4 de diciembre de 2021
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Opiniones sobre un candidato

28 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011

Cesar Montoya Ocampo y José Miguel Alzate se han trenzado en un inteligente debate sobre este tema. Considero que este debate solo beneficios puede traer para el futuro de Aranzazu.  De un lado, la sesuda posición de Montoya Ocampo se queda en la defensa a ultranza de la juventud, sin tener en cuenta los riesgos que lleva esa posición. Del otro, José Miguel Alzate expone unos argumentos razonables sobre la inexperiencia administrativa del candidato. Quiero afirmar algunos argumentos  de los ya  expuestos, invitando a los lectores a sumarse a este necesario debate. Sobre todo cuando dos excelentes plumas de nuestro terruño se han expresado con autoridad sobre el tema.
William Ruiz es un candidato de 22 años con buenas cualidades en aspectos de su vida personal, con un futuro promisorio, que se está formando como profesional, con integridad moral. Hasta dónde me he podido informar, tiene madera como político Pero creo que en este momento no es un buen candidato a la alcaldía.  Por su juventud, Ruiz no recoge el sentir y las aspiraciones de los votantes. Eso, al menos, pienso yo.
La juventud es un valor que conlleva la fuerza para lograr grandes propósitos, que no requieren el señalamiento o la cooptación por decisión de los líderes políticos; la juventud implica un panorama amplio y abierto de desarrollo, que a su vez enriquece y estimula su crecimiento. Pero el conocimiento sobre administración pública es indispensable para garantizar una buena gestión al frente de una alcaldía.  
Como es claro en la actualidad política del país, los organismos de control,  Procuraduría y Contraloría, se encuentran atentos al menor hallazgo por acción u omisión, que tarde o temprano puede generar consecuencias penales y disciplinarias para el futuro burgomaestre, como ha sucedido en ciudades como Manizales, o actualmente en la ciudad de Bogotá, generando atraso y pobreza para las comunidades.
La administración púbica es un ejercicio que debe combinar la experiencia con la fuerza de la honestidad y la credibilidad, dado que en cuatro años de gobierno es posible revertir el destino de cientos de ciudadanos hacia un horizonte esperanzador, o bien, hundir sus aspiraciones en el ostracismo y en el atraso social y cultural. Esta decisión que tanto los líderes políticos como los ciudadanos, ahora se plantean, es de sobrada importancia. Allí ponen en juego también el futuro y el equilibrio necesario para lograr un justo desarrollo de la municipalidad.
Habrá que conocer, también, las posibilidades que ofrece el programa de gobierno del candidato. Estudiando el alcance y el conocimiento aplicado de las potencialidades y debilidades del municipio, podremos juzgar y tomar una decisión adecuada. Es responsabilidad colectiva elegir un buen alcalde.