5 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Cómo nos cambia la vida…

11 de septiembre de 2011

La historia del soldado William Domínguez -asesinado recientemente en Bogotá-, es ejemplo de la de muchos soldados, policías y civiles.

Su asesinato puso sobre el tapete otra vez más el poco acompañamiento que se les brinda a civiles, policías y militares luego del cautiverio.

La readaptación a la vida familiar, social y laboral es muy compleja. Los hogares de varios policías y soldados se deshicieron, así como los de civiles también liberados.

La muerte de Domínguez parece encarnar lo devastadora que es la guerra en Colombia: un camino perverso marcado por la sangre, la desmovilización, los desaparecidos, el secuestro, la fama y el olvido.

Ante las cámaras, recién liberado de las selvas colombianas, Domínguez entonó la canción Cómo nos cambia la vida , con su voz entrecortada y un tanto desafinado.

Incluso en el programa La Luciérnaga , de Caracol Radio , le hicieron una parodia. Él, saliéndole al paso a las burlas, confesó que no le molestaba; por el contrario, gozaba cuando lo imitaban.

"Yo siempre digo que si no se pone bravo el presidente Uribe cuando lo remedan, ahora qué me voy a poner bravo yo", dijo.

Desde muy joven Domínguez ingresó al Ejército y se fue a combatir a la guerrilla en el monte. Fue secuestrado en un combate con las Farc y soportó ese flagelo durante dos años. Allí lo obligaron, a través de unas pruebas de supervivencia, a decir que él había visto a Emmanuel, el hijo de Clara Rojas. Ello, sin embargo, no era verdad, pues el pequeño estaba en el Icbf.

Hay casos dramáticos de exsecuestrados. Por ejemplo, el de un soldado que está acusado de un "falso positivo". Fue uno de los que se salvó durante el fallido rescate del gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, el ex ministro de Defensa, Gilberto Echeverri, y otros policías y soldados. Este soldado se reincorporó al Ejército meses después de su liberación y hoy está a punto de ser condenado, luego de que unas ONG denunciaron un supuesto asesinato de civiles.

Las circunstancias que rodean a los exsecuestrados no son sencillas. Después del show mediático viene el olvido de la sociedad y del Estado. Y luego la depresión, pues sicológicamente no se está preparado para enfrentar la realidad. Muchos de ellos no cuentan con asistencia social, económica y siquiátrica por parte de entidades especializadas. Así, quedan a la deriva.

Falta evaluar qué proceso de atención se les debe dar a los exsecuestrados. Este debe ser un compromiso del Estado. Ojalá que el rumor de que Domínguez consumía drogas sea sólo eso, un rumor. Pero si fuese así, no tendría por qué ser señalado: la etapa de depresión producida por las secuelas del secuestro es dura y muchos flaquean.

"Para escribir tragedia hay que sentirla, y para sentir la tragedia hay que ser consciente del mundo en que uno vive", escribió el filósofo inglés Bertrand Russel, en L a conquista de la felicidad.

También afirmó que es completamente imposible ser feliz sin sentirnos comprendidos. Coincide esto con lo que los griegos solían decir: "comprender es perdonar". Y en esta sociedad intolerante, algunos no perdonan.