16 de junio de 2021
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En Manizales, diez días de resistencia pura

29 de octubre de 2011
29 de octubre de 2011

En La Enea, Aranjuez, Lusitania, Fátima, Palermo, Milán, La Cumbre, El Bosque, Chipre, el centro de la ciudad, el panorama es el mismo: largas e 'interminables' filas, a la espera de que asome el tan anhelado carro tanque. Allí hubo espacio para todo. "En estas horas que uno hace fila conoce gente del barrio con los que nunca había hablado. Ha sido una buena oportunidad para interactuar con ellos y unir lazos", dice Benjamín Herrera, de Comuneros, barrio de la comuna Ciudadela Norte.

Han sido días extraños para los 390 mil 175 manizaleños. La vida que cada uno llevaba cambió de tajo desde ese miércoles 19 de octubre, cuando un derrumbe se llevó parte de la tubería de la planta Luis Prieto, en el sector de Gallinazo. A las pocas horas, los hogares se quedaron sin una gota del preciado líquido.

A cargar se dijo

Desde ese mismo miércoles, las amas de casa de los hogares manizaleños sacaron baldes, ollas, tarros. El ejercicio de todos fue coger calle y buscar el 'agüita'. ¿De dónde? Aquí comenzó el ingenio de muchos. "Nos dimos cuenta que acá teníamos agua por montones de los nacimientos de los que bombeamos. Quisimos ser solidarios y comenzar a repartir a la gente", dijo 'Toño', hombre que trabaja en uno de los 40 lavaderos que hay en Manizales.

Quienes no acudían a los lavaderos, ratificaron ese dicho de que Manizales es la Capital Mundial del Agua. "La misma montaña nos comenzó a dar el fluido. De muchos morros nos pegamos para sacar el agua", expresa doña Luz Alba González, del barrio Aranjuez. Mañana, tarde y noche, el paisaje de la ciudad es el mismo por estos días: largas filas y agua brotando de la montaña.

Camionetas, carros, motos, bicicletas y hasta caballos han servido de transporte para echar los pesados baldes.

De repente, la capital caldense comenzó a verse 'inundada' de carro tanques, llegados desde Pereira, Buga, Cartago, Bogotá, Bucaramanga, y demás municipios caldenses. Y si no eran los cisternas, cualquier camión o camioneta han servido para cargar los enormes recipientes de hasta 2 mil litros. Según cifras oficiales, por los 299 barrios que hay en Manizales circulan 154 vehículos distribuyendo agua.

Eso sí, las quejas han abundado. Muchos habitantes alegan que ni siquiera han atisbado un carro tanque por sus calles. Según una encuesta de Fenalco, el 51% de los manizaleños cree que el suministro de agua es malo, por un 22% que piensa que es bueno.

Como sea

Algunos habitantes desesperados recurren a engaños para hacerse al líquido, como en el Galán, que hicieron ir a los bomberos cuando en realidad no había ni una llama para apagar. "Cuando iban llegando al sitio, salió una turba de gente y rodeó el carro. Querían agua y así la obtuvieron", cuentas algunos.

Otros encuentran en el bloqueo de vías la mejor manera de presionar para obtener algunos litros. Sus armas han sido los baldes y las ollas, para construir barreras y taponar la vía.

Para el coronel Herman Bustamante, comandante de la Policía Caldas, la comuna que más ha registrado bloqueos es la Ciudadela del Norte. Aunque la mayoría protesta de forma pacífica, otros sobrepasan el límite."Acá una tarde hubo voleo de piedra por las protestas. La gente estaba muy alterada", dijo una habitante de San Cayetano.

"La manizaleña es una cultura que no está acostumbrada a los conflictos y tal vez por eso se ha guardado la compostura. Pero no sabemos qué pueda pasar si el problema sigue", explica Pompeyo José Parada, Director del Programa de Sociología de la Universidad de Caldas (ver recuadro).

La Administración Municipal hace lo posible para que cada sitio de la ciudad tenga algo del líquido. "En esta central de acopio de La Enea se reparten casi 420 mil litros diarios de agua en distintos barrios", dijo Julián Vásquez, uno de los encargados de coordinar los recorridos. Su jornada comienza a las 5:00 de la mañana y termina pasadas las 11:00 de la noche.

