7 de mayo de 2021
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Dequeísmo, naif-naíf, hubo fiestas, subjuntivitis

4 de octubre de 2011
4 de octubre de 2011


efraim osorio

El dequeísmo no es otra cosa que el uso de la combinación ‘de que’ cuando su primer elemento, ‘de’, está de más, por ejemplo, “yo digo de que”, como se le oía con frecuencia a la ex parlamentaria Rocío Arias. Este cacofónico modo de expresarse se presenta particularmente con los verbos enunciativos, verbigracia, ‘decir, anunciar, afirmar, asegurar, aseverar, jurar’, etc. De cuando en cuando se escucha con otros verbos, como en este titular de El Tiempo: “Tras las nupcias, eran llevados de “luna de miel”, donde los asesinaban, procurando de que pareciera un accidente” (Debes saber, p. 6, IX-13-11). Para saber cuándo sobra la preposición, se sustituye la locución ‘de que’ por ‘esto’: “Digo esto”, “procurando esto”, puesto que es evidente que no queda bien, en los ejemplos, decir “digo de esto”, ni “procurando de esto”. Elemental. Es tal la terronera que muchos escritores le tienen al dequeísmo que, para no caer en él, suprimen la preposición ‘de’, inclusive cuando se necesita, de tal manera que son más los ejemplos de este vicio que del primero. Como muestra, estos botones: “…pues éramos conscientes que los departamentos no serían capaces con dicha carga”; “…en el entendido (…) que los hechos no eran sobrevinientes e imprevisibles” (LA PATRIA, Carlos Tadeo Giraldo Gómez, IX-13-11). “No hay duda que estos hechos señalan una amenaza enorme para nuestra seguridad” (Ibídem, Editorial, IX-15-11). “…también lo es el hecho que quedan dudas de gran mérito jurídico…” (Ibídem, El Fraile, IX-18-11). Como paño de lágrimas les puede servir a los transgresores este ejemplo de Cervantes, quien, no sé por qué, escribía así con frecuencia: “…con intención que Timbrio hiciese lo que ahora oiréis…” (La Galatea, Libro V). Nota: Las locuciones ‘antes que’ y ‘después que’ son castizas, como lo son también ‘antes de que’ y ‘después de que’. ***

Estoy seguro de que el columnista de El Tiempo, Carlos Castillo Cardona, estaba pensando en ‘ingenuo, cándido o angelical’ cuando usó el adjetivo ‘naif’ en la siguiente oración: “Mi naif amigo consideraba que eso sería un reconocimiento romántico a su gestión pasada” (IX-14-11). Este vocablo fue copiado del francés ‘naïf’ (femenino, naïve), que significa “natural, ingenuo, sin artificio”. Los galos, a su vez, lo tomaron del latín ‘nativus’, que, además de sus significados primarios de “que nace, que tiene un nacimiento, un origen; innato, ingénito, nativo”, quiere decir “natural, sin artificio”. Los ingleses lo copiaron del francés, lo expresan de cuatro maneras (naif, naïf; naive, naïve) y le dan el siguiente significado: “Natural o neciamente sencillo; pueril, torpe, espontáneo, ingenuo”. Pero en francés quiere decir también “que rediseña la verdad, la naturaleza”, haciendo referencia al “arte naif”, que es la única acepción con que la Academia de la Lengua acogió en su diccionario la palabra ‘naif’ (‘naíf’). Entonces, el señor Castillo Cardona empleó un galicismo inútil, pues el castellano tiene ‘natural, espontáneo’ y los antedichos adjetivos. Como el experto en teatro, Wilson Escobar Ramírez, que usa siempre el anglicismo superfluo, ‘performance’, cuando el castellano tiene las voces correspondientes: ‘ejecución, representación, actuación, función’, según la idea que con el anglicismo se pretende expresar. Nota: El ‘arte naíf’ es una corriente artística de autodidactas, caracterizada por su espontaneidad e ingenuidad; por los colores brillantes y una perspectiva original e intuitiva. Muchos años antes de recibir este nombre, nuestros campesinos ya lo  practicaban. Sus cuadros adornaban los corredores de las casas de las fincas. Recuerdo uno: En el primer plano, un árbol a la orilla de un río; al fondo, los infaltables potreros y  montañas de este pedacito de la Tierra; en el árbol, un pobre paisano, prácticamente chilingueando de una de sus ramas; en su tronco, una culebra enroscada, como la del cuadro “La fruta prohibida”, de Miguel Ángel; y en el río, un hambriento cocodrilo, esperando que cayera su almuerzo. Estupenda expresión gráfica de los dichos “estar entre la espada y la pared” y “…entre Escila y Caribdis”. Ni más ni menos. ***

Me cuesta aceptar, valga la verdad, que al padre Efraín Castaño se le haya olvidado que es incorrecto decir “hubieron fiestas”. No obstante, esto escribió: “Habían fieras que rugían al sentir que sus dominios eran invadidos…” (LA PATRIA, IX-13-11). No importa que en lugar de ‘fiestas’ se trate de ‘fieras’, porque, de todos modos, el verbo ‘haber’ (impersonal) significa en estos casos y en otros parecidos ‘existencia’, por ejemplo, “hubo, hay y habrá guerrilleros infiltrados en las universidades del país”. Creo, pues, que el traspié del padre no fue más que un ‘lapsus machinae’. ***

Estuve en el pabellón de los infectados por la ‘subjuntivitis’, y encontré allí recluido al columnista Abdón Espinosa Valderrama. Éste fue su espécimen positivo: “Similar al impresionante (crecimiento) que tuviera el Japón después de la devastadora segunda guerra mundial” (El Tiempo, IX-15-11). El especialista le aconsejó que leyera y analizara la siguiente frase para que viera la diferencia: “¡Ojalá Colombia tuviera el crecimiento del Japón!”. Sin embargo –dijo el encargado-, no hay esperanzas de mejoría, porque este paciente no sale del pabellón.