27 de octubre de 2021
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¿Hacemos parte de la amenaza?

24 de octubre de 2011
24 de octubre de 2011

Tan delicada está la situación que en algunas regiones colombianas se habla de campañas ciudadanas que se hacen pasando la voz, para que el 30 de octubre no se vote por los mejores sino por los menos malos.
Es gravísimo para Colombia que en no pocos de sus departamentos y municipios se tengan candidatos a gobernaciones y alcaldías con la cara sucia. Colombia no ha podido asimilar la intención del constituyente a la hora de cambiar la Constitución de 1886, por una nueva, la de 1991, inspirada en el concepto de ampliar vías para la democracia. Tampoco surtió efectos positivos la reforma que precedió a la desaparición de la carta de Núñez, porque la elección popular de alcaldes y concejales se convirtió en un gravísimo problema para el país.

La revista Semana en un amplio informe sobre cómo se perfilan las elecciones que se van a llevar a cabo dentro de ocho días, dijo que “en nueve departamentos hay un alto riesgo de que sean elegidos candidatos con algún tipo de vínculo con grupos armados ilegales”. Qué tal más de la cuarta parte de los departamentos incorporados al crimen de los alzados en armas y faltan las unidades territoriales que le apuntan a otras alianzas, con paramilitares que todavía quedan porque la violencia, la lucha por el poder de la droga no ha concluido por más debilitada que parezca.

Agreguémosle la situación de los departamentos en los que hay candidatos auspiciados por los promotores del sistema de contratación enmarcada en la corrupción, para que los dineros del Estado se tengan que repartir entre inmorales interesados más que en el desarrollo de las regiones, en el mejoramiento de sus particulares riquezas. En estos casos se hace lo que se tenga que hacer, lo importante es que se llegue a los objetivos.
Hay muchas dudas en Colombia de cara a las elecciones del próximo domingo porque al país ha vuelto la violencia política y algunos candidatos han sido asesinados. Se ha secuestrado a cinco candidatos en Colombia. La situación está enredada, no nos quede la menor duda y compartimos de paso con quienes creen que una parte muy amplia del problema radica en la descentralización. Por supuesto que sí, a las aguas limpias les cayó podredumbre a partir de la elección de los alcaldes y del mejoramiento de los presupuestos municipales.

Los pequeños pueblos y capitales de los departamentos que han tenido el monopolio de las regalías, son los más pobres del país, carecen de muchas más necesidades, que municipios que nunca antes contaron con ese privilegio. No queremos ni pensar lo que puede pasar en Colombia a partir del próximo año, cuando a los departamentos y municipios se les va a crecer la tajada por cuenta de la ley de regalías. El gobierno se inspiró de la mejor buena fe, pero como el país está corrompido de la A hasta la Z, ahora se notan abiertas las agallas de los corruptos a ver como van ellos en los negociados del próximo futuro territorial.

La fragilidad de las instituciones del país ha permitido que todo pase, que cualquier cosa ocurra, que sucedan los asaltos al Erario que de tiempo atrás vienen sucediendo en el país.

No sabemos a ciencia cierta si el Quindío está o no amenazado, pero como el adagio popular dice que “cuando el río suena piedras lleva” nos atemoriza el momento actual por la suerte que pueda correr el departamento y los municipios.
Por supuesto, hay otro mal tan grave como los peores entre los que provienen de la corrupción y es que en regiones como la nuestra no se le niega una calumnia a nadie; en departamentos como el Quindío los rumores son capaces de hacer tanto daño, como el que hacen los corruptos. Por eso es que hay que mirar minuciosamente, con gran sigilo, por quien se va a votar dentro de ocho días, para que a los ciudadanos, después de las elecciones, nos queden los menores remordimientos posibles.