27 de octubre de 2021
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Con la cruz a cuestas

17 de octubre de 2011

El primero de ellos naturalmente es el alcalde de Medellín quien, por esa falta de circunspección que le es particular, anda metido en líos: primero, con la Fiscalía por obra de los señalamientos, a mi manera de ver gratuitos, con que inculpó canallescamente a unos líderes comunitarios de la Comuna 13 por el inexistente delito de opinión, consistente este en apoyar al candidato contrario al designado por él para sucederlo en la alcaldía, y segundo, con la Procuraduría en cuyas manos está la queja disciplinaria motivada en su ramplona intervención en política electoral, en vulgar beneficio del doctor Gaviria Correa y en sucio detrimento del ingeniero Luis Pérez Gutiérrez.

Siendo la falta del alcalde de aquellas que el Código Disciplinario Único pondera como “gravísimas”, se espera que el señor Procurador General, o su delegado, adopte medida provisional urgente para impedir más desafueros.

El segundo caso, es el de un aspirante a la alcaldía de Medellín, favorecido de las chequeras del gran capital local, del desbordado actuar del alcalde y de la inequitativa carga informativa de ciertos medios que, más agradecidos que persuadidos, sirven con obsecuencia una apetencia plagada de lugares comunes y de escaso fondo programático.

De investigaciones penales no hay que hablar, que las tiene vigentes, porque respeto la presunción de inocencia mientras no sea demostrado lo contrario, pero si tengo claro que recientes entendimientos con individuos en evidente entredicho, que han hablado claro y directo, no lo avalan para enarbolar estandartes de ética y valores para asumir la administración de una urbe dividida entre buenos y malos por los bienhechores que presumen de no haber quebrado un grano jamás.

Lo dije en Twitter: que la cebolla es muy buena para preparar tortas de chócolo, pero no para hacer política, no para gobernar. Por ese sudor que ella despide, hay muchedumbre en el degolladero. Véase pues, que como dice Mockus, no todo vale.

Ya en tercer grado está el caso del recién divorciado Ayatola, el de los empavonados rizos y mirada embelesada en lejanía como sí cavilara en los huevos del gallo. Este, renunció a la presencia en los foros entre pretendientes a la gobernación, no creo que para ultrajarlos, sino por la tirana vergüenza que acosa a quien no conoce ni elementalmente a su departamento.

Trátase de un típico ambicioso y, como aquel otro, agente de los intereses de otros más codiciosos que, poniendo a su servicio caudal enorme, aspiran a ser retribuidos a la peor manera de quien no da puntada sin dedal. El hecho pestífero demuestra una vez más la necesidad de que el Estado asuma la financiación total de las campañas políticas. La democracia no puede seguir girando alrededor del usurero dinero privado.

En cambio, hay candidatos a la gobernación de Antioquia, Álvaro Vásquez Osorio, y a la alcaldía de Medellín, Luis Pérez Gutiérrez, que no cuentan en sus pasivos con tan costosas hipotecas: ni están patrocinados por el gran capital, ni tienen de aquella clase de “amigos” detrás de barrotes con cerrojos. Son candidatos que van  exclusivamente en los hombros de la opinión pública.

Los ciudadanos ya no tragan entero, por mucho que se les trate de confundir con explicaciones vagas a tan contundentes dedazos.  

Tiro al aire: lo dijo la maravillosa madre Teresa de Calcuta: "si puedes correr, corre; si no puedes correr, trota; si no puedes trotar, camina; si no puedes caminar, toma el bordón.".