20 de junio de 2021
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¿Dónde está el secreto de Santos?

11 de junio de 2011

Solo 11 por ciento de los encuestados desaprueba las decisiones de Santos, mientras que 74 por ciento cree que las cosas van por buen camino, según reveló el Noticiero CM&. La encuesta fue realizada en 39 ciudades.

Que el presidente Santos se mantenga por encima de 80 por ciento de aprobación, luego de nueve meses de gobierno, no deja de ser llamativo. Primero, porque se creía que después de Álvaro Uribe, ningún otro mandatario alcanzaría un respaldo tan abrumador. Y segundo porque, precisamente, por mostrarse tan distante de Uribe en muchas de sus decisiones, había quienes pensaban que ello podría afectar su imagen positiva. Los hechos demuestran que no ha sido así.

Ante estos resultados, la pregunta que surge es qué ha hecho Santos para merecer tan abrumador respaldo. Por paradójico que parezca, lo primero que ha hecho es marcar territorio con respecto a Uribe, pues él sabe mejor que nadie que si se pone a cargar el piano que le dejó la anterior Administración, sobre todo en materia de corrupción, la opinión pública terminará por pasarle esa cuenta de cobro con todos sus intereses.

Y es ahí, puntualmente, en la lucha frontal contra la corrupción donde Santos ha encontrado el mayor aval a su gestión. El mensaje que ha enviado a la Nación en ese frente ha sido contundente, como lo demuestran las ollas que han sido destapadas en el sector de la salud y la DNE, así como el pleno respaldo ofrecido a la Fiscalía General y a los organismos de control en las investigaciones por las ‘chuzadas’ del DAS y la contratación pública. La lucha contra la corrupción por parte de Santos supera, pues, el simple discurso y demuestra un compromiso real en la batalla contra ese flagelo.

Otra porción generosa de ese apoyo corresponde a las leyes que el Gobierno ha sacado adelante en el Legislativo, especialmente la llamada de Víctimas y Restitución de Tierras, quizás la mayor deuda social del Estado con quienes le han puesto el pecho a la guerra que azota al país desde hace varias décadas. Al calificar la iniciativa como “histórica”, no les falta razón al Presidente y a su ministro del Interior y de Justicia Germán Vargas Lleras, quien piloteó la locomotora oficialista y se encargó de que el trámite tuviera rotundo éxito.

También jugó papel fundamental el Congreso de la República, que esta vez no se atravesó como mula muerta para la aprobación de las iniciativas, bajo el hilo conductor de su presidente Armando Benedetti, quien, con mano firme, alineó a sus colegas.

Y es el talante liberal de Santos, que contrasta dramáticamente con el ultraconservador de Uribe, el que lo ha posicionado como un gobernante progresista y abierto a las corrientes políticas que hoy imperan en el mundo.

El solo reconocimiento a la figura del ‘conflicto armado’, ignorada durante los ocho años de mandato de Uribe, le permitió aunar a todas las fuerzas políticas que hacen parte de la Unidad Nacional y cohesionar internamente a las Fuerzas Militares, que entendieron que ninguna guerra se puede ganar pasando por encima de la normatividad internacional en materia de Derechos Humanos.

De manera que el Santos Presidente que el país ha descubierto en estos nueve meses de mandato –que poco o nada tiene que ver con el Santos candidato que ofreció continuismo uribista puro- ha logrado calar en el sentimiento nacional y ello se refleja en las encuestas. Los menos contentos con el modelo que empieza a imponerse son, precisamente, los uribistas triple AAA, quienes siguen añorando los años del pulso firme y la mano tendida, entre ellos el exconsejero José Obdulio Gaviria. Para ellos, Santos es poco menos que un traidor.

Llama la atención que la percepción “furibista” de Santos esté tan alejada de la que tiene la inmensa mayoría de los colombianos. Ello demostraría que el país no es tan uribista como ellos piensan o que el modelo santista de gobernar se ajusta mucho más a sus expectativas. En otras palabras, que casi todos los colombianos prefieren las buenas maneras y el trato decente a la camorra y al “si lo llego a ver le rompo la cara, marica”, frase que retrata de cuerpo entero al Uribe gobernante. Ese modo de gobernar es historia Patria, aunque el propio Uribe se niegue a reconocerlo. El Heraldo.