5 de diciembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El derrumbe de los países socialistas de Europa

21 de septiembre de 2011
21 de septiembre de 2011

Después de 1945 se produjo la expansión del sistema socialista, cuando varios países ingresaron a la esfera geopolítica de la Unión Soviética; de este modo emergieron dos potencias en los campos económico, político y militar: Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La consecuencia es la llamada Guerra Fría. La confrontación entre Occidente y Oriente introdujo el término Bipolar en el lenguaje político, para explicar la existencia de dos ejes antagónicos.  Así, en las relaciones internacionales se evidenciaban las contradicciones entre Este-Oeste y Norte-Sur.

Los gobernantes que llegaron después de Stalin (Nikita Kruchov, Leonid Brezhnev, Yuri Andropov y Konstantin Chernenko) hicieron cambios dirigidos a mejorar el nivel de vida del gigantesco país; se avanzó en la apertura hacia Occidente y en la coexistencia pacífica, pero la burocracia partidista y la corrupción frenaron los avances. Andropov intentó impulsar la perestroika, algunas reformas, apoyado en el Buró Político, pero no tuvo tiempo.

El desplome de la Unión Soviética y de los países socialistas de Europa

Hacia 1985 la URSS atravesaba por una aguda crisis: escaseaban muchos productos de la canasta familiar, la burocracia se llevaba buena parte del presupuesto y el bienestar social llegaba sólo al estamento que recibía altos salarios. El pueblo hacía bromas: “¿Qué es el caviar? Un exquisito manjar que consume la clase obrera a través de sus dirigentes”.

Para prevenir el empeoramiento de la crisis se planteó la necesidad de introducir cambios económicos, políticos y sociales. En 1985 Mijail Gorbachov habló de la “Perestroika”: una transformación para reestructurar el socialismo, deformado por los dirigentes que llegaron después de Lenin. Se proponían reformas económicas, políticas y sociales, con el fin de hacer avanzar la sociedad soviética e impulsar la democracia.

En abril de 1985 un pleno del Comité Central del Partido Comunista de la URSS autorizó a Gorbachov, su Secretario General, para estructurar y aplicar la perestroika, el programa más radical en reforma económica, después de la llamada Nueva Política Económica, de 1921.

La llamada perestroika se consideraba una reestructuración radical de la gestión económica, pues contemplaba aspectos tan complicados como los siguientes objetivos fundamentales: “la completa intensificación de la economía soviética, el renacimiento y desarrollo de los principios del centralismo democrático en el manejo de la economía nacional… El estímulo total a la innovación y a la iniciativa socialista… Mejores condiciones de vida y trabajo, descanso y recreación, educación y cuidado de la salud” (27 Congreso del PCUS, 1986).

Pero el enfermo estaba muy grave y los cambios propuestos se convirtieron en un tornado. El “Glasnost” (transparencia política), los nuevos aires de democracia, la perestroika y el protagonismo de Gorbachov sacudieron al pueblo, lo despertaron y la juventud obrera, los estudiantes, los artistas y los intelectuales, precipitaron los cambios; así se derrumbó el modelo socialista de Europa.

La coyuntura fue aprovechada por políticos sagaces y oportunistas como Boris Yeltsin, y el proceso se aceleró. Nadie imaginó que las transformaciones se iban a producir con tanta velocidad y, en pocos meses, se hundió el Estado Soviético, después de 70 años. Los dirigentes políticos de Occidente trataron de adueñarse de este “triunfo ajeno”. Se lanzaron osadas teorías; por ejemplo el politólogo Francis Fukuyama anunció el fin de la historia. Al desaparecer la amenaza comunista reinaba el capitalismo, “se terminaban las ideologías” y triunfaba el neoliberalismo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial podían imponer sus reglas en todo el mundo.

Se empezó a hablar del mundo Unipolar; de un proceso de acercamiento entre los antiguos países enemigos. De este modo se  escondía el conflicto norte-sur, o países ricos y países pobres; mientras tanto el mundo marchaba, en forma acelerada, hacia el sistema neoliberal.

Algunas conclusiones

En junio de 1991 se disolvió la Unión Soviética y, hoy, cuando se analizan los acontecimientos con cabeza fría, se puede entender el papel jugado por Gorbachov. La conclusión es que no tenía las condiciones de liderazgo para orientar la reestructuración del modelo socialista desde adentro.

Muchos politólogos e historiadores piensan que los dirigentes que vivieron y orientaron dicho proceso histórico aprovecharon la coyuntura para destruir el socialismo burocrático que se había enquistado en los países socialistas de Europa. Buena parte de esta dirigencia parasitaria, apoltronada en el poder, aprovechó el desprestigio del modelo socialista, odiado por la mayor parte de la población y avanzó hacia su destrucción. Pocos años después, estos mismos dirigentes corruptos se apoderaron de las empresas y controlaron el poder  en las antiguas repúblicas socialistas de Europa.

Lo paradójico es que hoy, veinte años después, los países desarrollados viven su propia tragedia: no han podido salir de la crisis que padecen desde septiembre de 2008. Hay descontento social y protestas en tres continentes; mientras que en Europa se habla del fracaso del capitalismo, el país más poderoso del mundo no encuentra el remedio para su crisis económica.