22 de junio de 2021
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El hombre de la radio

14 de junio de 2011
14 de junio de 2011

Nació en la cuna mecida por Carlota Pineda quien con su esfuerzo hizo que el pequeño Henry realizara sus estudios elementales y le alentó desde sus primeros  catorce años a que se metiera dentro de lo que le dictaba su conciencia: La radiodifusión.

Su voz tronante era esquiva a los cálculos del maniqueísmo porque la puso al servicio de la gente sin esperar nada más que la satisfacción de un reconocimiento tácito por su bonhomía.

Henry fue abierto a todos y todo mas nunca le tuvo miedo a la competencia y por el contrario abría las puertas de sus empresas para que se formaran las nuevas figuras del periodismo.

Hizo Henry de la radio, con su sexto sentido, un vehículo innovador de participación ciudadana que lo catapultó como un hombre de ingenio en la modalidad en que los medios sirven de enjundioso  generador de expectativas sociales.

Nadie le enseñó la importancia de la radio como medio de masas, fue un empírico inteligente. Nada más.

Siempre estuvo Pineda al “pie del cañón” sin quedarse un centímetro de las nuevas opciones en tan competida actividad.

Gozón por antonomasia. La picardía de un niño ingenuo nunca salió de la personalidad de Pineda porque encontraba en su juguetona forma de ser la manera de burlarse de las afugias y ponerle un cerco a las dificultades.

Pineda fue un soñador a quien se le cumplieron la mayoría de sus oníricas pretensiones.

Sin quererlo entró  en el maquiavélico mundo de la política cuando aun  quedaban personas que hacían el ejercicio con desprendimiento y vocación.

Creó el Movimiento Cívico y sin darse cuenta se vio metido de presidente del concejo de Armenia donde alternaba con las grandes y rutilantes  figuras de la época.

Su paso por la Izquierda liberal le dio la oportunidad de estar en la cámara de representantes cuando Rogelio Ceballos, Samuel Grisales y Alberto “El Grillo” Marín compartían un ponqué de privilegiados la asistencia al congreso nacional.

Pineda se gozó su paso por la Cámara. En medio de las vanidades y las escrupulosas maneras  de quienes llegan al recinto de las leyes y para no aparecer con un solitario apellido le apodaron “Rodríguez”.

Pineda se burlaba del asunto. “Yo no soy Rodríguez, solamente Pineda, hijo de Carlota Pineda y nada más”, aseguraba con dejo de satisfacción por su origen humilde y honrado. Nunca  se sonrojó y por el contrario dejó lecciones de dignidad y decoro.

El micrófono fue su alcahuete permanente.

Lector de noticias de calidad envidiable. Su voz tronante con matices sonoros y cadenciosos se robó la exigente audiencia de los años sesenta de la mano de Alfonso Valencia Zapata en Antena de Colombia. Allí compartió con talentosos del oficio como Jorge Eliécer Orozco, entre otros,  de quien solía sentirse orgulloso por haberle abierto camino a una carrera exitosa.

Pineda fue un manirroto. Nunca supo atesorar fortuna aunque ganó mucho y bien. Todo se lo supo aprovechar junto con su familia, sus cuatro buenos hijos, sus nietos  y esa compañera, Argelia Vera,  su compinche y tutora excepcional.

Pineda no estuvo exento de las dificultades que la vida pone en el camino de los seres humanos.

Con la ingenuidad con que asumió toda su experiencia vital fue llevado por inescrupulosos a ciertas circunstancias que hubo de pagar con un costo muy alto. Maduro y dolido por la utilización  que de él hicieron levantó con dignidad su cabeza y de manera enhiesta  se recicló con una sociedad que jamás le condenó y le absolvió por  sabiendas de su honorabilidad y nobleza.

Su voz cascada por el tiempo y por unos nódulos que desgraciados cayeron en su garganta no le permitieron recuperarse pero sin embargo con paciencia de beato volvió a la carga, no como antes, pero con el esfuerzo de los titanes que jamás se amilanan siguió por camino de los abrojos.

En los años ochenta cuando fue empresario de radio fue el primer profesional del medio que a cuenta de su trabajo honrado compró un carro Renault 18  último modelo por trescientos mil pesos. Lo  disfrutó igual a como un nene se solaza con su primera golosina.
Ese era Pineda.

El periodismo radial del departamento del Quindío tiene mucho que reconocerle a Henry Pineda porque nunca hizo nada distinto a honrar su profesión.

En los últimos meses  añorando volver a su estadio natural una vertiginosa y letal enfermedad lo arrebató del campus vital y en un santiamén lo llevó a la tumba, el mismo que nos servirá para recordarlo con gratitud y admiración.