12 de mayo de 2021
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Génesis, torrencial, agredir, contra – en contra de, una carta

29 de septiembre de 2011
29 de septiembre de 2011


efraim osorio

La palabra ‘génesis’ llegó al castellano del griego ‘génesis-eos’ (nacimiento, origen, creación, existencia; raza, linaje, generación), a través de la latina ‘genesis’ (generación, creación). En ambos idiomas, ‘génesis’ pertenece al género gramatical femenino, razón por la cual en castellano, también. Información que desconoce el señor Alejandro Samper Arango, según un artículo, en el que, además, afirma que George W. Bush “ahorcó a Saddam Hussein”. Así se expresó: “No era la Tercera Guerra Mundial, era el génesis de la política de seguridad internacional del nuevo milenio: la guerra contra el terrorismo” (LA PATRIA, IX-10-11). Un ejemplo: “La génesis de muchas guerras estuvo en la ambición desmedida de algunos gobernantes”. Además de “creación, origen o formación de una cosa”, ‘génesis’ es la “fase de formación o conjunto de hechos que forman el principio de algo”, sentido que tiene en el ejemplo presentado y en la muestra del señor Samper. De género gramatical masculino sí es el nombre del primer libro del Antiguo Testamento de la Biblia, y primero del Pentateuco, el Génesis, que empieza con estas hermosas palabras: “Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas”. ***

‘Torrente’ es una “corriente o avenida impetuosa de aguas que sobreviene en tiempos de muchas lluvias o de rápidos deshielos”. De aquí, el adjetivo ‘torrencial’, que se aplica literalmente a las lluvias cuando son copiosas (aguaceros). Pero es un adjetivo que no admite sustantivación, pues siempre pide que esté presente el nombre al que califica literal o figuradamente. La señora Sandra Inés López escribió de esta guisa: “En este momento no hay temor por acumulados de lluvias (…). Lo que sí afecta son los torrenciales porque producen mucho daño” (LA PATRIA, Primer Plano, IX-9-11). Ha debido, para ser gramaticalmente correcta, expresar el sustantivo ‘aguaceros’, “aguaceros torrenciales”, o construir la segunda oración de esta manera: “Las que sí afectan son las torrenciales…”, siempre y cuando el sustantivo ‘lluvias’ esté expresado claramente en la oración inmediatamente anterior. ***

A comienzos del recién nacido siglo XXI la Academia de la Lengua realizó un milagro de primer orden, nada menos que curar un inválido, a saber, la conversión de un verbo defectivo en uno regular. Me refiero a ‘agredir’, que hasta entonces sólo se podía conjugar en las formas verbales cuya desinencia fuera ‘i’ o empezara por esta vocal (‘agred-í, agred-ía, agred-ieron’, etc.). Y así, después del milagro, frases que antes constituían una barbaridad gramatical, en el presente siglo no lo son, como ésta, feísima en grado superlativo: “Si me agredes te agredo” (Bocas, revista de El Tiempo, 1ª. Edición, El luchador L.A. Park (La Parca), en entrevista de José Luis Tapia, México). Sobre este verbo, y ‘transgredir’, escribió don Rufino: “Pero estos verbos se resisten a ser conjugados en todas las inflexiones: no vale la pena traer a la lengua cojos y mancos” (Apuntaciones, 915). No se imaginó nunca el ilustre filólogo que la rectora de nuestro idioma les acomodaría a esos verbos, y a otros, como ‘abolir’ (‘yo abolo’, ¿yo abolo? ¡uf!), unas prótesis tan mal hechas (dizque por el uso) que ellos mismos se avergüenzan de que los vean con ellas. ¿Progreso? ¡Vacas flacas! Si algo hermoso y lógico tiene el castellano son sus verbos irregulares, invaluable tesoro que hay que cuidar esmeradamente. El escritor culto sabrá apartarse de estas concesiones desatinadas de la Academia, y echar mano de sinónimos, que son muchos. Digo yo. ***

Una cosa es la preposición ‘contra’ y otra la locución prepositiva ‘en contra de’. “Estar contra las cuerdas”, dice el dicho; y “estamos en contra de la corrupción”, pregona el candidato. Estos dos ejemplos señalan la incorrección del siguiente titular de LA PATRIA: “Contra del bullyng escolar” (IX-13-11), en el que hay tantos gazapos cuantas palabras. Su redactor tenía sólo dos opciones, o emplear la preposición sola (“contra el…”) o echar mano de la locución prepositiva (“en contra del…”). Además, en lugar de utilizar el anglicismo (mal escrito, porque debe escribirse ‘bullying’), escribir en castellano, utilizando su traducción, ‘matonismo’ (“conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o el terror”): “En contra del matonismo escolar”, o “Contra el matonismo escolar”. ¡Perfecto! ***

Con placer estético leí la carta que el 11 de septiembre de este año publicó LA PATRIA, del corresponsal Pedro Felipe Bonivento Correa: plato apetitoso y bien preparado, quiero decir, con ideas sólidas (prueba de un bagaje intelectual apreciable), presentadas en un texto bien redactado (demostración clara de su conocimiento de la disciplina –no me cambien esta palabra por ‘tema’, ¡por favor!), y con muy buena puntuación, arte difícil de practicar. Aprecié, sí, un pequeño lunar, perceptible, sin embargo. Dice así; “De acuerdo a su propia concepción…”, que, en buen castellano, debe cambiarse por “de acuerdo con” o “según”. Lunar que no demerita la pieza, valiosa sin duda. ¡Norabuena!