6 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una cosa es Dinamarca y otra Cundinamarca.

4 de septiembre de 2011

Recuerdo la anécdota de aquel alemán que se encuentra navegando en un río chocoano, y cuyo bote lo dirige un afro: el alemán comienza a preguntarle al afro si conoce la muralla china, si ha visitado a París y otra serie de preguntas necias a las cuales siempre le responde su interlocutor, que no, que desconocía esos lugares. El alemán le responde que en realidad ha perdido la mitad de su vida porque todo lo que le ha nombrado es de una belleza sin igual. Y no ha acabado de hacerle esta última reflexión cuando el afro le dice al alemán si sabe nadar, y éste le responde que no, y a renglón seguido le contesta el afro: “pues va a perder su vida porque nos espera un rápido que no puedo esquivar”.
Analicemos lo que un colombiano piensa de lo que debe ser su país. Primero, que tenga un servicio de salud de alta eficiencia y que abarque a toda la población, sin distingos de estratos, de clase, de religión: una educación acorde con las necesidades del entorno en que se vive y satisfacer sus aspiraciones personales según sus intereses y aptitudes y no basado en modelos extranjeros que jamás han servido para ser aplicados en nuestro medio. Esto implica unos programas cuyos contenidos apunten a la solución de nuestras necesidades y desde luego, unos docentes muy bien calificados intelectual y moralmente, que transmitan una enseñanza integral que conlleva una ética y unos conocimientos sólidos, impregnados de una alta dosis de valores que tanta falta le hacen a los docentes colombianos.
Si hay justicia, la salud  la educación y formación de nuestros profesionales no puede ni debe ser elitista. Lo anterior nos obliga a tener gente digna ejerciendo luego trabajos dignos para que amparen a sus familias con viviendas dignas.
Ese día, si llegase, podríamos hablar de Colombia, como una República independiente, Soberana y Libre. Porque suena un poco ridículo celebrar doscientos años de ignominia, desigualdades, atropellos, inequidad, miseria y violencia.
Mientas el Estado, representado por su gobierno y las fuerzas hegemónicas desde el punto de vista económico, no tome conciencia de la justicia social, desafortunadamente no va a encontrar nunca la paz, pues esta es una consecuencia de la justicia y no al contrario.
Colombia tiene muchísimo talento humano, potencial enorme de riquezas. Lo que no existe es la voluntad política para administrarlos de una manera correcta, de tal manera que favores a la mayoría de los colombianos y no se limite a enriquecer los bolsillos de los pocos hampones de cuello blanco que se encuentran enquistados en los sitios claves de poder del Estado. Resulta paradójico que un país rico como el nuestro cuente con más de un  60% de gente viviendo en la pobreza absoluta.
Sigamos celebrando los 200 años de independencia…pero quizás en otro continente.