20 de junio de 2021
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Los Papas trotamundos

26 de junio de 2011

Los solos anuncios de las visitas de los pontífices peregrinos que venían de Roma cargados de bendiciones apostólicas, aceleraron los  esfuerzos para mostrar obras nuevas, ejecutadas en tiempo récord,  y embellecer los entornos por los que transitaría el papa-móvil.  

Vino primero del Vaticano –el estado más pequeño del mundo- Su Santidad Paulo VI, quien bendijo y besó tierra colombiana en el aeropuerto El Dorado,  el 22 de agosto de 1968, y provocó grandes oleadas de peregrinos de los países del continente atraídos por la presencia del Jefe de la cristiandad.

Se dieron gusto por aquellos fastos el presidente Carlos Lleras y el alcalde Virgilio Barco inaugurando, además del Templete Eucarístico, algunas avenidas y la gran urbanización que lleva el nombre del encumbrado personaje. El buen suceso hizo que los gobernantes bogotanos de entonces le pusieran el acelerador a la materialización de proyectos vitales para el desarrollo urbano que dormían el sueño de los justos en el Palacio de Liévano.

Damos paso ahora a la parte que nos tocó del periplo de Juan Pablo II por territorio colombiano, puesto que en diez días se cumplirán 25 años de la fugaz visita del carismático Papa Juan Pablo II a Chinchiná de Caldas, cuya inclusión en el tour pontificio fue pedida por el presidente Belisario Betancur por cuanto no había seguridad de poder ir a Armero, Tolima, ya que El Ruiz mantenía su estado de agitación volcánica un año después de la catastrófica erupción del 13 de noviembre de 1985. Finalmente, el Papa estuvo en los dos sitios del desastre.

El alcalde Eduardo González acometió los preparativos de la visita, en medio de la mayor reserva, con base en instrucciones de la Casa de Nariño y de la Gobernación de Caldas. Se eligió a Chinchiná por ser la ciudad con mayor número de damnificados, después de Armero. El presupuesto apropiado para la maratón papal, que era administrado por una fiducia manejada por el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, no incluía la escala en la Fábrica de Café Liofilizado que finalmente fue financiada con recursos de la Federación de Cafeteros. Los gastos fueron mínimos: la habilitación de un helipuerto y adecuación de un papa-móvil.

Pereira obtuvo una parte del ponqué mediante el aterrizaje del avión papal en Matecaña; un pequeño traslado del avión a la plataforma y unas palabras del Pontífice, antes del despegue hacia Cenicafé.

El alcalde González consiguió en Presidencia 12 millones de pesos con los que compró, además de vallas móviles para tener en ordenados corrales a los 3.500 asistentes, la camioneta Luv improvisada como  papamóvil descapotado que la alcaldía luego utilizó para labores comunes y posteriormente la remató, sin que la comunidad y el comprador se enteraran de que se trataba del automotor que transportó en Chinchiná al hoy beato Juan pablo ll.

Cuenta el burgomaestre al Contraplano que la visita de aquel 5 de julio fue programada con duración de  hora y media para la misa y la homilía, incluyendo el desplazamiento, con este itinerario: salida de Bogotá; breve escala en Pereira; arribo del helicóptero a la finca “La Libia”, de Jaime Restrepo Mejía; traslado a la fábrica; tras la ceremonia en la cancha de Cenicafé, regreso al Matecaña para seguir vuelo a Medellín.

El arzobispo de Manizales, monseñor José de Jesús Pimiento, ordenó que se pusiera la imagen de la Virgen de Fátima, facilitada por el santuario aledaño al Cerro de San Cancio, en el sitio de la ceremonia papal, por la devoción del Sumo Pontífice hacia la María que se le apareció en Portugal a los tres pastorcitos.

La apostilla: En su libro “Historia de Chinchiná”, Jesús Elías Pérez Giraldo relató que la antigua carrilera del ferrocarril fue ampliada y pavimentada, y fue bautizada “Avenida Juan Pablo II” y apuntó que “a la ciudad se le limpió la cara, que tenía algo arrugada y enjuta. Se decretó la ley seca y a cambio se le remojaron los abandonados prados al parque principal”.