Desde el pobre hasta el rico

Conforme pasan los minutos, las horas… los días, Manizales entiende que está ante una situación que ya no distingue edad, sexo, raza, estrato. Por la avenida Alberto Mendoza -bajando por el batallón- sector convertido en uno de los abastecimientos por el agua que cae de las paredes y los morros, se puede ver la 'procesión' de carros. Desde un destartalado Renault 4 hasta un lujoso Audi o camioneta Captiva se estacionan allí.

¿Y la pinta? Eso es lo de menos. "Acá uno ve desde la persona en chanclas y en pantaloneta del barrio humilde, hasta el ejecutivo de corbata que sale del trabajo y le toca llevar agua a su casa", admite Ómar, una de las personas ubicadas por la Administración Municipal en estos puntos para conservar el orden. "Hasta las 11:00 de la noche uno ve gente acá con linternas cogiendo agua", asevera el hombre.

Hasta los habitantes de la calles son desplazados por gente del común. "Acá siempre hay una loquita que mantiene con unos perros y lava sus chiros, ahí al frente del edificio de la Andi. Pero ahí llegó gente bien vestida a recoger agua", relató López, soldado adscrito al Batallón Ayacucho, que desde su garita observa cómo los habitantes se las ingenian para cargar el agua.

"No hay de otra. Es venir a recoger agua que sale del monte o quedarnos sin una gota. Acá no hay distinción de estrato. Todos nos bañamos con la misma agüita", confiesa Alba Luz Flórez, del barrio La Rambla. Ella, junto a su esposo, acude todas las noches, luego de la jornada laboral, a los debilitados chorros que brotan por la Avenida del Río, cerca de Aguas de Manizales, la empresa blanco de todas las críticas. Llenar los grandes tarros se vuelve una labor destinada solo a aquellos con mucha paciencia. "Con este chorrito me demoro casi 15 minutos acá para llenar esto. Y vea, traigo 5 porrones", comenta la señora.

Hasta el agua que brota por debajo del cementerio San Esteban les ha servido a otros cuantos. "Veo gente que recoge agua por detrás del cementerio. Eso es agua que sale de la tierra, de las tumbas. No entiendo cómo pueden recoger eso", dijo un taxista que transitó el miércoles en la noche por el lugar.

Una mano extra

En época de crisis aparecen esas personas que resultan ser la salvación para muchas otras. En unos tanques profundos de Aguas de Manizales, que están por la Paralela cerca al puente de Ondas del Otún, varios jóvenes temerarios decidieron meterse y sacar baldados de agua para la demás gente.

Ellos, tiritando de frío y con el peligro latente de ahogarse, no buscan lucrarse.

Otros, en San Sebastián, hicieron una cadena humana desde un caño en la parte baja de la montaña, de donde salía agua cristalina. "Vamos pasando los baldes y le ayudamos a las ancianas que viven acá en el barrio", expresa Juan Camilo Ortiz, joven habitante de este populoso barrio, mientras le carga el agua a doña Alba Lucía Castañeda, señora que agradeció el gesto. "Si quiera los muchachos no tuvieron que estudiar para que nos ayudaran a cargar", añade la señora.

Y eso de que los 'pelaos' no tienen que ir a estudiar, fue porque debido a la crisis los cerca de 70 mil estudiantes de colegios públicos y privados de la ciudad, más las siete universidades y el Sena, están sin clases.

Cambió la rutina

Con una semana sin agua, la ciudad ya estaba trastocada. La rutina cambió totalmente para la mayoría. "Yo me he sentido como en época de ferias. La jornada laboral en muchos lugares fue continua", manifiesta Carlos Cortés, que labora en una empresa del centro de la ciudad.

El ambiente en la Zona Rosa de la ciudad es anormal. Prácticamente 'asustaban' el pasado fin de semana. Los bares -los que se animaron a abrir- lucieron vacíos y la gente prefirió irse para sus fincas u otras ciudades.

