, el carbón y el oro, además de los del narcotráfico. Las movilizaciones de los sindicatos y otras agremiaciones, donde las Farc tienen presencia, sin duda les caen como anillo al dedo, pues cualquier coyuntura es inteligentemente aprovechada como una debilidad del Estado. Sin duda, las Farc quieren recuperar el poder local que habían perdido en el gobierno de Uribe en Arauca, Putumayo y otros territorios.

Aunque hay sectores del gobierno que creen posible un exterminio físico de las Farc, este sería un epílogo improbable para la guerra colombiana. A diferencia de Sendero Luminoso, la guerrilla de Perú, que estaba localizada sólo en la sierra peruana, las Farc están desplegadas en casi todo el territorio colombiano. Ello les permite sobrevivir a pesar de que sus cabezas sean golpeadas.

Otro desenlace sería el de una negociación al estilo salvadoreño, o como sucedió con el M-19; o incluso, lo que se buscó en el Caguán. Esta idea es promovida por muchos sectores, especialmente de izquierda, pero cada vez menos gente la considera viable, porque la guerrilla carece de bases sociales.

Además, no se puede olvidar el apoyo político de Chávez a las Farc, evidenciado desde aquel día que pronunció -ante la Asamblea Nacional de Venezuela, con la banda presidencial terciada en el pecho-, un discurso que bofeteó la dignidad del pueblo colombiano. Dijo Chávez que las Farc y el ELN no son grupos terroristas, que son ejércitos que ocupan territorio colombiano y que merecen un reconocimiento político en América Latina y el mundo, por el que él lucharía. La Asamblea, en pleno, ovacionó a su líder, lo cual hace pensar que no sólo él respalda esa idea.

Por ello, la vía que posiblemente sea la que más se ajusta a la realidad de la guerra colombiana es una combinación de la presión militar con la apertura de un espacio de negociación con reglas de juego completamente distintas. Y esto ha de ser rápido, porque mientras las Farc sigan de 'camping' en el vecino país, nuestra paz estará más y más lejana.