1 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Mintransporte y director de Invías, sepultureros del Río Magdalena

10 de mayo de 2011
10 de mayo de 2011

El Ministro llegó con altas credenciales pero para lo único que han servido es para generar desconfianza y escepticismo ante la ciudadanía porque frente a la terrible temporada invernal que destroza a Colombia, es poca la eficiencia de su gestión. Todo lo que alcanza a mostrarse, en un mar de contradicciones y eventuales irregularidades, es por cuenta de los gobernadores y operadores privados, amén de los esfuerzos que se realizan desde Colombia Humanitaria. Del Ministro de Transporte se sabe que se la pasa paseando por los sitios en emergencia, pero no más.

Del Director General de Invías esperaba, sinceramente, más resultados en beneficio del país y de la región de la que es oriundo. Sin embargo, hoy todo lo que más se comenta de él es un posible desorden en la contratación de las nóminas del instituto que le significaría a la entidad un detrimento patrimonial del orden de los 7 mil millones de pesos.

Probablemente ambos funcionarios sean incapaces o no tengan la inclinación inmoral y antiética para robarse un peso, pero parece que lo que sí les está faltando en demasía es olfato político, sintonía con el programa presidencial, capacidad gerencial y sensibilidad frente al significado que tiene para el país el sostenimiento y desarrollo de posibilidades respecto de ese maravilloso universo fluvial que representa el Río Magdalena, cuyas perspectivas y potencialidades le han permitido al Presidente Juan Manuel Santos Calderón comprometerse en un proyecto que demanda una inversión de los 750 millones de dólares.

Por iniciativa de los Constituyentes de 1991, en la nueva carta política colombiana quedó establecida la creación de la Corporación Autónoma Regional para la cuenca del Río Grande de la Magdalena, Cormagdalena, llamada a liderar la ejecución de los proyectos identificados por iniciativa propia y en particular aquellos que visione la Presidencia de la República.

A pesar de diversos y reiterados compromisos presidenciales y ministeriales, a Cormagdalena no la han dejado funcionar ni operar en el marco de las condiciones técnicas que deben signar su rumbo, sino al vaivén de intereses contractuales de ciertos altos miembros del Gobierno Central y de no escasas pretensiones burocráticas. Creíamos que la nueva administración nacional podría mover un perfil distinto, pero el correr de los días nos viene demostrando que Cormagdalena les quedó grande al Ministro de Transporte y al Director de Invías, este último designado como delegado presidencial en la Junta de la entidad para colmo de males.

Los últimos meses de Cormagdalena han sido un verdadero viacrucis para el actual director de la Corporación, doctor Juan Gonzalo Botero, quien elegido por méritos profesionales y no por injerencias politiqueras. Todo porque no le cayó en gracia al Ministro Cardona, quien en lugar de catapultar al éxito la gestión del ejecutivo lo único que ha hecho es malograrla y obstaculizarla, al punto que están represados proyectos del orden de los 70 mil millones de pesos y va rumbo al fracaso la megaobra de recuperación anunciada por el Presidente Santos.

La última injusticia que cometieron el Ministro y el delegado presidencial en Cormagdalena, fue abandonar el acompañamiento en el Congreso de la República para que la entidad contara con recursos de las regalías directas y pudiera financiar sus planes grandes, medianos y pequeños. Eso se frustró la semana pasada en la Cámara de Representantes, luego de que el Senado aprobara ese artículo por iniciativa mía en la plenaria de la corporación.

Realmente es muy lamentable lo que ha ocurrido y ocurre con el Río Magdalena. Desde su punto de nacimiento hasta la desembocadura en Barranquilla está condenado al desastre con la firma del Ministro Cardona y el Director de Invías Rosado Zuñiga. Si el Presidente Santos no interviene para reversar un tren de atropellos y arbitrariedades, el Río Magdalena no podrá participar en las locomotoras de la prosperidad nacional y por el contrario morirá por cuenta de dos sepultureros de lujo: El Ministro de Transporte y el Director General de Invías, que deberían ser trasladados a gerenciar los Jardines de la Eternidad del Sector Público Nacional.