15 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Entre la religión y el mito.

17 de septiembre de 2011

Y si de futuro o la posibilidad de la vida después de la muerte, será la religión la encargada de dar la última palabra, ante la imposibilidad de la ciencia de dar respuestas contundentes.

No puede entonces extrañar que la religión siga jugando un papel fundamental en las sociedades modernas, pero mucho más en aquellas en donde los desarrollos científicos siguen siendo deficitarios. Y el fanatismo se agudiza sobre todo en momentos de grandes crisis económicas, ambientales, guerras y otras clases de plagas que se viven en la modernidad. Allí es precisamente cuando surgen nuevas religiones, nuevas sectas que intentan competir con el catolicismo, recurriendo a la simplicidad del ritual.

Y hablando del cristianismo, una de las religiones con más fieles en el mundo, es bueno recordar que Jesucristo  predicó su doctrina resumiéndola en dos mandamientos: “Esperanza y amor”. Es decir, “Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y la mente” y el otro: “Amar al prójimo como así mismo” ( Mateo, cap. 22,versículos 37 al 39)

¿Qué se ha puesto en práctica de estos dos mandamientos? Si analizamos un poco, nos damos cuenta que si se ama al prójimo como así mismo, consecuentemente se está amando a Dios; y por lo mismo, se está viviendo sana y solidariamente, siendo útil a la sociedad y por lo mismo, viviendo en armonía con el entorno y el medio ambiente. Un ser que honra sus compromisos y deberes. En resumen, un buen ciudadano. Ahora bien, ¿de qué se trata la vida?. ¿De practicar rituales? O de practicar y vivir una doctrina que honra la vida con el amor, con la esperanza y con la fe. Jesucristo nunca enseñó que con rituales, apologías a los seres humanos y veneraciones a figuras elaboradas por los mismos, se vuelve uno ciudadano de bien y por ende un mejor hijo de Dios.

¿Qué es el reino de la justicia?. Pues sencillamente el cumplimiento del mandato “Amar al prójimo como así mismo”. Hay que partir de la base que Jesucristo le habló a seres humano, no a los ángeles.
Una de las virtudes de Jesucristo era la sencillez y eso nos muestra la grandeza que poseía. No enseñó su doctrina con rituales fastuosos ni discursos enredados y amenazantes. Siempre habló de amor, sin perder claridad y objetividad.

Hay que tener menos ritual y más mensajes. A las iglesias asisten personas que sobrepasan los 65 años de edad y en su mayoría mujeres. La gente joven no asiste, porque escuchan lo que dicen sin amor, sin convicción, sin ejemplo y esto no convence ni a jóvenes ni a nadie y además no es la doctrina de Jesucristo. (Mateo, Cap. 5º Versículos 13 a 16)

Hay que recordar que la sabiduría y la modestia van juntas. Por lo tanto, no pretendamos se más que el que creó la doctrina, simplemente seamos humildes de corazón, no de socarronería y enseñemos con honestidad, con ejemplo y actuemos en consecuencia con lo que decimos: seguidores de Cristo, Cristianos, Católicos, ertc.

Ahora, ante la crisis de la Iglesia Católica, nos podemos preguntar: ¿Se pensó en beneficios de poder, en egoísmos, sometimiento de los demás a otros seres humanos y no al Dios prometido? Las religiones que pretenden reemplazar a Jesucristo tienen la última palabra, aunque no sea “palabra de Dios”.