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Leonardo Favio: Otro grande que se nos fue

23 de mayo de 2011

jose miguel alzate También se fue otro argentino inmortal: Sandro. Este cantante cautivo al público latinoamericano con sus temas musicales donde se revela una voz apasionada, que le imprime a sus canciones un estilo interpretativo que se queda en el alma. Y también se nos fue Rodolfo Aycardi, el colombiano que pasaba de la balada a la música bailable con gran facilidad. Y Rocío Durcal, la mujer que le aportó a las canciones de Juan Gabriel calidad interpretativa.

El lunes 5 de noviembre los medios de comunicación informaron sobre la muerte de Leonardo Favio, otro argentino que conquistó a los jóvenes de la década del setenta con sus canciones que hablan de amor y soledad, de entrega y tristeza, de veranos y madrugadas. En un hospital de Buenos Aires dejó de existir este grande de la música romántica, después de soportar durante algunos meses una penosa enfermedad. Y se nos fue así, sencillamente, sin esperar una despedida, llevándose el cariño de una generación que encontró en sus temas musicales la interpretación de sus propios sentimientos. Leonardo Favio se nos fue dejándonos en el alma un vacío. El vacío de un grande que llenó con sus canciones nuestra existencia.

¿Por qué logró trascender Leonardo Favio? Porque fue un compositor original, revelador de verdades amorosas, que llevó a sus canciones el eco lejano de la sonrisa que ilumina el rostro cuando, mientras se está en el interior de un bar, se admira una mujer que, al cruzar la calle, deja a su paso una aureola de belleza. Un interprete que habló de las cosas del amor tomando como inspiración a una linda chica que ve cuando camina hacia la estación, mientras él sube y ella baja, a quien se le acerca para preguntarle si la puede acompañar. Un cantante que narra en su voz la historia de un niño que ve, impotente, cómo un canario muere en su jaula sin que pueda salvarle la vida. Tiene que trascender un hombre que transformó en música sus experiencias románticas.  

La voz de Leonardo Favio se caracterizaba por sus ricas tonalidades. Y también por su acento impregnado de lamentaciones. Un hombre que cantaba con tono nostálgico ese inolvidable éxito llamado Ella, ella ya me olvido, para contarle al público que la recuerda ahora, era un ser humano con el sentimiento a flor de piel. Se advertía en sus canciones ese romanticismo que hizo florecer noviazgos cuando cantaba que cortó una flor mientras esperando a su amor llovía y llovía. O cuando le dice a la amada que rescate la foto del carnet para que lo lleve siempre en el recuerdo. O cuando recuerda a esa mujer que “era como la primavera”. O cuando dice que al lado de la amada se olvidan las tristezas.

Un hombre que escribe frases tan expresivas como “quisiera contarle al mundo lo que es tenerte la noche entera” es un artista con una sensibilidad fuera de lo común. A Leonardo Favio lo conmovía el viento que besaba las rosas de un jardín lejano, el agua que arratraba hacia un dstino incierto un pequeño barquito de papel, el silencio que llenaba las noches después de un concierto. Tenía, como pocos compositores, la fuerza para expresar con notas musicales sus desencantos y sus alegrías, sus tristezas y sus angustias, sus emociones y sus pesares. En su vasta obra musical se advierten sus estados de ánimo. Porque mientras en una canción dice “Mi tristeza es mía y nada más”, en otra recobra la alegría cuando canta: “Quiero aprender de memoria con mi boca tu cuerpo muchacha de abril”.

Leonardo Favio engolaba la voz para darle tonalidades exquisitas cuando quería cantar sobre el amor, sobre los sueños, sobre la tristeza, sobre la mujer y sobre la soledad. Elaboró sus canciones con lo cotidiano. Llevó a sus letras los momentos plenos del amor correspondido cuando canta: “Recuerdo que una tarde descubrí que tu pelo olía como huele la flor de un limonero”. O la indecisión de la mujer frente a quien le ofrece amor cuando dice: “No juegues más, mi amor, no juegues más, el hilo del amor se cortará”. Leonardo Favio le cantó “al milagro de saber que se quiere”. Al hombre que, por culpa de un desamor, se le convierte la vida en un camino lleno de espinas. Al ser humano que se vuelve loco por el amor de una mujer. Descanse en paz, maestro. Sus admiradores seguiremos entonando, en cualquier reunión, esas canciones con las que despertamos al amor.

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