17 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El vodevil de la PPP

17 de septiembre de 2011

En estas condiciones, la presente traviesa electoral puede producir más mentes creativas que líderes populares e, incluso, que aspirantes. Frente a esta profusión de talentos criollos ya sabemos por qué disminuyó el índice de desempleo en Manizales. El hecho de que haya más gente con oficio es algo muy positivo. ¡Enhorabuena!
Con el propósito de establecer una referencia histórica dentro de la temática de la PPP, es ineludible mencionar uno de los antecedentes más brillantes de la publicidad política contemporánea: Luis Carlos Galán. En sus dos grandes momentos estelares, la campaña del líder liberal sintetizó su propuesta en una sola imagen y una palabra: su apellido. Tal sinopsis gráfica trajo consigo, no sólo un extraordinario impacto, sino también una eficiente comunicación de identidad pública, además de una insuperable recordación. Y a nadie le cabe la menor duda de que Galán fue un fenómeno nacional, asesinado a punto de alcanzar la presidencia de Colombia.
Ahora bien, la actual comunicación política carece de esa línea recta entre el ‘producto’ y la audiencia o el electorado. Las posturas e imposturas de los aspirantes, junto a sus propuestas iluminantes, componen un auténtico vodevil, esa especie de sainete lleno de situaciones enrevesadas, de despropósitos argumentales. Miremos las fotografías. Pese a que los únicos tarjetones que van a llevar foto son los de alcaldías y gobernación, la PPP local presenta un abigarrado álbum de retratos de la más dispareja inspiración, calidad y formato. Las hay pulidas, terminadas a mano, de salón de belleza pobre, de hoja de vida y de ingenuidad farandulera. Además, surge un interrogante: ¿De qué se ríen tantos candidatos? ¿Será de los electores?
Hablemos de las frases que enlucen las piezas artísticas. Nos topamos, entonces, con lugares comunes y una colección de preconceptos estereotipados. Sin entrar en gramatiquería, encontramos una cantidad de proposiciones que no esconden su carácter manido y trillado. Es exótico hallar una propuesta que contenga un beneficio concreto para el ciudadano. El proceso de mercadeo político identifica oportunidades y alternativas de comunicación para elegir una fuerte idea de ventas que movilice el objetivo de la campaña, mientras motiva íntimamente al elector. Pero no, eso no se cumple por simple facilismo.
Si bien tenemos un mensaje vago o farragoso, sorprendámonos con la utilización de un absurdo alfabeto donde las letras son sustituidas caprichosamente por números o por logotipos, que convierten la lectura en otro desafío de interpretación. En el plano de la lógica más elemental, ni los dibujos ni los símbolos pueden intercalarse con las letras en la conformación de palabras. Por lo tanto, no podemos subestimar la inteligencia de la gente, pero tampoco se puede presuponer que todo el mundo esté en capacidad de interpretar esos extraños acertijos. Hasta aquí el capítulo de la PPP.
Pasemos a un secreto de los políticos profesionales y de las empresas electoreras. Se trata de la sigla TLC que ahora tiene un significado más práctico, gratificante e inmediato; para un gran sector del constituyente primario: TLC traduce ‘tejas, ladrillo y cemento’, para otra fracción igualmente novelera y oportunista, TLC, equivale a ‘tamal, lechona y cerveza’. Todo indica que el voto amarrado continúa siendo la constante histórica, el pan de cada elección.
A todas estas, ¿habrá un ser humano sensato que se le mida a tan desproporcionada, ruidosa y variopinta competencia de intereses? ¿Existirá discernimiento en el tumulto? ¿Aparecerá algún ciudadano ingenuo que se someta gratuitamente al escrutinio y al escarnio público? Estos interrogantes tendrán respuesta en la próxima columna de este redactor.