28 de febrero de 2021
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¿Qué sigue pasando en la gobernación?

7 de mayo de 2011
7 de mayo de 2011

El más sobresaliente fue el acoso del secretario privado Jota Domínguez, quien al verse pillado en cuestiones antiéticas convenció al gobernador de que tener a un o una periodista independiente en el seno de la administración departamental se constituía en un peligro.

“Yo me encargo de esa bobada de  las comunicaciones”, le dijo al doctor López en un acto de soberbia.

No le convenía que la decencia y la independencia lo rondaran.

Domínguez no tiene las condiciones requeridas para  este oficio porque ya lo demostró que cuando lo contrataron para lo mismo fue un desastre ya que provenía de ser el más elocuente lambericas que ha dado la región y con un octavo sentido para fingir lealtad cuando por el contrario es un peligro latente donde esté. Pregúntenlo en la gobernación por si las dudas.

En aras de ganar “prestigio” con el gobernador le hizo saber que a cuenta de economías presupuestales el programa de televisión Proyecto Quindío podría estar también bajo su responsabilidad porque su megalomanía no tiene límites.

Engañó al camarógrafo Alberto García Castellanos que le sirvió de comodín pagándole con cuñas oficiales la elaboración de algunos programas en un acto que podría  considerarse presunto  peculado por destinación no específica.

Domínguez hacía lo que le venía en gana con esas pautas publicitarias, pagaba favores a los diputados, a sus amigos personales le inflaba las apropiaciones  y tenía un grupo de sobachaquetas a quienes les prodigaba encantos con el dinero oficial.

De la caja menor se han nutrido además los correveidiles que tiene a su alrededor y que son pelafustanes que fungen como sus asesores porque carecen como él de principios éticos y morales.

Don o el Doctor, como prefiere que lo llamen, hace uso indebido del patrimonio oficial al convertir los vehículos pagados por el erario como de su exclusiva y particular destinación y más allá utiliza sin rubor y con indignidad a los conductores para que le traigan desde Calarcá, su residencia habitual, prendas íntimas hasta su oficina.

El gobernador se enteró de estos asuntos, se ruborizó pero ahí lo dejó. Algunos se preguntan por qué lo tolera, ¿será que sabe algo?

Pero el asunto es aún más grave.

Alberto García Castellanos realizó con la autorización de Domínguez y la anuencia del gobernador, veintidos programas Proyecto Quindío y tan sólo le pagaron cuatro (con las cuñas).

Domínguez, quien se jactaba de ser el protector del camarógrafo productor, lo  uso como trapo viejo y cuando vio que era menester entrar en nuevo concubinato con otro dispensador le dejó botado y contrató a un ex convicto de Pereira por tres meses con un costo de 24 millones de pesos para la realización del Proyecto Quindío. Tiró a la basura a su aliado sin inmutarse y de paso le birló la deuda.

La mezquindad ronda por el piso 19. No le han querido pagar los 22 programas a Alberto García Castellano quien ya elevó queja formal contra el gobernador López ante la procuraduría porque se negó  a contestarle un derecho de petición y de paso entuteló para que no se le roben su plata.

Estas son las minucias con las que se maneja  el círculo cerrado del gobernador.

Por cosas así de sencillas han terminado destituidos o en la cárcel algunos funcionarios públicos.

García Castellanos sirvió cuando lo necesitaban pero una vez exprimido lo botaron como a cualquier pedazo de ciezo, sin su legítimo derecho a que le paguen su trabajo.

Pero otra perlita, Domínguez autorizó al nuevo contratista, el de los tres meses por 24 millones, el ex convicto de Pereira, para que utilice los equipos de edición, propiedad de la gobernación, para su uso particular.

Este entorno vicioso y hostil es el que tiene el señor gobernador en alta estima y como cerrojo infranqueable. Algo pasa pero esto no es como mínimo ni serio, ni  irresponsable  y a lo mejor delictuoso. El día del juicio final, no quepa la menor duda que el secretario privado saldrá corriendo y dejará el barco a la deriva para que se hunda sin importarle un pito.

Recordamos el cuento reciente de que “ya le arreglé con mi pariente lo de  la Procuraduría”.

El gobernador está ad portas de una determinación que lastimosamente podría no ser favorable.