12 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El cabaret de Natalia Bedoya

12 de octubre de 2011

Bajo la dirección del español Tino Fernández,con música en vivo y una adecuada puesta en escena que nos recuerda los cabaret de los años cuarenta y yo diría  que los sitios de diversión de los nazis en Berlín y París y de los gangsters de Nueva York, revueltos con militares y políticos,sus dos horas de duración, son de un permanente entretenimiento. Y deslumbramiento.  Atraídos por la presencia de Natalia Bedoya, nos fuimos al Teatro.Nueve de la noche. Mesas alrededor del escenario, y paciencia. No fueron puntuales con el inicio. Dejaríamos de estar en Colombia. Pero bueno.Los Martinis, de precio bogotano,ambientaron la espera.Sus ciento sesenta sillas, cuyos precios fluctúan entre cuarenta y cinco mil y sesenta mil pesos, estaban ocupadas. Y comenzó la envolvente función.Su tema, el Amor.Patricia Polanco, la contradiva, graciosa y suelta hace la introducción. Y aparece Natalia Bedoya, sobre quien recae el peso de la obra. Y los ojos abiertos. No podíamos creer que la chica del Grupo Escarcha, de las Popstars, fuera esa despampanante mujer que bajaba por las escaleras de mármol. Y que ese vozarrón, fuera el suyo.Que retumba hasta el escalofrío. Y de ahí en adelante el éxtasis. Sucedieron en su voz canciones  que han sido interpretadas por los grandes:Sinatra,Madonna, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, entre otros. Pero la voz es la de Natalia. De la misma chiquilla que en Anserma Caldas, su tierra natal, estudió en la Escuela "Celmira Piedrahita" y que después, a los once años, apoyada por su señora madre, salió en busca de la obtención  de las  las difíciles estrellas del arte. Bailó con Missi y con el Ballet de Sonia Osorio, hizo telenovelas,padeció y triunfó en Buenos Aires y Barcelona y regresó a Bogotá para consagrarse como un figura cimera, original,  del vodevil , que en su caso no es una comedia ligera si no que le ha impreso  la impronta de lo  alegre pero a la vez trágico y trascendental que es el Amor. Yo no sé. Pero el rostro de Natalia,deja traslucir a través de sus canciones una cierta tristeza, que , por lo menos para mí, fué contagiosa.El tango que bailó con Carolina Ramírez, aéreo y lésbico,nos trasladó hasta los orígenes de éste baile, que se hacía entre hombres. Y su "Ne me quitte pas", No me dejes, de Jacques Brel ( si quieren llorar,búsquenlo en internet),recuerda por su expresión y sentimiento, lo mejor de Edith Piaff. Como su Newyork, Newwyork, que  necesariamente nos remite a la expresividad de  Lizza Minelli. Pero que conste. Natalia no imita a nadie,no trata de parecerse a nadie. Es Natalia. Y punto.
 Hasta esa noche no había conocido a Natalia en persona.La invitamos a nuestra mesa y su sencillez , su afecto sin maquillajes por su tierra natal, a la que quiere regresar pronto, , su inteligencia para el diálogo y sus historias y remebranzas contadas con calidez  y sinceridad, nos encontraron con alguien que la tenemos que hacer muy nuestra, de los ansermeños y de los caldenses.Me atrevo a vaticinar que a Natalia se le van a abrir las puertas de las grandes ligas.Vayan a verla. Porque dentro de muy poco, pónganle la firma,será, en su género, la gran vedete  que refresque , remoce y engrandezca el ambiente musical y artístico del país.
Por su parte,la Martini Blues Band, Patricia Polanco y quienes actúan en los entreactos,hacen su parte con excepcional calidad.Tiene razón el exigente crítico y músico Oscar Acevedo, columnista de El Tiempo:"En esta época de estrellas musicales inmediatas fabricadas en un secuenciado y sin ninguna gracia es refrescante asistir a "Martini Blues Cabaret"……su buena calidad teatral y musical deja satisfecho al espectador."