6 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El complejo de los intocables

15 de mayo de 2011
15 de mayo de 2011

Son negociantes de la amistad porque sólo les interesa manipular a sus cercanos para hacerse a sus favores y en la medida que surge el disenso de inmediato entran en cólera y quieren que se les respete cuando solo son traficantes  del oportunismo.

El derecho a disentir y a formular discrepancias no puede hipotecarse por el prurito de que los intocables hayan obtenido   ascenso social o poder con  ligadura indefectible a sus fortunas.

Quieren que todo se les consulte y cualquier mínima disgresión en contra de sus intereses particularísimos excomulgan, patean y babosean.

El complejo de inferioridad es de consuno parte del elitismo de los intocables. Para tener estatura integral se debe hacer un recorrido cauteloso por los senderos de la decencia y el respeto se gana no por embadurnarse de pachulí.

Piden respeto pero lo  niegan incluso a quienes les han servido porque no conocen la gratitud.

Confunden cercanía o amistad con dependencia de esclavos y  se vuelven energúmenos cuando sienten que alguien con independencia cuenta verdades  justas.

Manosean a los amigos para catapultarse en sus pretensiones personales y se sienten dueños incluso del pensamiento de los demás.

Esos son los acomplejados intocables. Megalómanos, quieren todo, no desean tener vecinos, el poder lo amasan  en todas partes, en lo político, social, económico y cuando por acaso alguien suele en arrojo suicida confrontarlos la pira pública y la demencial censura les arroba.

Nada que no sea para sus beneficios les parece bien. Todos tienen que actuar de concordancia con ellos y sus deseos de llenarse los bolsillos a costa de lo que sea no tiene límites.

El comité de gremios, las cajas de compensación, la cámara del comercio, la gobernación, la alcaldía, la iglesia, etc ,  deben marcharles para que sus apetencias y  negocios suban como espuma y vaya que exista algo que les importune para saber con qué iracundia los insultan.

Nada les importa distinto a sus apetencias económicas.

Un día cualquiera como todos los mortales bajarán a la tumba llenos de riquezas que dejarán en esta vil tierra como testimonio de su pobreza y de un complejo de inferioridad que no les permitirá codearse con los otros difuntos porque la estratosfera les quedará pequeña.