7 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El poder tras los discursos

16 de octubre de 2011

Pero la historia nos ha dejado discursos que encendieron el heroísmo de los pueblos a la hora de ir, sin temor, a la batalla. A través de sus palabras, nobles y malvados líderes cambiaron el curso de la historia.

La escritora argentina Liliana Viola publicó el libro Los discursos del poder , en el que recoge discursos memorables pronunciados a lo largo de la historia por famosos oradores como Fidel Castro, Churchill, Napoleón, José Martí, entre otros. Imperdonable, eso sí, no haber incluido a Bolívar, pues sus palabras tenían un poder impresionante.

En una ocasión, mientras atravesaba los llanos junto a José Antonio Páez y su tropa; Páez le dijo que era imposible atravesar un pantano. Bolívar, con voz aireada le dijo: "General Páez, lo posible lo hacemos todos los días, lo imposible nos toca hacerlo a nosotros".

Viola advierte en su libro que además de la elocuencia del discurso, su poder de persuasión radica en la legitimidad del orador y en las circunstancias en que es pronunciado. La voz se levanta frente al silencio colectivo y expectante que aguarda la palabra autorizada que viene a cumplir una misión. Aplausos y gritos pueden acompañar el cierre del discurso.

La radio, la televisión y ahora espacios como Twiter y Facebook, son los más utilizados para llegar al colectivo.

Susan Brownell Anthony fue una feminista estadounidense. En 1873 ofreció, ante la Corte de ese país, un discurso memorable. Citó el preámbulo de la Constitución Federal, advirtiendo que cuando éste se refiere al "nosotros, el pueblo de los Estados Unidos", lo hace sin discriminación alguna. "Era nosotros, el pueblo -dijo la mujer-; no nosotros, los ciudadanos blancos de sexo masculino; sino nosotros, todo el pueblo que forma esta unión. Y la formamos, no para entregar los beneficios de la libertad; no para la mitad de nosotros y para la mitad de nuestra posteridad sino para todas las personas, tanto mujeres como hombres. Y es una burla descarada hablarles a las mujeres del placer de los beneficios de esa libertad cuando se les niega ejercer el único recurso que los garantiza y que este gobierno democrático ofrece: el voto".

Las palabras son poderosas. Lo dijo el mismo Hitler, quien comprobó que poseía un don infalible: sabía hablar.

Fouché, el político francés conocido también como el genio tenebroso, llevaba dos discursos en los bolsillos de acuerdo con el resultado de la contienda.

Churchill, por ejemplo, enfrentó su posesión como Primer Ministro del Reino Unido, justo cuando debía comandar la resistencia contra la posible invasión de Hitler.

La BBC de Londres repitió cientos de veces el discurso que ofreció ante el Parlamento inglés: "No tengo nada que ofrecer que no sea sangre, arduo trabajo, sudor y lágrimas. Tenemos delante de nosotros una terrible prueba que reviste la más seria gravedad. Tenemos delante de nosotros muchos, muchos meses de lucha y sufrimiento".

Así que no hay que menospreciar las palabras de los gobernantes que intentan persuadirnos. Pero en medio del río revuelto en el que se convirtió la contienda electoral, hay que tener, como los músicos, buen oído, porque, ya lo sabemos: a las palabras se las lleva el viento.