16 de junio de 2021
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El polémico Doctor Muerte

24 de junio de 2011
24 de junio de 2011

Por: Gustavo Páez Escobar
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gustavo paez El médico patólogo Jack Kevorkian, de 83 años, conocido como el Doctor Muerte, falleció plácidamente en un hospital de Michigan escuchando la música que más le agradaba, la de Sebastián Bach. Tal vez alcanzó a pensar en aplicarse la eutanasia, llegado el caso, método pregonado por él para evitar los dolores extremos y tener una muerte digna.

Se fue del mundo en forma tranquila, tras una vida agitada que muchas veces lo hizo enfrentar con los tribunales y a la postre lo llevó a la cárcel durante ocho años. Había sido acusado por la muerte de Thomas Youk, un enfermo terminal a quien ayudó a morir con la aplicación de una inyección letal. La escena de esta muerte fue transmitida en el programa 60 Minutos de la CBS, lo cual dio motivo para que los jueces determinaran que se había tratado  de un asesinato.

Su nombre ha producido aguda controversia en el mundo. Unos lo consideran un hombre cruel y otros lo califican como compasivo y piadoso. Los primeros lo responsabilizan del asesinato de más de 130 personas, y los segundos consideran que la eutanasia asistida, y elegida por el propio paciente, es el sistema más indicado –y humano– para eliminar el grave padecimiento de los enfermos desahuciados y para disminuir el dolor de las personas allegadas.

Le teoría del doctor Kevorkian choca, y de hecho ha chocado en el mundo entero, contra muchas normas legales, religiosas y de ética médica. Esta teoría despierta grandes interrogantes, sobre todo después de su muerte. Fuera de los campos legal y religioso, circunscritos a las áreas geográficas y a la conciencia individual, tal vez lo más complejo es saber si existe el derecho de terminar con la propia vida, y si los médicos que asisten a este método  (autorizado por el propio enfermo terminal) quebrantan la ética profesional.

En Estados Unidos hay lugares donde el suicidio médico-asistido es legal: Oregón, Montana y Washington. Si el hecho por el que el doctor Kevorkian fue condenado hubiera sido cometido en uno de estos estados, no hubiera tenido problema. Pero sucedió en otro territorio. Esto pone de presente la complejidad del caso.

En una conferencia que pronunció el Doctor Muerte en la Universidad de Florida, en enero de 2008, ante cerca de 5.000 personas, manifestó que su objetivo no era matar a los pacientes sino evitarles el sufrimiento. Otra vez dijo que si tenemos compasión con un animal que está sufriendo, y lo ayudamos a bien morir, por qué no hemos de tenerla con los seres humanos. Y proclamaba su lema: “Morir no es un crimen”.

La Iglesia Católica no acepta esta práctica, al igual que el aborto. En cambio, Dalai Lama hace esta precisión: “Si una persona va a morir y padece un sufrimiento grande o se encuentra en estado vegetativo y prolongar su existencia solo causará mayor sufrimiento y dificultades a otros, la ética budista le permite terminar con su vida”. En Colombia, la Fundación Pro Derecho a Morir dignamente, creada en 1979, propugna la conciencia de una muerte digna y busca evitar la prolongación inútil de la vida y el sufrimiento innecesario del paciente. Para el efecto, establece un procedimiento para que el enfermo terminal rechace la aplicación de drogas heroicas para prolongarle la vida por medios artificiales. Esto no es eutanasia. Pero es casi lo mismo.

El doctor Jack Kevorkian fue toda la vida un estudioso de la muerte. Algunos le atribuyen una pasión enfermiza por la muerte. Otros lo juzgan un salvador de este trance supremo. De todas maneras, era un excéntrico, que desde los primeros años de medicina ya practicaba experimentos exóticos en personas  moribundas. También se dice que algunas de las primeras eutanasias no se hicieron con pacientes terminales. Sea lo que fuere, su muerte deja un legado inmenso para que la humanidad continúe indagando en esta delicada materia, que es parte sustancial de la propia vida.

Alguien expresó que este inquieto personaje de la muerte, que tanta polémica levanta hoy en el mundo entero, y la continuará levantando, es “un genio incomprendido”.