17 de junio de 2021
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Por parte de, a pie juntillas, rebañar

7 de junio de 2011
7 de junio de 2011

Si una gallina pudiera hablar, lo haría del siguiente modo: “Ese huevo no es mío: debió ser puesto por parte de la saraviada odiosa esa del corral de la esquina”. Pero las gallinas ni hablan ni escriben, razón por la cual el estomagante, inútil y equivocado giro ‘por parte de’ sólo lo dicen y lo escriben los seres humanos: el Presidente y sus ministros; el Congreso, esta vez sí, en pleno; los obispos, los párrocos  y sus vicarios; los médicos, sus enfermeras y sus pacientes; los periodistas y los columnistas, todos ellos, todos, absolutamente todos; los profesores de todos los niveles educativos y sus discípulos; las amas de casa y las que no lo son; el taxista y sus muchísimos clientes; mejor dicho, todos nuestros paisanos. Ni mencionar a los locutores y comentaristas deportivos, campeones indestronables en el uso de tamaño barbarismo, que se encuentra, además, en el noventa por ciento de todos los artículos y publicaciones. Es, pues, imposible erradicar el malhadado giro. No obstante, seguiré combatiéndolo, a ver si así alguien me acompaña en tan desigual batalla. La profesora Edith Angélica Bustos Crèmieux, preocupada siempre por la integridad de nuestro lenguaje, me escribe: “Hoy (V-20-11), Darío Arismendi rebosó la copa de los errores, a las 6 a.m. pasadas, cuando, quejándose de los omisiones del gobierno, dijo: ‘No se aprovecharon las oportunidades que nos dio el invierno POR PARTE DE las autoridades’”. Una gallina culta, si la hubiese y redactar supiese, lo habría hecho así: “El gobierno no aprovechó las oportunidades que le dio el invierno”. ¡Simple, y en buen castellano! Y anota la señora Bustos Crèmieux: “No hay derecho a que un ‘periodista’ maltrate el idioma de esa manera y se ufane de ser el suyo el noticiero de más audiencia”. Lo más desconsolador es que él es apenas uno de entre los miles de sus colegas que atropellan el idioma de igual o peor manera.  ***

Del siguiente modo escribió el editorialista de LA PATRIA: “Ese error que cometieron dirigentes del pasado reciente parecen repetirlo a pies juntillas varios de los de hoy…” (V-22-11). “A pie juntillas”, así, sin concordancia gramatical, es un dicho antiquísimo, tan viejo, que ya el “Diccionario de autoridades” de la Real Academia (Madrid, 1726-1739) lo había definido así: “Frase adverbial que vale ‘con los pies juntos’; y así se dice: Saltó a pie juntillas”. Actualmente, la misma Academia asienta tres enunciaciones diferentes, a saber, “a pie juntillas” (la original, y más empleada), “a pie juntillo” y, sí, señor, “a pies juntillas”, con el significado de “con los pies juntos”, literalmente; y, figuradamente, “sin discusión”, por ejemplo, “admitir una tesis a pie juntillas”. Seijas Patiño, citado por José María Iribarren (“El porqué de los dichos”), en su “Comentario al ‘Cuento de cuentos’ ”, de Quevedo, escribe: “A pie juntillas. Con los pies juntos, y por extensión se dice “creer una cosa a pie juntillas” por ‘firmemente, con terquedad, a cierra ojos’. Hay en nuestra lengua ejemplos varios de tales concordancias como la presente, formadas por el vulgo para significar juegos de muchachos, como el que denota la presente frase. Si de muchachos e indoctos nació la expresión, no es extraño que se dijera ‘a pie juntillas’, ‘a ojos cegarritas’ y otras”. La misma fuente añade: “Cejador, en su “Fraseología o Estilística castellana”, explica que ‘a pie juntillas’ “significa con toda firmeza y aseveración”, y díjose propiamente ‘a pie, y juntillas las piernas’, postura propia del que se afirma y se arresta”. La Academia de la Lengua llama ‘idiotismos’ estas expresiones (‘a ojos vistas’ es otra, no ‘a ojos vista’), y las define así: “Giro o expresión propio de una lengua que no se ajusta a las reglas gramaticales”. ¡Ahí está el detalle! ***

A don Cecilio Rojas se le desafinaron los contrabajos en su última presentación. Esto dijo: “Pero como rebañar viene de bañar y encierra la idea de bañar muy bien, volver a bañar…”. Estos dos verbos, ‘bañar’ y ‘rebañar’, nada tienen que ver el uno con el otro. Semánticamente hablando, puede decirse que ‘rebañarse’ significa ‘volverse a bañar’, pero éste no es el caso que nos ocupa. En efecto, ‘bañar’, que comenzó a usarse desde finales del s. XII, viene del verbo latino ‘balneare’ (‘bañarse, tomar un baño’); ‘rebañar’ (o ‘arrebañar’, “recoger muchas cosas sin dejar nada”), en cambio, es de origen incierto, según Joan Corominas. Dice este erudito que quizás provenga de ‘rebaño’, con el sentido de “congregar como un rebaño”, de donde “recoger muchas cosas sin dejar nada”, “recoger residuos comestibles de una vasija”. Así que, cuando el 14 de mayo  el doctor Jaime Alzate Palacios escribió “rebañar la salsa con el pan”, bien lo hizo, don Cecilio, pues quiso decir “recoger toda la salsa con el pan”, que es lo que hacemos cuando, finalizando el desayuno, recogemos con la arepa o con el pan los restos de la yema de los huevos fritos, conducta que fue considerada señal de falta de urbanidad. ¿Todavía? Lo dudo, porque no se puede violar “el derecho al libre desarrollo de la personalidad”. Dicen. ***