21 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Hasta luego, poeta.

14 de junio de 2011
14 de junio de 2011

En nuestro largo diálogo amistoso, las constantes fueron el acercarnos a la muerte, a  la soledad, al desamor. En sus poemas encontramos los temas reiterados y recreados hasta el cansancio. Sin lugar a dudas fue un gran poeta existencial.

Sus viajes por muchos lugares que amó, París, Londres, Nueva York, Buenos Aires, Montevideo o Lima, a veces solo con su maleta de sueños, lo proveyó de rico anecdotario. Su conversación fue sápida y llena de alusiones intelectuales y recuerdos estéticos. Nadie como Herman, de deslumbrante memoria, apuntó al matiz brillante, que pulía  como un orfebre. Los libros, las pinturas, la música, se deslizaban sin petulancia ni poses en su verbo. La tertulia y la bohemia con Herman eran enriquecedoras y amables. Su reconocido repentismo era clara demostración de su lúcida inteligencia. Fue su humor, un humor blanco, lejos de lo dañoso o de la intención mordaz. Porque fue ante todo un excelente próximo o prójimo; díganlo si nó sus hermanas y sus amigos para quienes siempre tenía  el gesto noble,  y las manos tendidas.

No puedo dejar de mencionar, porque tengo su vívido recuerdo, los cantos y canciones que recogió y que el solo se sabía y los entonaba con soleado sentimiento. Muchas noches fueron enmarcadas por su voz  y su guitarra que tocaba al desgaire. Tenía una forma tan peculiar de decir sus canciones que le exigían sus escuchas la repetición de sus tonadas. Como la repetición de su poesía .La  inspiración en su propia voz, enriquecía el mensaje. Se sabía de memoria todos sus poemas, con los que trataba de educar, de formar, antes que de impresionar. Porque Herman fue un maestro. Su pasión era aleccionar, comunicar e insistir en que el hombre solo a través del arte y la lectura es transcendente.

Y  su ansermeñidad fue ostentosa. En sus versos plasmó su entorno y la hidalguía de sus gentes. El Maestro Jorge Villamil enmarcó musicalmente  el sentimiento de Herman Lema por su tierra.

Y  no me alargo más porque esta fúnebre ceremonia sería de nunca acabar. Aquí queda su obra, que muchos de los que están presentes la han hecho parte ya de su patrimonio sensible y cultural.

No sé si nuestro poeta, desde el etéreo, estará presente esta tarde. Pero si lo estuviere le gustaría repetir como lo hacía cuando  el desencanto por la poesía lo invadían por el imperio de lo prosaico y de lo utilitario y regresaba al campo luminoso y apasionado de lo poético, aquello de León de Greiff: “Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa dicen que soy poeta…., cuando no porque iluso suelo rimar…. ¡Y tanta tierra inútil por escasez de músculos! ¡Tanta industria novísima! ¡Tanto almacén enorme!  Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos… “

Bueno Poeta. Ha terminado con este hasta luego nuestro diálogo pero en nuestras almas y en nuestras bocas queda tu premonitorio testamento:

“Es tiempo de partir.

De huir hacia el futuro es tiempo;

despleguemos las velas del pasado

y digamos adiós al viejo puerto. 

 

No debemos llorar.

Nuestros destinos de atávica fortuna,

muy lejos estarán en la alta noche

cuando navegue el barco de la luna.

 

Como vine me voy.

Siguiendo las estelas de un sueño sin sentido,

me voy como los vientos, sin oídos,

me voy como  los vientos,

 sin regreso.

 

No quedará una huella de mi paso.

Quizás ,un verso que esculpió mi angustia,

seguirá como un eco en otros labios

describiendo mi sombra taciturna.

 

Has  triunfado sobra la muerte porque has entrado en la perennidad. Como al final de tus recitales recibe lo que siempre arrancaste y mereciste: ¡aplausos! ¡ Muchos aplausos!