30 de noviembre de 2021
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El 11 de septiembre de 2001: tremendas consecuencias

4 de octubre de 2011
4 de octubre de 2011

El día del atentado el Sistema de Defensa Aéreo de Estados Unidos tardó 80 minutos en reaccionar;  de acuerdo con la organización de Arquitectos e Ingenieros para la Verdad del 11-S, las Torres Gemelas no colapsaron por el impacto de los dos aviones, sino como consecuencia de una demolición controlada; es inexplicable la caída de la Torre Siete, ubicada a cien metros de las Torres Gemelas, a pesar de no haber recibido ningún impacto;  muchos especialistas aseguran que el impacto en las instalaciones del Pentágono no lo produjo la caída de un avión sino un misil, que sólo habría podido lanzar “el propio gobierno”; se afirma que el vuelo 93 de United Airlines no se estrelló en Shanksville, Pensilvania, por el motín de los pasajeros, sino que fue derribado por un caza del Gobierno, por esta razón los pedazos del avión quedaron regados en un inmenso territorio.  Otro aspecto que se tiene en cuenta es sobre la llamada Comisión de la Verdad, conformada para esclarecer los atentados; dicha Comisión ha sido cuestionada porque se creó un año después y estaba integrada por personas cercanas al presidente Bush.

Pero lo que más preocupa es la alocada y ciega guerra que se desató contra el terrorismo; un enemigo sin territorio, con armas no convencionales, con una férrea ideología y diseminado por todo el mundo.

La guerra ciega contra el terrorismo

Para los estadounidenses el ataque contra el World Trade Center y contra el Pentágono era más fuerte que el bombardeo a Pearl Harbor, porque fue un golpe directo al corazón. Y la administración de George  Bush acusó a la organización yihadista de Al Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden. En este sensible ambiente se preparó la guerra contra el terrorismo.

En el mes de octubre el presidente Bush lanzó estas contundentes palabras: “Estoy sorprendido de que la gente nos odie, no lo puedo creer. Sé que somos buenos”. Hasta esa fecha la  gente podía entender la preocupación del Presidente, pero los acontecimientos se precipitaron y la política tomó un extraño rumbo, sobre todo cuando la administración afirmó que “nadie hubiera podido saber que el 11-S iba a pasar, fue un ataque que no se podía predecir”.

Pero en realidad el 11-S fue una tragedia anunciada, la catástrofe era predecible y se podía concluir de la política practicada por los Estados Unidos desde cuando la Unión Soviética invadió a Afganistán en 1979. Los norteamericanos enviaron asesores de la CIA, armas modernas  y muchos millones de dólares, para que los soviéticos se cocinaran en su propia salsa, y tuvieran que salir del país.

Como conclusión Washington preparó y armó a los islamitas radicales, quienes veían a los Estados Unidos como al “Gran Satán”. Este inmenso país había atacado a Irak para liberar a Kuwait (1991) y sus tropas, cristianos infieles, estaban profanando la tierra del profeta Mahoma. Además el gobierno de Washington apoyaba a los dictadores árabes para quedarse con el petróleo, y ofrecía ayuda permanente a Israel mientras abandonaba a los palestinos. Así las cosas atacar a la superpotencia era una “misión divina”. Y llegaron las consecuencias: la carga de explosivos que ubicaron en un parqueadero de las Torres Gemelas, en 1993. En 1995 y 1996 atacaron varias  bases estadounidenses en Arabia Saudita y, en 1998, atentaron contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenya.

En la primavera de 2001 las agencias de inteligencia fueron advertidas sobre un inminente ataque de Al Qaeda, pero no reaccionaron ni el FBI, ni la CIA. Por eso tienen tanta fuerza las “teorías conspirativas”, planteadas en documentales, artículos y libros. Se asegura que esperaban el ataque terrorista para justificar las guerras, favorecer la industria militar y feriar los millonarios  contratos.

Las invasiones a Afganistán e Irak las justificaron con mentiras. Bush y Blair sabían que estaban mintiendo sobre las armas de destrucción masiva, pero pensaban que lo hacían “por una buena causa”. Cuando Bush entendió que tenía el apoyo de su país y el respaldo de muchos gobiernos  emprendió la guerra contra las naciones del eje del mal (empezando por Irak) en lugar de concentrarse en Al Qaeda.

En un ambiente político favorable el Secretario de Estado norteamericano Colin Powell, militar muy respetado, en sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (5 de febrero de 2003), presentó “pruebas” de que Hussein poseía armas de destrucción masiva. Dejó ver unas fotos y un frasco de ántrax, para justificar la invasión a Irak. Sin embargo dos años después cuando ya había renunciado al cargo, dijo en una entrevista que su discurso en la ONU, había sido “un episodio doloroso en mi vida y que quisiera borrar”.

Los tremendos costos del 11 de septiembre

Los estadounidenses hablan de la década perdida, que empezó con los ataques de Al Qaeda y finalizó con la crisis económica. Muchos piensan que el 11 de septiembre su país perdió la confianza; el gobierno no tiene credibilidad. Bush envió tropas a Afganistán en 2001 y a Irak en 2003, en una prolongada guerra que supera en tiempo a la de Vietnam. En estos conflictos bélicos van 225 mil muertos entre uniformados, contratistas y civiles. Los recursos económicos despilfarrados en estas  aventuras militares se estiman entre 3,7 y 4,4 billones de dólares. Con el tiempo se conocieron los excesos, la desmoralización de la tropa y la crueldad de la guerra: la muerte de miles de civiles inocentes, las imágenes de las cárceles de Abu Ghraib (Irak) y los abusos contra los prisioneros en Guantánamo. El mundo entendió que no todo vale.

Y lo más complicado es que el gobierno de Estados Unidos no ha ganado la guerra contra el terrorismo. La muerte de Osama Bin Laden en  el mes de mayo fue una paliza, pero la organización sigue viva porque es una ideología con simpatizantes en muchos países y regiones. Diez años después del 11 de septiembre Estados Unidos no se recupera del golpe: antes de este ataque terrorista las cosas  funcionaban “según el modo estadounidense”; hoy la superpotencia ha perdido terreno en el campo internacional y el puntillazo lo recibió con la crisis económica que padece, desde el año 2008.

Como colofón los Estados Unidos tienen dos agudos problemas: el déficit y el desempleo, dos amenazas agravadas por las guerras en Afganistán e Irak; son dos conflictos iniciados en forma precipitada, pero que el gobierno no sabe como terminarlos. Definitivamente la torpe guerra contra el terrorismo golpeó la moral y la confianza del país más poderoso del mundo. El orgulloso pueblo estadounidense tiene la sensación de la decadencia.