17 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Desde la Ciudad Milagro

1 de septiembre de 2011
1 de septiembre de 2011

El Pecoso es de buenas con el reciclaje de viejas glorias del fútbol que modestamente buscan terminar sus periplos en el Deportes Quindío a falta de la voluntad de Hernando Ángel de dotarle de nuevos jugadores que le permitan conformar un equipo competitivo.

Ya había pasado en el deportes Quindío algo similar con Leider Preciado y con Leonel Álvarez, for exemple.

La lujuria por el tempranero gol del viejo chocoano, a quien además le anularon dos por evidentes fuera de lugar, arrebató el sentimiento de Gustavo Moreno quien hacía poco se había vestido de Fifa. Otro jurásico, que se recicla de vez en vez.

Quienes no  conocen de este asunto futbolero no salían del asombro al escuchar el nombre de Ricard, perdido en el tiempo,  y menos saber  que desde hace una década no  propinaba anotación alguna en el suelo colombiano que lo vio nacer. Abstinencia goleadora proveniente de su largo período en la extranja, seguramente.

Unos desprevenidos sintieron un escalofrío tal que de inmediato pensaron en Sabino Bártoli, un cabeza rapada que no solo actúo en el medio campo cafetero sino que asumió sus riendas como técnico en una de sus tantas crisis.

¿Ricard jugando aún?  Dónde está entonces para la alineación Juan Eugenio Muriel quien se pasa largas horas tratando de hacer una copia de la llave de San Pedro del antiguo camerín del San José. Podría solucionarle de paso el problema en la retaguardia a don Fernando.

A James Padilla, el number one, se le podría ocurrir que Severiano Ramos dejara su temporal estadía en algún lugar del etéreo infinito al lado de su Blanco del Valle y el Pielroja para que apoye las peripecias técnicas del Pecoso.

Sería prudente y necesario fichar a Jairo Hernández, el ex seleccionado colombiano, que anda por ahí formando nuevas generaciones de futbolistas. Reeditaría sus goles con Millos, a lo mejor.

Si Pedro Alzate Rozo dejara su cómoda pensión con el Sena y le robara un tiempo a sus enseñanzas en la Eam podría, porqué no, lucir la verde sin la V, de la escuadra quindiana, y de paso enseñarle a esos muchachos como se le pega con el empeine a la carateja.

Reciclar ha sido beneficioso para el Pecoso y de paso para las intenciones de Ángel.

Los medios de comunicación no necesitarían algo parecido porque hace 40 años James Padilla ejerce el liderazgo en RCN pontificando y dándole manivela a hinchas y directivos  sin que haya podido ver por gracia del infortunio a su equipo campeón. Y ya lo  privó el destino de esa opción, sin duda.

En Caracol no necesitan reciclaje porque los narradores no existen y Danilo Gómez es tan buen profesional que lo pasean por todo el país para que los españoles puedan ahorrarse unos pesos de más.

Los Comandantes son dinosaurios con Rendón y Valencia a la cabeza, fichados para hacer parte de la logia de eternos comentaristas en la nueva edición de la historia del onceno cafetero aumentada y corregida por Gómez Herrera. Se salva Beto.

Si Henry Pineda o Arsecio Chica resucitaran no cabría duda de que no sentirían el paso del tiempo y sin ningún problema podrían cantar un gol de Ricard con la misma naturalidad y encanto que lo hicieron con los fenomenales de Urruti, porque lo mismo que en la eternidad por estos lados no se percibe el paso del tiempo.

Mientras Hernando Ángel sea el dueño del Quindío podremos entender que cualquier vieja estrella del fútbol puede encontrar cobijo en el Quindío y de paso sacarle unas destelladas de pasión a los doscientos fervorosos de cada quince días en el Centenario.

No importa que a Padilla se le haya caído el pelo, ni que a Javier Osorio le estén preparando su pensión en el magisterio u Oscar Orozco se haya muerto, lamentablemente, sin que hayan podido acariciar la posibilidad de ser naturales actores de la segunda estrella.

El reciclaje es tan jodido que un viejo pergeñador de notas políticas se metió atrevidamente en el sugestivo mundo del deportes Quindío, así la memoria le haya fallado intencionalmente, porque de pronto reviven a Merardo Garay o al Negro Chola, quienes dizque fueron fichados hace cerca de una centuria en las selecciones Caldas y Quindío y los puedan por arte de birlibirloque no solo poner a narrar las tragedias del equipo cafetero sino que, por demás, el Pecoso les podría echar el ojo. Así está la cosa.

¡Gol de Ricard!