16 de junio de 2021
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Apear, prístino, más… que, asunción-ascensión, se los digo

7 de julio de 2011
7 de julio de 2011

El verbo ‘apear’ (transitivo, que puede ser pronominal, ‘apearse’) significa “desmontar o bajar a alguien de una caballería, de un carruaje o de un automóvil”. Extrañamente, el padre Efraín Castaño  le da el significado de ‘cabalgar’ en esta oración: “…el paisaje era gris y las horas pasaban como apeadas a lomo de un lánguido, despacioso y casi indiferente camello…” (LA PATRIA, VI-15-11).  “…como llevadas a lomo de…”, tal vez, padre.  En el mismo artículo dice: “…con el ansia de ver tan siquiera un pequeño espacio para el deporte, el juego, la fanfarria”. En esta oración, su redactor confunde ‘fanfarria’, pienso yo, con ‘algarabía, jolgorio, relajación’, o quién sabe con qué. Ello es que ‘fanfarria’ quiere decir “conjunto musical ruidoso a base de instrumentos de metal”, o su música. Significa también “baladronada, bravata, jactancia”, acepciones que explican el tan conocido adjetivo ‘fanfarrón’. Más todavía: “…quiere abrir de par en par las puertas al pequeñín que llega jalonado por la certeza de que allí se le recibe bien…”. Muchas veces he hablado del verbo ‘jalonar’, que significa  “poner jalones o mojones”, sólo esto; por lo tanto, no es sinónimo de ‘halar’ (jalar). Para su consuelo, padre, son ‘infinitas’ -adjetivo muy del gusto de  Cervantes- las víctimas de esta confusión. Finalmente: “…pero la débil y pequeña espalda del hermanito le ha servido de estandarte de fuerza y valor”. Le confieso, padre, que esta frase me dejó viendo un chispero, porque el ‘estandarte’ no es más que una insignia, un pedazo de tela rectangular pendiente de un asta, usado por los militares (especialmente los cuerpos montados) y por corporaciones civiles o religiosas. ¿Entonces? ***

En una de las infaltables ‘apologías’ semanales que el doctor César Montoya Ocampo hace del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, en la del 16 de junio, leemos lo siguiente: “Un gobernante de prístina moral” (LA PATRIA). Se refería al ex presidente Carlos Lleras Restrepo. Justa su apreciación, pero equivocado el adjetivo ‘prístino-a’, porque lo confunde con ‘transparente, claro, cristalino, límpido’. Lo confunde, digo, puesto que eso fue lo que quiso expresar; pero ‘prístino’ significa únicamente “antiguo, primero, primitivo, original”, por ejemplo, cuando decimos que “La Veintitrés debe recuperar su prístino y seductor encanto”. Dice también: “Más alta en importancia a la Dirección Jurídica de mayor rango, y autoridad a la Dirección del Das existía otro poder, autócrata y caprichoso…”. La construcción “más… que” es tan elemental, que hasta me pongo ‘colorao’ al hacerle esta glosa. En el libro “Guarniel de exageraciones”, de Gonzalo E. Aristizábal Alzate, encuentra mil ejemplos de esta construcción comparativa, por ejemplo, “Más demorada que una quincena del magisterio”. Así que, doctor Montoya, a leer el libro del señor Aristizábal, a ver si se le pega la manera correcta de hacer la construcción de marras, y a cambiar esa preposición ‘a’ por la conjunción ‘que’: “Más alta en importancia que (…), y autoridad que…”. De esta manera, a quienes lo leemos nos quedará más fácil entender sus infaltables apologías. ***

Me contaron, no mis abuelos, sino un par de profesionales, que algunos médicos de las muy conocidas EPS están pronunciando la palabra ‘síndrome’ como si fuera grave (gramaticalmente hablando, no patológicamente, por supuesto): sindróme. En medicina, ‘síndrome’ es el “conjunto de síntomas característicos de una enfermedad”. Es también el “conjunto de fenómenos que caracterizan una situación determinada”, por ejemplo, ‘el síndrome de Estocolmo’. El vocablo este viene del griego ‘’synédramon’ (yo concurrí, me junté) a través de ‘syndromé’ (concurso, acción de juntarse). Esta tendencia a pronunciar ‘sindróme’ se está convirtiendo en un síndrome entre los médicos. ***

Todos los colombianos sabemos que Juan Gossaín es periodista, escritor y miembro de la Academia Colombiana de la Lengua. No es, pues, necesaria su presentación. En su artículo, “Para papá, mi mamá…”, se refiere a las fiestas dedicadas a la Virgen María, y menciona la de la Ascensión (El Tiempo, VI-18-11). Hay una gran diferencia, señor, entre los vocablos ‘asunción’ y ‘ascensión’: el primero es pasivo; el segundo, activo. Como la Iglesia Católica enseña que la Santísima Virgen María ‘fue subida’ al cielo, la palabra indicada es ‘asunción’ (del latín ‘assumptio’, “acción de tomar”), que, cuando se refiere a la enseñanza de la Iglesia, debe escribirse con mayúscula inicial: la fiesta de la Asunción. No obstante, es explicable en él, y en cualquiera, esta confusión. Lo que sí no es explicable ni perdonable en escritor de tan larga trayectoria como él es la siguiente frase en el mismo artículo: “Si me preguntan a mí, se los digo con franqueza”. Este desubicado ‘los’ reemplaza a un elemento singular de la oración, a saber, ‘lo que alguien piensa del Día del Padre’, caso en el cual se impone un pronombre singular: “Se lo digo con franqueza, señores”. ***