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La difícil cruzada contra el terrorismo

7 de junio de 2011
7 de junio de 2011

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroEstados  Unidos Cambió la estrategia para enfrentar el terrorismo. En su momento los ataques de Al-Qaeda  obligaron a George W. Bush a emprender una guerra global y demencial contra el terrorismo, que a la postre se convirtió en una agresión a los pueblos árabes. Pero Barack Obama enderezó el rumbo: se reconcilió con el Islam y asestó el más duro castigo al terrorismo después del 11 de septiembre, pues lograron matar a Bin Laden.

La operación parecía una película. Al respecto explica John Brennan, asesor de contraterrorismo del presidente, que “podíamos ver en tiempo  real el progreso de la operación, desde el principio, hasta que llegaron al blanco. No voy a entrar en detalles sobre qué vimos, pero nos dio la capacidad de evaluar la operación mientras se hacía”. Al respecto los medios mostraron una foto muy ilustrativa, donde aparecen Obama y su equipo, en la Casa Blanca, siguiendo la operación bautizada con el nombre de “Geronimo”. La tensión llegó al punto más alto cuando un soldado envió el mensaje esperado: “Geronimo, EKIA (Enemy Killed in Action). La foto muestra el rostro aterrado de Hillary Clinton.

La noticia produjo  alegría desbordada en Estados Unidos, pero especialmente en Nueva York. Sin embargo, cuando el Presidente confirmó la muerte de Bin Laden empezó el mal manejo de la información por parte de su administración, sobre la letra menuda de la operación. Hubo contradicciones y salidas en falso, que sembraron dudas e inquietudes.

Por ello la alta comisionada para los Derechos Humanos, Navi Pillay, manifestó su interés en que se conozca la verdad pues “todo el mundo tiene derecho a saber exactamente lo que pasó”. En este punto la opinión pública empezó a armar su propia película; muchas personas dicen que Bin Laden es demasiado importante para que lo hayan asesinado y que la CIA lo debe estar interrogando en algún lugar del mundo. La leyenda apenas comienza.

Justificación de la Operación Geronimo

Se sabe que buena parte de la información inicial se obtuvo por medio de torturas, en la cárcel de Guantánamo, por donde pasaron 779 sospechosos de terrorismo y calificados como “combatientes enemigos”. De aquí salió la identidad del mensajero de Bin Laden. Después, los organismos de inteligencia ubicaron al mensajero en una mansión a 55 kilómetros de Islamabad, capital  de Pakistán. Luego, con fotografías satelitales, se logró armar el rompecabezas. Obama estuvo pendiente de la coordinación del plan, que incluía el envío de 20 soldados del SEAL (Sea, air and Land). Los militares descendieron en helicópteros y atacaron la mansión por cerca de 40 minutos. Al gobierno de Pakistán se le mantuvo aislado para no contaminar la operación.

La misión estaba dirigida a matar a Bin Laden. La Casa Blanca confirmó que el terrorista no estaba armado, pero que opuso resistencia. El portavoz de Obama, Jay Carney, anotó que “en el cuarto, con Bin Laden estaba su mujer, corrió hacia nuestras tropas y fue baleada en la pierna, pero no murió”. La hija, de 12 años, dijo a los oficiales de la inteligencia  pakistaní que los soldados capturaron a su padre y lo ejecutaron ante su familia.

Y, aunque parece increíble, fuentes policiales de Pakistán señalaron que Osama “no tenía ningún comando que lo protegiera”. En este punto saltan varias preguntas ¿Dónde está el cadáver? ¿Lo tiraron al mar? ¿Por qué no muestran las fotos? Pero es cierto que a Washington no le convenía mantener vivo a Bin Laden, ni convertir su juicio en una tribuna para Al-Qaeda.

¿El fin de Al-Qaeda?

