30 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

En un minuto una avalancha cambió los habitos de vida de 380 mil manizaleños

20 de octubre de 2011
20 de octubre de 2011

La emergencia sanitaria hizo que cientos de manizaleños en los distintos barrios de la ciudad empezaran a salir a las calles desde el mediodía, con baldes y tanques plásticos, para tratar de conseguir un poco de agua. En algunos sectores fue común ver a señoras y niños saliendo de las casas para pedirles a algunos vecinos que disponen de tanque  que les regalaran un poquito del preciado líquido.

Las escenas que hacia las horas de la noche se multiplicaban en distintos sectores de la ciudad hicieron recordar a algunos habitantes de Manizales la emergencia que vivió la ciudad el 19 de mayo de 1981 cuando una avalancha causada por el represamiento de la quebrada Cajones, en el mismo sector de Gallinazo, causó daños en la planta de tratamiento, dejando a  Manizales sin el servicio de acueducto durante  ocho días. Para atender esa emergencia, el alcalde de entonces decretó la cesación de clases en los establecimientos educativos, y los manizaleños se acostumbraron durante esa semana a andar detrás de los carrotanques que se encargaron de proveer del vital líquido a la población.

nino recogiendo agua
Los niños también colaboraron con la emergencia. Este chiquillo le echa mano a las orejas de la olla para solucionar la falta de agua en su casa

Esas imágenes de gente corriendo detrás de los vehículos repartidores se empezaron a ver en Manizales desde la mañana de hoy cuando los 14 carrotanques dispuestos inicialmente por la Alcaldía de Manizales para atender la emergencia empezaron a recorrer los barrios de la ciudad. En el sector de San Joaquín, un barrio cercano al centro de la ciudad, una fila de cincuenta personas esperaba con paciencia a que les llenaran ollas y recipientes que habían sacado de la cocina. Desde la cinco de la mañana la gente empezó a salir a la calle para esperar la llegada del vehículo repartidor

Desde la noche anterior los diferentes supermercados que operan en la ciudad empezaron a verse invadidos de personas que llegaban apresuradas con el propósito de aprovisionarse de botellas de agua y gaseosa. Hacia las ocho de la noche, en el Supermercado del Centro se vivía un movimiento como el que caracteriza los días de quincena: cantidades de gente tomaban de los estantes las existencias de agua y gaseosa. Amparo Serna, su gerente, indicó que a las nueve de la noche se habían agotado las existencias de estos productos. Señaló que tuvo que hacer un pedido a esa hora para garantizarle a sus clientes que hoy dispondrán de buena cantidad de agua en botellas.

La situación se repetía en el Supermercado El Ahorro, ubicado en el sector de las galerías.  Desde las cuatro de la tarde el inmenso local empezó a verse invadido de compradores que en cuestión de minutos acababan con las existencias de estos productos en las estanterías. Los empleados tuvieron que sacar de inmediato de las bodegas el agua en botellas y las gaseosas que almacenaban para poder atender la demanda. A las seis de la tarde no quedaba en el supermercado una sola botella de estos productos.

fila
No importa la espera. El premio será el lleno de sus recipientes. Cuando toca, toca y ahora le tocó a la paciencia.

Medidas extraordinarias

La emergencia obligó al Alcalde Juan Manuel Llano a tomar medidas extraordinarias para hacer frente a la situación. Ordenó la suspensión de clases en los diferentes planteles educativos que funcionan en la zona urbana. Igualmente recomendó a las empresas fijar jornadas continuas de trabajo a fin de hacer menos grave la situación por la falta de agua. Asimismo, dispuso atender de manera prioritaria los hospitales y clínicas. Estas medidas originaron un cambio en los hábitos diarios de las familias manizaleñas. Sobre todo porque las mamás no tuvieron que madrugar a despachar a los hijos para el estudio, sino que lo hicieron para aprovisionarse de agua. 

Esta mañana no se vieron en las calles céntricas de Manizales cantidades de jóvenes que vistiendo el uniforme se dirigían a sus respectivos planteles educativos. Lo que se vio fue a los propietarios de almacenes y cafeterías sacando de sus negocios tanques plásticos para aprovechar que después de las siete varios carrotanques pasarían por las calles para aprovisionarlos de agua. En la carrera 23 fueron comunes las imágenes de empleados con baldes en la mano desde tempranas horas, esperando a que pasaran los vehículos distribuidores

Hoy la preocupación en los hogares de Manizales no fue la urgencia para bañarse. Este acto cotidiano pasó a segundo plano ante la necesidad de conseguir agua para preparar los alimentos. Muchos ciudadanos empezaron a salir para sus trabajos apenas mojado el cabello para poder peinarse. En las calles el saludo “¿Cómo amaneciste?” se cambió por un simple “¿Se pudo bañar?”. Las respuestas eran diferentes. Un señor que estaba parado en una esquina del barrio Los Nogales esperando transporte urbano contestó cuando le hicieron la pregunta: “Yo soy afortunado, Tengo un tanque en la casa que me garantiza agua para ocho días”.

Pero la indignación de la gente también se expresa cuando se vive una emergencia sanitaria como la desatada como consecuencia del daño que produjo el deslizamiento de tierra en la planta Luis Prieto Gómez. En una calle del barrio Chipre un señor estaba lavando con una manguera su vehículo particular a las siete de la mañana. Una señora que a esa hora pasaba por allí le gritó: “No sea inconsciente. No gaste el agua de esa manera. ¿No ve que estamos en emergencia”. Sin embargo, el hombre no hizo caso de la observación. Siguió lavando su carro como si no le importara la situación que viven 380 mil manizaleños.

esfuerzo
La emergencia puso a prueba de fuego la riqueza hídrica de Manizales. En el barrio Los Álamos, como en muchos sitios de Manizales, el agua brota en los barrancos.