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La encrucijada de Mockus, mejor un buen divorcio que un mal matrimonio

4 de julio de 2011
4 de julio de 2011

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroDice Enrique Peñalosa que el Partido Verde sin el uribismo y sin la U no puede ganar la alcaldía de Bogotá. Mientras tanto Mockus rechazó el apoyo de ideologías diametralmente opuestas; prefiere quedarse solo y ofrece una lección de ética.
Refresquemos la memoria. La pasada campaña presidencial fue muy interesante por la dinámica que introdujo el recién nacido Partido Verde. Después de ocho años del gobierno de Álvaro Uribe los colombianos estábamos cansados de la politiquería y de los escándalos: el referendo reeleccionista, el caso de Agro Ingreso Seguro, las chuzadas ilegales, los falsos positivos o asesinatos, la corrupción del Congreso, la cacareada seguridad democrática y el surgimiento de las bandas criminales. Como consecuencia había crecido el descontento contra la política tradicional.
En este punto el Partido Verde, capitaneado por Mockus, planteaba la “legalidad democrática” y la lucha contra la corrupción y la politiquería. Los tres ex alcaldes de Bogotá, Mockus, Peñalosa y Garzón, entendieron que Sergio Fajardo podría ser una buena fórmula para la vicepresidencia e impactaron en la opinión pública, buscando el voto independiente.
En una nueva forma de hacer política, sin maquinaria electoral, se fueron distanciando del uribismo en los temas de educación, salud y problemática agraria. Aprovecharon las redes sociales y creció el fervor entre estudiantes, docentes, trabajadores de la cultura, jóvenes, abstencionistas y soñadores.  Y todo el mundo se llevó un buen susto, en abril del año pasado, cuando Mockus aparecía en las encuestas superando a Juan Manuel Santos.
La estrategia del Partido Verde era muy simple: luchar contra la corrupción y contra las sucias mañas, atacar la política uribista, que había producido la división entre los colombianos.  Se planteó el cambio, pero sobre todo la esperanza. Esto produjo la efervescencia de la ola verde que sorprendió a los mismos dirigentes del Partido. Pero la campaña política se había madurado biche y los programas, armados contra el reloj, tenían serias fallas. En el desenfrenado entusiasmo, Mockus cometió varios errores, especialmente en el manejo del programa de campaña, en las entrevistas y en el desprecio al Polo Democrático.
En este candente ambiente, la campaña de Juan Manuel Santos cambió de estrategia, contrató los servicios de Juan José Rendón, el Rey del Rumor y de la guerra sucia. En las entrevistas Santos cobró a Mockus las dudas y ambigüedades. De este modo se fue desvaneciendo la ola verde. La campaña de Santos amarró la votación con los varones electorales de los partidos liberal y conservador, utilizó los dividendos del programa Familias en Acción y, como era de esperarse, obtuvo una aplastante victoria.
Pero el Partido Verde logró una cosecha no despreciable: tres millones y medio de votos, más tres consignas de campaña que dejaron huella entre los colombianos, “Que cada uno de nosotros asuma que la vida de los demás y la vida propia son sagradas; que no todo vale y que podemos alcanzar los resultados buscados, sin sacrificar los principios”.

La relación Uribe – Peñalosa

La representante mockusista Ángela María Robledo dice que el apoyo de Uribe resta votos; en una entrevista en El Espectador (abril 24, 2011) anotó que “el ex presidente utiliza una prácticas políticas que lesionan la institucionalización. Fíjese que él, en sus mensajes en twitter, habla de Peñalosa y le pide a él que se siente con Lozano o con Óscar Iván Zuluaga, pero nunca menciona el marco de los partidos, menos el del Verde. Se refiere al individuo Enrique Peñalosa. No sé si de ahí se puede deducir que Uribe quiere provocar una fisura”.
Entonces ¿por qué Uribe apoya a Peñalosa? Se dice que el acercamiento entre Enrique Peñalosa y Álvaro Uribe es algo natural; los colombianos recuerdan a Peñalosa por su experiencia como alcalde de Bogotá, más que por su militancia en el Partido Verde. Por eso es normal el apoyo del ex presidente Uribe; sin embargo esta ayuda viene acompañada del desprestigio de los ocho años de gobierno y de las ollas podridas que se están destapando. Este patrocinio y adhesión perjudican a Peñalosa y benefician a Uribe y a sus alfiles, huérfanos de poder, deseosos de conquistar la alcaldía de Bogotá, que es el segundo cargo más importante del país. Incluso desean que Uribe se postule y que alcance una aplastante victoria.
De todo esto se deduce que Uribe desea destruir el Partido Verde y por esta razón entró por la puerta de atrás. ¿Será que Peñalosa no se da cuenta? Hay un hecho muy claro. La versión libre a la que fue citado el ex presidente el 16 de junio por la Comisión de Acusación de la Cámara,  por el escándalo de las chuzadas y seguimientos ilegales del DAS, se convirtió en un show mediático. Uribe, para aprovechar semejante vitrina, caminó desde el Capitolio y tomó la carrera Séptima, acompañado por sus seguidores y escoltas en una manifestación política, seguramente programada. Recibió aplausos de sus seguidores y la rechifla de sus críticos; dejó muchas inquietudes sobre sus aspiraciones políticas. Parecía en campaña por la Alcaldía de Bogotá. ¿Qué pensará Peñalosa?

El sapo que Mockus no se pudo tragar

Para Peñalosa la adhesión de Uribe significa, no sólo el apoyo del uribismo, sino también del Partido Conservador. Mientras tanto Lucho Garzón plantea que el Partido Verde puede recibir los apoyos necesarios, pero de personas que no hayan sido condenadas y por lo tanto el ex presidente Uribe está en su derecho de apoyar a Peñalosa. Así, surgieron dos tendencias irreconciliables en el Partido Verde: la de los Visionarios de Mockus, y la que integran Opción Centro (de Lucho Garzón) y el peñalosismo.
Mientras tanto Mockus actúa de acuerdo con sus principios y, en esta dirección, es el dueño natural del Partido Verde; para él,  el movimiento nació como una crítica al “todo vale”, que hizo carrera, especialmente, durante el segundo gobierno de Uribe; recibir su apoyo significa darle la “absolución electoral”. Al respecto dijo Mockus,  “puse a Enrique a escoger, y escogió a Uribe y al uribismo”.  Y fue mucho más realista: “El motivo de mi renuncia se llama dificultad para convencer a un partido político que le exija a otro partido político una toma de distancia  frente a las prácticas de los últimos ocho años”. Después de abandonar su partido pronunció estas palabras que dibujan la dimensión y la gravedad del problema político: “Hubo un sapo que  quise tragarme, pero a la hora de tratar, de deglutirlo, se infló, se agrandó y no pude digerirlo”.

Mejor solo que mal acompañado

Ahora salta la pregunta: ¿Quién gana y quién pierde en el Partido Verde? Todos pierden, especialmente el Partido; Mockus, el símbolo, se quedó sin plataforma, sin la tribuna adecuada para presentar sus ideas. Sin embargo  podría lanzarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá. Sergio Fajardo seguirá con su campaña por la Gobernación de Antioquia, mientras que Peñalosa caerá en un partido de la nueva derecha que es su nicho natural; podría ser el más damnificado. En cuanto a Lucho Garzón volará como una mariposa, haciendo oportunismo político y procurando caer parado. Pero quedan tres millones y medio de votantes que creyeron en el Partido Verde, buscando la esperanza. Por último, Antanas Mockus le da otra lección al país: No todo vale.