4 de diciembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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El perverso sentido del humor

29 de septiembre de 2011
29 de septiembre de 2011

Pareciera que la fiebre por producir programas de este tipo en donde se trata de gozar con la necesidad ajena, se ha extendido por todo el mundo y amenaza con llegar y quedarse en aquellos países supuestamente “desarrollados”, “cultos” y todos los adjetivos para quienes ocupan una especie de “curubito” en el escalafón del mundo. Me refiero a un país como Holanda, que hace parte del mundo nórdico desarrollado. En relación con este tema, me envía José Izquierdo un comentario de prensa en donde una cadena de televisión holandesa se ha inventado un concurso, ¡léase bien!, entre aquellas personas que van a ser deportadas (es decir expulsadas), para averiguar quién sabe más sobre la cultura holandesa y de esa manera premiarlo con una suma que podría ser del orden de los quinientos mil euros.
Y como de dinero se trata, pues no faltaron los concursantes, hijos de personas que llevan viviendo en Holanda diez o más años, que están haciendo el show con el objeto de entretener a los millones de televidentes holandeses.
La controversia no se ha hecho esperar, y muchas son las voces de quienes consideran que no es posible realizar programas para entretener a los televidentes con el drama humano de unos inmigrantes a punto de ser expulsados de un país que un momento determinado los acogió. Porque lo interesante del asunto es que los países europeos y sobre todo la industria privada, incorporan mano de obra extranjera porque es más barata o porque entre los nativos no hay interés en trabajos como la construcción y luego, cuando esos trabajadores que no demandan salud ni educación, llevan a sus familias que sí lo hacen, vienen a darse cuenta de la pesada carga que representan los inmigrantes en materia de salud y educación para los hijos y los padres de los trabajadores que un día llegaron solos a un determinado país.
Es la repetición del ciclo en lo que se refiere a los inmigrantes y la aparición de la xenofobia, en los momentos en que la crisis económica ha llegado para quedarse en Europa en los Estados Unidos. Cosa rara: ayer los europeos llegaron sin invitación alguna y se quedaron y cuando regresaron se fueron con el oro. Hoy se repite el ciclo al revés, con la diferencia que se hace efectiva la expulsión de aquellos que quieren realizar un proyecto de vida en el primer mundo, cuando las condiciones de un intercambio comercial desigual no nos favorecen.