5 de marzo de 2021
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La ética útil

23 de octubre de 2011

Pero hay que empezar por el Estado. Hace poco se aprobó el Estatuto Anticorrupción, y en su largo texto sólo aparece una vez la palabra Ética, concretamente en el artículo 64 donde habla de la Comisión Nacional para la Moralización, que tiene como finalidad “organizar y coordinar la realización de actividades pedagógicas sobre temas asociados con la ética y la moral públicas”. Algo tan pobre como para quedar relegado al olvido, como cientos de comisiones que se crean y que, a veces, ni se reúnen. Se hunden en el olvido las diferentes normas e instrumentos existentes para promover una cultura ética en las entidades del Estado. Veámoslo en detalle.

En el 2005, con la ayuda de USAID, el Estado invirtió bastantes millones en la preparación de una serie de Manuales de Control en la Gestión de las entidades públicas y entre ellos adoptó “el Manual de Gestión Ética de Entidades del Estado”, un volumen que contiene los elementos básicos para poner en marcha la cultura ética en las organizaciones oficiales. Se aprobó mediante el decreto 1599 del 2005, dentro de un paquete de instrumentos para mejora del control interno en el Estado, con gran bombo y platillo.

Seis años después es casi una pieza de museo. “Nosotros damos la plata y nos olvidamos” me dijeron, extrañados de que alguien se interesara en eso, los de USAID cuando fui a hablarles de que conocía el Manual y que era algo bueno. Parece que la misma receta usó el estado colombiano: recibió el Manual y se olvidó. He podido comprobarlo personalmente con altos funcionarios de organismos públicos: ni conocen el Manual, ni en sus entidades se trabaja por una cultura ética.

Por otra parte, ya existía el decreto 1567 de 1998 que estableció la obligación de “promover el desarrollo integral del recurso humano y el afianzamiento de una ética del servicio público” incluida la integración de los empleados a un sistema de valores de la organización para afianzar su formación ética. Insiste concretamente ese decreto en que es necesario “Desarrollar valores organizacionales en función de una cultura de servicio público que privilegie la responsabilidad social y la ética administrativa, de tal forma que se genere el compromiso institucional y el sentido de pertenencia e identidad. O sea, está hablando de la necesidad de la ética y los valores como algo necesario en la cultura de las entidades oficiales.
Todo eso, a la hora de la verdad, es letra muerta. Muy pocas entidades lo aplican y sus directivos desconocen las normas o las pasan por alto, y la Contraloría de la Nación, de vez en cuando pide alguna información sobre si lo hacen, pero tampoco ella parece dar suficiente ejemplo de cultura ética y de capacitar en valores.

Si a todo eso le sumamos que hay gente en el Estado que cree que la ética es un asunto privado, y que lo público únicamente debe regirse por lo legal, ahí si llegamos a un terreno de desprotección total donde puede pasar cualquier cosa. La causa de la corrupción es precisamente una falta radical de ética en el manejo de los dineros públicos, como lo hemos visto en el famoso “carrusel de la contratación” que ha llevado al Alcalde de Bogotá a la cárcel y a tener “patas arriba” las principales obras de la capital.
En el Estado hay la falsa creencia de que sólo con legalidad se puede combatir a los corruptos. Cuando en realidad hay que poner en marcha los resortes de una cultura ética, que no se puede lograr a base de coacción sino de educación. Lo que intentó Mockus en Bogotá con la cultura ciudadana, inspirado en Leoluca Orlando, el famoso alcalde de Palermo, quien rescató a la sociedad siciliana de las manos de la mafia a punta de cultura convocando a la educación, a las iglesias, a los medios, a las familias, para tomar el asunto como propio. Y a decir verdad, lo logró.

En cambio aquí nosotros nos limitamos a oír las declaraciones de uno de los implicados en el “carrusel de la contratación” diciendo que el problema de la corrupción era un problema de la naturaleza humana. O sea su responsabilidad es simplemente genética. ¡Vaya desafuero mental! Pero si el Estado no reacciona vigorosamente emprendiendo una campaña de moralización pública y un rescate de los valores éticos, nos quedaremos viendo pasar a los corruptos con sus trofeos en la mano. Bastaría, para empezar, que el Estado comenzara por su propia casa, poniendo en práctica las leyes y los instrumentos legales que respaldan la promoción de la ética a nivel público.

Necesitamos dosis masivas en la sociedad de una pedagogía ética y de valores que sea el otro pulmón, junto a la legalidad, en la lucha contra la corrupción. Un solo pulmón, la persecución legal a los corruptos, logrará el objetivo a medias. Hay que formar a los niños en las escuelas y colegios en ética y valores más urgentemente que darles computadores y enseñarles inglés. De nada sirven los megacolegios en los que no se enseña ética ni se forman moralmente a los futuros ciudadanos.
El Estado tiene que ponerse las pilas de la ética para poder lograr el éxito en la lucha contra los corruptos. De momento lo que tenemos a ese nivel es una ética inútil porque muy pocos se empeñan en vivirla y en hacer cumplir las disposiciones existentes sobre creación de una cultura ética en el Estado.