"Yo trabajaba hasta casi las 2:00 de la mañana, pero ante la poca gente que salió a las calles, cerré a las 12:00 de la noche", afirma un vendedor de un puesto de comidas rápidas de la Avenida Santander.

Para los manizaleños, el plan es casi que rutina, pero algunos no han contado con suerte a la hora de llevarse un buen botín. "Colas de hasta tres horas y llega uno a la manguera y ya no hay agua", señala Dora Montoya, del Malabar.

"Hay cambios en la costumbre de la comunidad. La cotidianidad de las familias se alteró y esto, a largo plazo, puede traer problemas", advierte Pompeyo José Parada, sociólogo. Para él la riqueza de nacimientos de agua en la ciudad es vital para que no se genere una crisis social. "Ha habido una resignación porque se cuenta con recursos hídricos. Eso ha dado un cierto margen para sortear la crisis. Pero donde solo se contara con lo que reparten los carro tanques, esto desencadenaría mayores problemas", añade el sociólogo.

El comerció se tocó

Como se esperaba, el sector comercial se siente tocado. "Bajó casi un 80% de la clientela que nos visitaba. Si un día normal atendíamos a unas 50 personas, en estos días llegan unas 15", dijo Sebastián Hincapié, del restaurante Del Oeste Parrilla. "La gente prefiere hacer sus comidas en la casa con el agua propia".

Igual le pasa a Francy Hidalgo, quien antes de la crisis siempre tuvo su agenda copada haciendo manicure y pedicure a domicilio. "Todo mundo deja eso a un lado y se dedica a coger agua", comenta la bogotana, pero radicada en Manizales.

Mientras unos la pasan mal, otros tienen su mejor época. En los supermercados se disparó la venta de botellas y bolsas de agua, pero baja en otros productos. "El promedio de disminución en las ventas es del 20%, esto se debe a que los ciudadanos han adquirido solo productos como líquidos, enlatados y demás bienes de primera necesidad", describe un informe de Fenalco.

Y los que le sacan provecho a cualquier situación, también llegaron de otras ciudades a hacerse sus pesos. "Acá nos vendemos 200 unidades diarias. Las traemos desde Medellín y es agua tratada", dice Bernardo, hombre que estaciona su camioneta con estacas en La Enea y vende bolsas, de marca poco conocida, de 5 litros, a 2 mil pesos cada una.

Según Fenalco, seccional Caldas, la actividad comercial en la ciudad se reduce. "Un 86% de los encuestados cree que las ventas disminuyeron y los sectores comerciales creen tener una reducción en sus ventas nunca antes vista", dice un informe.

Se hicieron sentir

Cada hora y cada día solo hace aumentar la incertidumbre de la gente. Mientras el alcalde Juan Manuel Llano no da un día fijo para restablecer el servicio, muchos se cansan de tener paciencia.

Marchas, bloqueos y arengas contra la administración municipal son la constante. El humor es otra forma de hacerle catarsis a la situación. "Ojo, que si nos seguimos quejando, el alcalde nos quita la luz también", son algunos de los mensajes que circularon por las redes sociales.

Son 240 horas de resistencia, de paciencia pura, que han aflorado cualidades de ese manizaleño nato. "Me di cuenta de que hay gente muy solidaria y que hace el bien sin mirar a quién. Eso es lo que aprendo de esto", comenta Héctor Valdés, del barrio Leonora, quien desde ya hizo una promesa en señal de agradecimiento cuando se restablezca el servicio. "Desde ahora seguiré llevando el carro a lavar al lavadero que permitió que mi familia y yo pudiéramos subsistir. Esa gente deja de ganar dinero por regalarle agua a todo mundo", dice el hombre, haciendo alusión a un lava carros ubicado por el sector de los bajos Rosales.

Enseñanzas habrá muchas, pero algo queda claro. "Si con esto no aprendemos a ahorrar ese líquido tan precioso, puro y vital como el agua, jamás lo haremos", sentencia Isabel Castaño, niña de 11 años, que seguramente habló por el resto de 390 mil 174 manizaleños.

Por ahora, el contador sigue. ¿Hasta cuándo? Lo mejor es tener el balde listo.