20 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Jota Domínguez, Alcalde

30 de junio de 2011
30 de junio de 2011

Por lo tanto sus dirigentes no tuvieron tiempo suficiente para seleccionar una terna idónea de candidatos a sucederla, así como no tienen tiempo para responder siquiera las respetuosas peticiones públicas de los ciudadanos. Resulta entonces procedente sugerirles que más bien se tomen lo que queda del año sin decidir, mientras el aquilatado alcalde encargado cuida de la ciudad como si fuera la niña de sus ojos.

Qué bueno, pienso yo, que pudiéramos tener la fortuna de que Jota Domínguez, el reconocido abogado, periodista y administrador de empresas, le cuidara “los huevitos” a la ciudad (para usar la manida expresión de moda).
No haré desde aquí un panegírico sobre el doctor Domínguez. No lo necesita. Basta con recordar que se trata de un ciudadano íntegro, diligente, vertical, serio, preparado, culto, curtido en la vida pública y con voluntad de hacer las cosas al derecho.
En los pocos días que lleva encargado ha demostrado con creces que puede hacer las cosas bien. Y que no le tiembla el pulso. Basta leer las noticias de cada día para verificarlo.

Tampoco haré aquí un recuento detallado de la dilatada hoja de vida del doctor Jota Domínguez, ni me extenderé hablando de sus muchos méritos académicos y profesionales, ni me detendré en anécdotas personales sobre los momentos en que hemos coincidido. Pero sí quiero dejar constancia de que, en mi modesta opinión, acertó el Gobernador López Espinosa al encargar a Jota de la alcaldía.

Porque él goza con holgura de todas las virtudes que con detalle describí en mi columna anterior como atributos deseables para quien ocupara a continuación el cargo de alcalde de nuestra ciudad. Mejor dicho: Jota es el hombre.

Y para que no quede duda de la motivación de mi columna, puedo contar con tranquilidad que no tengo ningún interés atravesado en esta manifestación pública de simpatía por el actual alcalde (e) de Armenia. No somos amigos personales, ni hemos tenido siquiera la oportunidad de formar parte de un mismo equipo de trabajo.

Qué bueno entonces que al doctor Atilano y sus copartidarios los aquejara de repente el “virus” del desprendimiento y, precisamente, en un acto de sincero desprendimiento y generosidad para con todos nosotros, decidieran declinar el papayazo que la vida les ha dado, para favorecer los intereses de la ciudad entera.

Vuelvo entonces a aprovechar esta columna para proponerle ahora al doctor Atilano Giraldo que más bien se tome un buen tiempo, un largo tiempo: siquiera de unos seis mesecitos, para presentar la terna. Así nos haría un favor extraordinario. Y todos le quedaríamos infinitamente agradecidos. Y celebraríamos con regocijo la demora, en ese caso más que justificada, para proponer una terna.

Sepa Usted, doctor Atilano, que seis meses no son nada. Que desgastarse en seleccionar la terna ya no sería necesario ni urgente. Que, curiosamente, no necesitaría Usted hacer nada, nada de nada, para hacerle a Armenia y a sus gentes un gran favor. Que así sea. Crónica del Quindío.