Desde hace algunos años Bin Laden estaba alejado del manejo de las operaciones terroristas. La muerte del líder ideológico, del símbolo, golpea a la organización, pero no disminuye su fuerza. Al-Qaeda sigue viva porque es una ideología con simpatizantes en muchos países y regiones: en el Magreb, Somalia, Yemen, Arabia Saudita, Mauritania, Filipinas e Indonesia. Tienen muchos simpatizantes en Pakistán; por esta razón su líder se refugiaba cerca de la capital.

Los grupos que funcionan bajo el manto de Al-Qaeda se alimentan de la ideología pero operan independientemente; los motiva el odio contra los Estados Unidos, porque este país practica la violencia como gendarme del mundo y como primera potencia. En consecuencia la muerte de Bin Laden produce un impacto simbólico y por esta razón muchos países revisan los sistemas de vigilancia, para prevenir represalias de Al-Qaeda contra los aliados de Estados Unidos.

Muerto el líder apareció una larga lista de posibles sucesores, pero el que más suena se llama Ayman al Zawahiri. Se trata de un cirujano egipcio que tuvo que ver con los atentados del 11 de septiembre. Esto significa que siempre habrá nuevos mártires dispuestos a sacrificarse en acciones terroristas que produzcan muertos, heridos y daños materiales. Por ello los Estados Unidos deben revisar su política exterior; no podemos olvidar que Bin Laden surgió en las milicias afganas, armadas por el ejército estadounidense para enfrentar a la Unión Soviética. Es peligroso crear y alimentar terroristas, porque se convierten en arma de doble filo.

Una guerra donde todo vale

Cuando los gobiernos se sienten amenazados por las organizaciones terroristas responden con mucha violencia y desarrollan las viejas tácticas de exterminar al enemigo, a cualquier precio.  El gobierno de Obama ha tratado de mostrar que aunque violó las fronteras de Pakistán quería acogerse a las leyes internacionales y respetar la vida de Bin Laden. Al respecto el fiscal de Estados Unidos, Eric Holder, aseguró que la operación fue “completamente legal, y obedecía a un acto de legítima defensa nacional”. Barack Obama explicó que fue “un acto de justicia”, y Leon Panetta, jefe de la CIA, dijo que “No sabemos si podríamos haber obtenido la misma información a través de otros métodos”.

Sin  embargo siguen saltando las preguntas: ¿Era necesario matar al terrorista? ¿Es legal la tortura para conseguir información? ¿Fue una operación legal? La forma como murió Bin Laden desata controversia en el mundo. Por ahora el gobierno de Pakistán está entre la espada y la pared; deber hacer frente a las acusaciones de complicidad con el terrorismo, pero al mismo tiempo tiene que explicar a sus ciudadanos cómo pudo Estados Unidos desarrollar la operación contra el líder de Al-Qaeda. El Gobierno ya se está comiendo su propio cocinado: doce días después de la muerte de Bin Laden el país fue sacudido por un doble atentado suicida que dejó más de 88 muertos y 150 heridos. Es un ataque reivindicado por los talibanes para vengar la muerte del líder de Al-Qaeda.

El buen momento de Barack Obama

Con la muerte de Bin Laden el presidente de Estados Unidos dio un importante paso en su campaña política hacia la reelección, pues aumentó 11 puntos en las encuestas. El golpe a la organización Al-Qaeda es la más importante victoria contra el terrorismo, después de los ataques del 11 de septiembre, y se convierte en un alivio para los familiares de las personas sacrificadas.

Todos los pasos que dio Obama en esta dirección estuvieron bien calculados. El Presidente aparece dirigiendo la Operación Geronimo, para reforzar su papel de “Comandante en Jefe”. Esto fue lo que mostró la foto de Obama con sus asesores, en el “Situation Room” de la Casa Blanca, mientras se desarrollaba el ataque a la mansión de Bin Laden. El Presidente tampoco quiso mostrar el cuerpo de Bin Laden para no producir el efecto negativo que consiguió Bush cuando publicó las imágenes de Saddam Husseim, después de muerto.

De este modo aparece Obama marchando hacia la reelección. La pregunta ahora es si en el momento de votar pesa más la economía que la muerte de Bin Ladem, porque la memoria es frágil.