16 de junio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿Hay que sacrificar comerciantes?

10 de julio de 2011
10 de julio de 2011

En ese afán, la alcaldesa encargada de Bogotá, está tratando de enderezar lo que venía torcido y aunque se le advierte buena voluntad, parece que ya dió su primer paso en falso.

Como la capital colombiana ha demostrado que los índices de violencia, inseguridad y agresividad han aumentado, la funcionaria decidió reglamentar el expendio y consumo de licores en más de 80 mil pequeños establecimientos comerciales de la ciudad, aduciendo que el consumo de bebidas alcohólicas estimula el crimen y es el origen de la mayoría de delitos. La medida básicamente autoriza la venta de licores entre las 10 de la mañana y las 11 de la noche de cada día.

Entiendo perfectamente el afán de la funcionaria por rebajar las alarmantes estadísticas en este campo, pero realmente: esa es la solución al problema?

Me da pena con la señora, pero a mi juicio está equivocada.

No creo que sea justo afectar a un sector económico (comercio de licores) restringiéndole horarios de ventas, cuando en mi sentir como ciudadano los motivos del delito son otros.

La medida a mi juicio es tan absurda, como si para curar un cáncer el médico le formulara a su paciente ver dos películas semanales de ciencia ficción.

Qué tiene que ver lo uno con lo otro?

Pues nada.

Los orígenes del delito son otros: el desempleo, la falta de posibilidades de vida (vivienda, alimentos y educación), la injusticia social y por qué no decirlo, en la frustración de quienes viendo el despilfarro de los dineros por parte de la administración capitalina, tienen que soportar económicamente a una familia en medio de la pobreza y la necesidad.

Los altos índices de criminalidad que se experimentan en una ciudad no se combaten sacrificando a un altísimo número de comerciantes que pagan impuestos y devengan su sustento con la comercialización de licores, sino con un mayor compromiso de las Fuerzas Armadas en el control de la ciudadanía.

Por razones personales y profesionales estoy en las calles bogotanas por algo más de 12 horas cada día y admito que la presencia y el control policial está circunscrito a ciertos sitios nada más, mientras que hay sectores donde los ciudadanos transitan libremente portando algún arma, sin que nadie diga nada.

Cuantos crímenes se pudieran evitar y cuantas armas se decomisarían, si la policía tuviera dentro de sus funciones diarias la identificación de personas y requisas esporádicas a transeúntes en los barrios de todos los sectores, en los parques, en los paraderos de buses, en los supermercados, en los centros educativos, etc.?

Cuantas armas se pudieran decomisar si los retenes de la policía no se limitaran a saber si el conductor ingirió alcohol o no y se mirara un poco más allá?.

Por estas y muchas razones más, me atrevo a decir que la medida de restricción de venta de licores asumida por el gobierno de Bogotá, no es acorde con el mal de la urbe ni la varita mágica que haga el milagro.

Quizás con la norma en vigencia, las estadísticas reduzcan en el futuro el índice de las peleas callejeras entre borrachitos… Y el resto?.

Los atracos a personas, el “fleteo”, el robo de teléfonos celulares, los homicidios, los atracos y asesinatos de taxistas, las estafas, los robos a residencias familiares, la venta de estupefacientes, las violaciones sexuales, para no citar sino unos pocos delitos, desaparecerán al restringir la venta de licores?

No hay que perder de vista las facultades que la ley 4 de 1991 le otorga a un alcalde como Jefe de Policía. Se trata de trazar una estrategia sin necesidad de sacrificar una actividad comercial lícita como es la comercialización de licores.