4 de diciembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿De quién es la culpa de los desmanes?

23 de septiembre de 2011
23 de septiembre de 2011

Qué metida de patas la de quienes pensando en modernizar la democracia colombiana, tiraron por la borda el orden moral municipalista dejando en manos de gamonales menores la suerte de los pequeños municipios colombianos. Por supuesto que ni las grandes ciudades se han salvado. Las metrópolis, donde se suponen están los votos reflexivos, los no amarrados e independientes, han sido víctimas de mayor calado y ahí está Bogotá como ejemplo. Ha sucedido en Cali y en Bucaramanga, y pese que la prensa local denunció a Iván Moreno Rojas, el encartado senador hermano del suspendido alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, nada hizo la justicia nacional para salvar a Bucaramanga de sus garras; ha pasado en numerosas ciudades del país; Armenia ha sido víctima de desgraciados y corruptos alcaldes, que llegaron al cargo a robar, a aprovecharse de los dineros públicos, a diluir y acabar con la dignidad de una sociedad que como en otras oportunidades hemos dicho, tiene mejor pasado que presente.

No pocos alcaldes en Colombia tomaron a pecho la ley 142 sobre servicios públicos. Se aprovecharon de las posibilidades privatizadoras y de la legalidad del sistema de contratación y/o de enajenación del patrimonio público. Eso tiene caliente al país. En el Quindío se está empezando a sentir la inconformidad y está bien que se manifieste, pero dentro del orden y el respeto a ley, a la vida y a los bienes de los ciudadanos.

Rechazamos la alteración del orden público, el desorden social y los desmanes callejeros que tuvieron ocurrencia en el municipio de La Tebaida, aunque estamos de acuerdo con el derecho de los ciudadanos a condenar los abusos en el cobro de los servicios públicos.

No es posible aceptar la violencia, ni se puede permitir la actuación de vándalos dedicados a la destrucción de los edificios públicos y de bienes particulares como sucedió esta vez en uno de los municipios más importantes del área metropolitana no declarada del Quindío, el municipio de La Tebaida. Lo que sí hay que entender, es que los ciudadanos están cansados de los actos administrativos contrarios a la razón. La gente ya no quiere aceptar con sumisión los abusos que se cometen en algunos municipios del departamento por alcaldes que se dejaron contagiar del sarampión de la corrupción con la disculpa de mejorar los servicios públicos, privatizándolos para que al bolsillo de terceros lleguen dineros que salen de la lucha honrada, del trabajo o simplemente del esfuerzo de los usuarios para pagar los costosos cuestionados servicios.

No hay por qué promover actos bochornosos y de violencia que alteren la paz y que desdibujen el buen nombre de los territorios urbanos del Quindío, pero existen motivos suficientes para el descontento por los atropellos de ciertos prestadores de servicios en perjuicio de la población, sobre todo de la más pobre y vulnerable del departamento.

Los habitantes de algunos de los municipios del Quindío están viviendo en zozobra, empezando por Armenia y como consecuencia del tratamiento deshonesto en el cobro de los servicios de aseo, acueducto y alcantarillado —entre otros—. El servicio de energía tampoco es que lo estén regalando en el Quindío. Esta es la segunda región del país en la que más caro se paga por kilovatio hora consumido. Pero ese es otro cuento acerca del cual nos tendremos que ocupar un día de estos.

Lo de ahora con el servicio de aseo y de acueducto y alcantarillado, viene del ejemplo que hace ocho años se dio en la capital quindiana. La honestidad oficial se fue para los infiernos por obra y gracia de administraciones empeñadas en obtener ganancias superiores a las de la gente buena en su trabajo honrado. Al Quindío se vinieron a acampar corruptos y encontraron fácilmente cómplices para sus aberrantes propósitos. El valor del servicio de aseo se desbordó en Armenia y como rápidamente los alcaldes de otros municipios conocieron las “bondades del negocio” se metieron en él —se inventaron otras firmas asociadas— y pusieron en práctica la misma angurria inmoral. Nos preguntamos entonces: ¿Quién tiene la culpa de los desmanes?