28 de octubre de 2021
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El paraíso no está en la otra esquina

23 de octubre de 2011

La idea de que una familia que ha estado involucrada en recientes escándalos relacionados con AIS y desplazamientos de campesinos esté promoviendo ahora un hotel de siete estrellas en el parque exige mayor cuidado aún.

Pero no se debe desconocer que no hacer el proyectado hotel no garantiza que el parque sobreviva.

Daniel Samper, que puso a todo el mundo en alerta amarilla sobre lo que se intentaba hacer, dice que el Tayrona tiene muchos defectos, desde paramilitares a falta de civismo, pero que no los tiene por ser parque sino por no serlo.

Una amenaza permanente es el dominio de los paramilitares que han matado administradores por defender la reserva y turistas por estar ahí en un mal momento, como les sucedió a los dos jóvenes científicos de los Andes en San Bernardo del Viento. Otra amenaza es la existencia de propietarios privados dentro de la reserva natural.

Los ecologistas ignoran generalmente estos problemas cuando defienden la conservación.

Y desde el otro punto de vista, el de quienes promueven proyectos turísticos, urbanísticos, industriales o mineros en sitios que son sensibles por su valor ambiental, cultural o comunitario, se desestiman los obstáculos ambientales y culturales y se sobrevaloran los aspectos "desarrollistas" de las propuestas.

Hay que analizar estos problemas sin pretender que el paraíso está en la otra esquina. Ni el hotel va a ser una solución para el Tayrona, ni evitar cualquier proyecto turístico en la zona va a garantizar que se conserve.

El escenario alternativo de los ecologistas no es un parque que funciona a las mil maravillas, sino una zona descuidada y en manos de elementos indeseables que arrasan lo que se les oponga, que no respetan la ley, las comunidades, la naturaleza o la vida.

Y el escenario alternativo de los promotores del proyecto no es un hotel "ecológico" que contribuye al desarrollo de la zona y a la desaparición de los paramilitares.

Si se concede finalmente un permiso para construir un hotel no va a haber garantía de que va a cumplirse con el objetivo de preservar la reserva natural, ni va a cesar o disminuir el dominio de los paramilitares en la zona.

En ambos escenarios alternativos lo que hace falta es Estado que defina claramente la reserva natural y la defienda, y que cumpla su papel de autoridad en la zona.

Sin un Estado fuerte e independiente, que tenga el control de la región y capacidad de hacer cumplir las normas, no va a desaparecer el problema de seguridad, ni se van a preservar los recursos naturales en cualquiera de los escenarios. Esto mismo sucede en la discusión de los proyectos mineros.

Los exministros de Medio Ambiente, los ecolofriquis y, en general, el público se entusiasman con la idea de que si impiden el desarrollo de una mina de oro como la Colosa se va a conservar el agua y se va a preservar el delicado equilibrio ecológico del páramo.

La realidad puede ser otra. Si Anglo Gold se aburre y finalmente abandona ese proyecto, a las pocas semanas van a llegar los buldóceres y las bandas armadas a protegerlos y va a brillar el Estado por su ausencia, como hoy lo hace en las regiones donde paramilitares y bandas criminales que extraen oro destruyen el medio ambiente y el paisaje sin que las autoridades los detengan.